Star Trek
| Filosofía materialista y la idea de imperio generador

Estados Unidos, 1966-1969 | Título original: Star Trek | Género: Serie de TV, Ciencia ficción | Productora: Emitida por National Broadcasting Company (NBC) | Fotografía: Gerald Perry Finnerman, Al Francis, William E. Snyder | Reparto: William Shatner, Leonard Nimoy, DeForest Kelley, Grace Lee Whitney, James Doohan, George Takei, Nichelle Nichols, Walter Koenig, Majel Barrett | Disponible en:  Netflix  

Estados Unidos, 1966-1969 | Creación: Gene Roddenberry | Título original: Star Trek | Género: Serie de TV, Ciencia ficción | Productora: Emitida por National Broadcasting Company (NBC) | Fotografía: Gerald Perry Finnerman, Al Francis, William E. Snyder | Reparto: William Shatner, Leonard Nimoy, DeForest Kelley, Grace Lee Whitney, James Doohan, George Takei, Nichelle Nichols, Walter Koenig, Majel Barrett

«Star Trek» supuso la llegada de la ciencia ficción a la pequeña pantalla, y con ella Gene Roddenberry se atrevió a llevar la filosofía materialista al espacio. La mítica serie habla de ciencia pero también de política, historia e inclusividad.

«Cuando eliminas lo imposible, lo que queda, aunque improbable, debe ser la verdad». Leonard Nimoy

Como punto de partida podríamos tomar todas las consideraciones, leyes y códigos éticos que la Flota Estelar (Federación de Planetas Unidos) recoge en sus principios. No obstante, esta frase pronunciada por Leonard Nimoy recoge buena parte de la filosofía contenida en Star Trek: eliminar toda condición ficticia para acercar la ciencia lo máximo posible a la realidad.

Por otro lado, entendemos como filosofía materialista aquella que concede a la realidad todas las condiciones necesarias y materiales para que la vida siga su curso, sin el precursor idealista de un ente abstracto (alejado del mundo sensible, en términos platónicos). Platón distinguió entre el mundo sensible (real) y el ideal, alejado del humano. Aristóteles trató de explicar bajo una perspectiva materialista el concepto de Dios, del alma y la naturaleza, dejando a un lado aquel «mundo ideal». Aquí daría comienzo el principio materialista y el comienzo de la ciencia tal y como la entendemos hoy en día.

Para que la verdadera ciencia avance (decimos verdadera puesto que no posee dogmas) es necesario que se sigan generando dudas y no dar por sentado ningún concepto —planteamiento que lleva a cuestionarse la racionalidad de la vida—. Tal concepto impregna tanto el guion de la saga, que en la nueva serie sobre Picard (que trae de vuelta a Patrick Stewart a Star Trek) vemos a uno de los personajes leyendo Del Sentimiento trágico de la vida (1912), de Miguel de Unamuno.

Gene Roddenberry, creador de Star Trek.

«La verdadera ciencia enseña, sobre todo, a dudar y a ser ignorante». Miguel de Unamuno

Dejando a un lado los posibles comicios que pudieron tener la filosofía y la ciencia, en Star Trek nos encontramos con que la Tierra ha sufrido un daño primordial irrecuperable en forma de guerra y falta de recursos (que no se explica en las últimas secuelas) y donde ya se ha entrado en contacto con el mundo exterior, por fin conociendo nuevas formas de vida (El fin de la infancia, como mencionaría Arthur C. Clarke). Claro que para los filósofos materialistas, la historia de la humanidad giraría entorno a la confrontación y a la discordia (teoría desarrollada por Karl Marx), dado que los mayores avances científicos y tecnológicos provienen de hazañas bélicas —y por tanto un desarrollo mayor de la cultura—.

A pesar de todas las dificultades económicas que tuvo la serie no hay que olvidar que la pretensión de sus enseñanzas superaba a la ficción que se encuentra detrás de la pantalla.

Siguiendo con la explicación del enunciado, «la idea de imperio generador», desarrollada por Gustavo Bueno, vendría a ser aquel imperio que no busca la destrucción fuera de sus regiones, si no la inmersión de otras regiones en el mismo (universalismo que habría desarrollado Alejandro Magno, cuya idea subyacería en Roma, que aceptaba la inclusión imperial siempre que aceptaran el ideal de Roma, en el Imperio Español, donde se promulgó la ley de indias, y hasta en la URSS, donde se absorbieron multitud de culturas diferentes entorno a un gobierno común). La primera característica de este concepto convierte a aquellas sociedades colonizadas en sociedades de pleno derecho y situadas al mismo nivel que cualquier ciudadano de la Federación.

