Las 5 de Tim Burton
| El incomprendido que decidió crear su propio mundo de fantasía

El creador de los sueños y las pesadillas de toda una generación cumple hoy 62 años, y para celebrarlo, repasamos algunas de las películas más representativas de su carrera.

«Un día dije que no podía dibujar de la manera en la que estaba establecido, de modo que decidí empezar a dibujar del modo en el que yo siempre dibujaba, fue realmente un momento de expansión mental». Así explicó nuestro protagonista de hoy en una entrevista cómo fue despedido de Disney la primera vez que fue contratado allí. Él es Tim Burton, alguien que siempre ha pensado de una manera distinta a los demás, como todo genio, desde su particular prisma para ver el mundo que le ha hecho confeccionar un estilo propio fácil de identificar, que él siempre niega que exista. «Yo no tomo conscientemente decisiones del tipo: he hecho esto, y voy a añadir esto como referencia ahí. Las cosas con las que has crecido y el modo de ver la vida persisten en ti por mucho que las quieras dejar fuera a veces». A pesar de que, tal vez, las nuevas generaciones no lo conozcan, su universo gótico lleno de monstruos e inadaptados —a veces siendo lo mismo en sus películas— le hicieron ganar el favor y las simpatías del público de los 80 y los 90, junto con el que sería su inquebrantable compañero durante gran parte de su filmografía: Johnny Depp. Hoy, el día de su 62 cumpleaños, desde La Ciclotimia hemos decidido realizar un repaso a su carrera.

Timothy Walter Burton nació en Burbank, California, un 25 de agosto de 1958. Mientras otros niños de su edad jugaban con el balón e iban por ahí con sus bicicletas, Tim creció viendo películas de terror de serie B y paseando por el cementerio que se encontraba al lado de su casa, fantaseando sobre la vida que llevaría aquel hombre «tenebroso» que cavaba tumbas. Sin duda, vivencias que le influenciaron en lo que poco después se convertiría en una de sus grandes pasiones: el dibujo. La adolescencia también fue dura para el señor Burton, en el que se sentía solo e incomprendido, con gran dificultad para conectar con los demás —de aquella época, según él, proviene la creación del personaje de Eduardo Manostijeras, fruto de ese estado depresivo en el que se encontraba—. En esa adolescencia, cuando tan solo tenía 14 años, es cuando su talento como dibujante saltó a la luz tras ganar un concurso para publicitar una compañía de recogida de basuras, triunfo que a los pocos años le llevó a matricularse en la California Institute of the Arts, una escuela de artes cinematográficas dirigida por la compañía Disney. De ahí saltó a trabajar como animador para la factoría —Vincent (1982), su corto que sirvió como trabajo de fin de carrera tuvo una estupenda acogida por parte de la crítica—, donde al poco tiempo se dio cuenta de que no era su lugar, hecho que le llevó a replantearse su amor por la animación y dirigir lo que sería su primera película: La gran aventura de Pee-Wee (1985).

A lo largo de su filmografía ha sido capaz de crear un mundo propio, pasando de los monstruos clásicos a nuevas bestias a las que él mismo daba vida propia. Fue una de las primeras figuras que desarrolló el vocabulario cinematográfico del cine de superhéroes moderno y, también, la persona que le dio nuevo valor a la animación stop-motion —a pesar de ser el creador del popular Jack Skellington de Pesadilla antes de Navidad (Henry Sellick, 1993), y en contra de lo que la mayoría de la gente cree, no dirigió la película, solo la produjo—. Hoy en día vive en Londres junto a su pareja —la famosísima actriz Helena Bonham-Carter— y sus dos hijos, donde dice que se siente «extraño», como en casa, vamos. Y para homenajearle, hemos elegido 5 de sus obras más representativas. Allá vamos.

1. Bitelchús (1988): la primera película de su universo

Michael Keaton como un terrorífico y a la vez desternillante villano de la película de su mismo nombre.

Con perdón de La gran aventura de Pee-Wee, esta es la primera incursión en su particular mundo de sombras y tinieblas. Siempre con el tono de humor tan particular de la época, y más viniendo de una película de fantasmas —la denominada comedía de terror que es visible en otros grandes clásicos como son La Familia Addams (Barry Sonnenfeld, 1991) o Casper (Brad Silberling, 1995)—, y protagonizada por unos jovencísimos Alec Baldwin y Geena Davis —con una aún más joven Winona Rider—, nos cuenta la historia de una pareja que muere de manera imprevista, pasando así a convertirse en los fantasmas que habitan la vieja mansión en la que vivían. Para ahuyentar a los nuevos inquilinos, piden ayuda a un misterioso monstruo llamado Bitelchús, encarnado por un alocado —como otros personajes habituales en la filmografía de Burton— Michael Keaton. Una película icónica que trata sobre la muerte y la memoria de los muertos de una manera entrañable, que choca mucho con el, a veces, excesivo realismo del que está repleto el cine actual. El uso del stop motion, la ambientación gótica e, incluso, la presencia de maquetas de casas —gran parte de las películas de Burton, al menos las primeras, comienzan con un plano aéreo de la ciudad en la que se ambienta la película, muchas veces hecha por maquetas que hacen que la experiencia sea más tangible— hacen que nos quede claro todo lo que vendría después. Una pena que narrativamente la película sepa a poco.

2. Batman (1989): un caballero oscuro muy luminoso

Batman junto a su amada Vicki Vale, interpretada por Kim Basinger.

Podemos decir que esta Batman fue la madre de lo que hoy en día conocemos como el género de superhéroes. Muy alejado de esa figura oscura y llena de fantasmas del pasado que comenzó con Christopher Nolan y Christian Bale y que después siguió Ben Affleck, este Batman bebe de los clásicos de aventuras para mostrarnos una película para toda la familia, trepidante y disfrutable, que nos hace olvidar el ya tan cansino sentido del humor infantiloide de las películas de Marvel. Además, nos muestra otro detalle más en la línea de las películas de la época: cintas —y en este caso superhéroes— que se toman muy poco en serio a sí mismos —ejemplo de ello es la escena en el que el Joker de Jack Nicholson entra junto a su séquito al museo al ritmo de Prince—. En todo esto, la película no pierde la esencia Burton, ya que el diseño de Gotham —con ese aspecto oscuro y gótico— y la banda sonora de Danny Elfman, nos dejan claro quién está detrás de las cámaras.

3. Eduardo Manostijeras (1990): la obra cumbre sobre la magia de lo diferente

Esta fue la primera colaboración con su inseparable actor fetiche, Johnny Depp.

Una de las pocas obras de Tim Burton en las que él mismo es el guionista, esta película puede que sea la mejor película del director. Burton siempre nos ha demostrado ser un director que cuida mucho la estética y lo visual, pero en este caso se nota que aparte de todas sus «movidas» nos quiere contar una historia de verdad. Eduardo —encarnado por un siempre carismático Johnny Depp, trabajo que le valió la nominación al Globo de Oro— representa toda la soledad que sufrió Burton en su adolescencia, las dificultades de hacer frente a lo socialmente establecido y a las ataduras de lo aceptado siendo alguien que piensa distinto a los demás, un «extraterrestre». Una de las cosas que mejor hace Eduardo Manostijeras es representar la fascinación inicial de la sociedad por lo diferente, por lo que les saca de la rutina, y como cuándo esta fase inicial pasa, eso que es excitante en un principio se vuelve algo odiado, desterrado, vuelta al cajón de los recuerdos. Una obra maestra incuestionable.

4. Ed Wood (1994): la oda a los monstruos tradicionales

Johnny Depp encarnando a Ed Wood junto a su querido Bela Lugosi, con Martin Landau en el papel.

Todo comienza con un Jeffrey Jones al más puro estilo Javier Gurruchaga introduciéndonos todo lo que va a venir a continuación: un festín de terror clásico, monstruos, travestis y viejas glorias. Esta especie de biopic en honor al mito de la serie B Edward D. Wood Jr., rodada en blanco y negro, pone sobre la pantalla todo el universo de Tim Burton. Muchas han sido las publicaciones explicando la inspiración de Burton en el expresionismo alemán, aquella corriente que bebe del psicoanálisis, y que juega con las ensoñaciones y lo irreal, y esta es la película que mejor refleja esto: el uso de las sombras y las siluetas —incluso, a pesar del blanco y negro— para aportar la sensación de tensión y terror o los contrastes de colores en los paisajes, que a pesar de no ser tan visibles en esta obra, sí se puede ver en otras como Eduardo Manostijeras o Big Eyes (2014). La particular inocencia y el espíritu optimista que emana la película es otra marca de la casa Burton. Sin embargo, la película acaba siendo una secuencia de gags que afectan a la fluidez de la historia que se quiere contar, acabando un poco en tierra de nadie.

5. Big Eyes (2014): la adoración de Burton por los ojos

Amy Adams protagoniza esta historia basada en hechos reales junto a Christoph Waltz.

«Siempre me han fascinado las personas con ojos expresivos» confesó Burton en una entrevista. Esta puede ser la razón de su fascinación por intérpretes como Winona Rider o su actual pareja, Helena Bonham-Carter, actrices con grandes e hipnóticos ojos. En esta película nos cuenta la historia de Margaret Keane, una pintora que se volvió popular por pintar niños con ojos grandes, pero para conseguir mayor repercusión, decide, junto a su esposo, firmarlos a nombre de él. Esta película fue el retorno de Tim Burton al cine más adulto desde Big Fish (2003), y un acercamiento interesante a un tono más dramático al contar una historia real. La fascinante estética —con los indudables detalles que aporta el trabajo de Tim Burton como director— y el inmejorable trabajo de la siempre deslumbrante Amy Adams, quedan ensombrecidos por un pasadísimo Christoph Waltz y un desbocado acto final. Sin embargo, sigue siendo una película que desborda personalidad.

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5


Artículo perteneciente a la serie: GRANDES CINEASTAS   



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Texto de Mikel Viles | © laCiclotimia.com | 25 agosto, 2020
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Texto de Mikel Viles
© laCiclotimia.com | 25 agosto, 2020

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