Como contrapartida tenemos aquellos imperios que, además de extraer (robar, dicho malamente) los recursos económicos, también buscan la destrucción y el desarrollo político de su adversario en caso necesario. Ejemplos de ellos serían los imperios holandés e inglés y sus tratos respectivamente en Indonesia y la India, por ejemplo, donde no hubo ninguna ley de promulgación de derechos ni trato inclusivo.

Alejandro Magno.

En el universo creado por Gene Roddenberry nos encontramos una Federación de Planetas unidos bajo el mismo idioma, con multitud de razas diferentes, sin importar una más que otra, cuyo objetivo es, al igual que el de Alejandro Magno, universalista: explorar los confines inexplorados para con ellos hacer avanzar a la ciencia.

La Federación de Planetas Unidos sigue una serie de directivas —que funcionan en forma de constitución— entre las cuales, promulga la primera: «El derecho de cada ser vivo de vivir en concordancia con su normal evolución cultural, ningún personal de la Flota Estelar interferirá en el sano y normal desarrollo de la vida y cultura alienígena». Siguiendo los principios materialistas, interferir en su transcurro normal desarrollaría una anomalía en el uso de sus conocimientos, conflictos internos, y la interrupción al derecho natural de la vida. Por lo que la Flota Estelar busca el desarrollo y la cooperación mutua a un nivel expansionista, no destructivo, por lo que se trata de un Imperio generador.

Uno de los pilares básicos del Universo Star Trek es la lógica —la lógica entendida como ciencia— donde cada acción implica una respuesta de igual carácter ante cualquier situación planteada (ilustrando con un ejemplo: si un x-wing pelea frente a una estación espacial de tamaño planetario, muy probablemente, fracase). Los sucesos se explicarían por medio de la lógica, y ninguna fuerza o ente extradimensional sería responsable de cualquier acontecimiento: concepto que encaja con la filosofía materialista promulgada por Aristóteles. Nada más y nada menos que esta suposición explica la enorme diferencia con —la mal comparada saga, ya que sus propósitos son diferentes— Star Wars.

Primera tripulación de la U.S.S. Enterprise.

«La necesidad de la mayoría pesa más que la necesidad de unos pocos». Spock (Star Trek II: La ira de Khan).

Siguiendo los tintes de la filosofía aristotélica, Spock promulgaba estas palabras al final de la cinta Star Trek II: La ira de Khan (Nicholas Meyer, 1982), sacrificándose en aras de proteger a la mayoría, máxima de la filosofía aristotélica y su concepción del «gobierno de los muchos» donde un sacrificio individual —y lógico— sería virtuoso si con él se asegurara el resto de las vidas pertenecientes a la comunidad. Para Aristóteles, una vida feliz consistiría en vivir acorde a una ética basada en la virtud, que no bastaría con la teoría, sino con el ejemplo.

Star Trek fue creada en 1966, en plena Guerra Fría y con muchas heridas aún por resolver en el mundo entero. Sin embargo, el equipo de a bordo de la U.S.S Enterprise se componía de miembros de diferentes lugares, aceptando la diversidad multicultural: un japonés, una afroamericana, un irlandés y un extraterrestre. Los guiones de Star Trek ya aceptaban la inclusividad entres sus personajes mucho antes que muchas otras sagas —de ficción y no ficción— accedieran a ello, y no lo hizo por  subirse al carro de la moda, si no porque verdaderamente sería lógico que la humanidad superase esas barreras que nos separan más que nos unen.

A pesar de todas las dificultades económicas que tuvo la serie —sobre todo al principio, cerca del origen de su creación— no hay que olvidar que la pretensión de sus enseñanzas superaba a la ficción que se encuentra detrás de la pantalla. Y todo sea dicho, su objetivo fue cumplido: Star Trek impulsó la ciencia ficción en la pequeña pantalla y fue fuente de inspiración de muchas otras sagas que vinieron después.

Larga vida y prosperidad.

«La vida es como un jardín. Se puede tener momentos perfectos, pero no conservarlos, solo en la memoria». Leonard Nimoy, en la publicación de su último tuit antes de fallecer.




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Texto de Adolfo M. Rodríguez | © laCiclotimia.com | 31 agosto, 2020
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Texto de Adolfo M. Rodríguez
© laCiclotimia.com | 31 agosto, 2020

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