Sobre Akira Kurosawa y Ghost of Tsushima
| El octavo samurái

Sucker Punch despliega su gran calidad desarrollando videojuegos y ofrece una aventura de acción y exploración de altura inspirada en el cine de uno de los maestros del séptimo arte: Akira Kurosawa.

El 23 de marzo de 1910 fue un día normal para el mundo. El sol salía y se ocultaba como tantas otras veces había hecho. Todo transcurría con total cotidianidad. No sería hasta 3 décadas más tarde cuando la humanidad sería conocedora de que aquel sencillo día había llegado al mundo alguien que marcaría un antes y un después en el séptimo arte: Akira Kurosawa.

Kurosawa nació en una familia bastante bien asentada la cual, además, era descendiente de una línea de antiguos samuráis. Fue el séptimo hijo de la pareja formada por Isamu y Shima Kurosawa, pero aún así no le faltó de nada. Su madre provenía de una familia de comerciantes y su padre era director de un instituto del ejército japonés. Desde muy joven, el pequeño Akira se había interesado por la cultura occidental, algo que en los años venideros le traería más disgustos que alegrías ya que, durante los primeros compases de su carrera, la aceptación en el territorio nipón de cintas tan poco convencionales para la época era muy baja.

La obra del cineasta no solo ha embelesado a otros directores, sino que su carisma, carácter y forma tan particular de narrar ha llegado a influir profundamente a autores de un medio, podríamos decir, medio-hermano: los videojuegos. Concretamente, en este artículo se va a indagar en el cómo y en el porqué de estas influencias en la última gran obra de los americanos Sucker Punch y último gran exclusivo de la compañía nipona Sony para su PS4: Ghost of Tsushima.

A la izquierda, un fotograma de La fortaleza escondida (1958), enfrentado a una captura de un duelo en Ghost of Tsushima.

La historia gira en torno a Jin Sakai, último heredero del clan Sakai, que se ve envuelto en la invasión de su tierra natal por parte de un imperio mongol comandado por Khotun Kan —primo ficticio del quinto y último gran Kan y nieto del archiconocido Gengis Kan—. Ya en el mismo comienzo de la aventura y debido al rapto de su tío —el señor Shimura— por parte de los invasores, Jin se va a ver obligado a elegir entre confrontar al enemigo como un verdadero samurái o, por el contrario, romper las más básicas doctrinas del bushido —ganándose así el apodo de Fantasma— y, a costa de todo, lograr salvar tanto a su único familiar vivo como al resto de habitantes de la isla de Tsushima. El conflicto interno que genera en el protagonista este hecho va a ser uno de los principales motores de la trama de este título.

Sin lugar a dudas, aparte de las múltiples referencias a la obra de Kurosawa, las cuales se comentarán más adelante, el núcleo de la historia de este Ghost of Tsushima recuerda a las clásicas fábulas de samuráis, en las que sus protagonistas lo arriesgaban todo, incluso en ocasiones su propio honor, para poder así proteger la tierra y las gentes a las que habían jurado mantener a salvo.

La larga trayectoria del cineasta nipón ha servido de fuente de inspiración para muchas de las situaciones, diálogos y encuadres de los que Ghost of Tsushima hace gala.

La representación del carácter de muchos de los habitantes que pueblan la isla está claramente inspirada en el concepto de la humanidad que Kurosawa pretende transmitir con Rashōmon (1950): el ser humano es egoísta y mentiroso. Todo el mundo se aprovecha del prójimo para sacar tajada y nadie es completamente sincero hasta que se le pone contra las cuerdas. Esto, por otro lado, también representa la crudeza de la guerra, en la que los oprimidos van a intentar por todos los medios salir con vida de la situación y los más favorecidos van a procurar adquirir aún más riquezas, aprovechándose y pisoteando sin miramientos a cualquiera que se encuentre en su camino

Pero, sin duda alguna, esta no es la única referencia que vamos a ver del cine del maestro Kurosawa en este título. La larga trayectoria del cineasta —desde sus inicios en 1943 con La leyenda del gran judo hasta su última obra en 1993: Madadayo— ha servido de fuente de inspiración para muchas de las situaciones, diálogos y encuadres de los que Ghost of Tsushima hace gala. Algunos ejemplos para ilustrar este hecho provienen de cintas tan reconocidas del cineasta nipón como Los siete samuráis (1954), película que inspiró a Los siete magníficos (John Sturges, 1960) y su posterior remake en 2016; o La fortaleza escondida (1958), la cual ha servido también para dar forma a la archiconocida saga de películas creada por George Lucas: Star Wars. Como curiosidad añadida, comentar que Toshirō Mifune, protagonista en gran cantidad de cintas de Akira Kurosawa, estuvo entre los posibles candidatos para encarnar al mítico Obi-Wan Kenobi y al carismático Darth Vader.

Una última referencia a comentar es la directa mención al cineasta en un modo de visualización completamente inspirado en la estética de sus películas: el modo Kurosawa. En dicha modalidad el usuario puede disfrutar de una inmersión perfecta en el cine de samuráis del maestro: un blanco y negro idéntico al de sus cintas, un sonido más apagado y comprimido y, por supuesto, una mayor agresividad del viento, el cual, como se comentará posteriormente, era una de las señas de identidad de este genio del cine contemporáneo.

El carácter del propio Jin Sakai bebe en gran parte de la representación idealizada de la condición de samurái en las producciones de Hollywood y leyendas japonesas protagonizadas por esta fuerza militar. Debido a esta segunda inspiración, las similitudes entre el carácter del protagonista y los valores que representa Kurosawa en Los siete samuráis hacen que no resulte descabellado ver la afabilidad de Gorobei —intepretado por Yoshio Inaba— o la inteligencia y saber estar de Kanbei —personaje encarnado por el gran Takashi Shimura—. Todas estas semejanzas junto al firme convencimiento de que la causa por la que está peleando es justa, sin dejarse influenciar por el hecho de que la gente se aproveche en muchas ocasiones de él —tal y como se puede ver en varias misiones secundarias del juego y en el monólogo de Toshirō Mifune en Los siete samuráis— hace que uno no pueda ver a Jin sin recordar este gran filme.

Otro de los personajes cuya importancia en el juego es digna de comentar es Kenji, un mercader de sake con una facilidad pasmosa para enfadar a todo ser viviente que se cruce con él. Dicho personaje está claramente influenciado por Tahei y Matashichi, ambos personajes clave en el transcurso de la trama de La fortaleza escondida. El hecho de que estos personajes tengan en común el rol de alivio cómico, la aparente poca inteligencia y la dependencia que muestran hacia Jin o Rokurota Makabe respectivamente, no está, para nada, dejado a merced del azar.

En los filmes de Kurosawa se puede ver como el cineasta tenía una inclinación muy clara hacia el uso de la naturaleza en sus películas. La aparición de fenómenos naturales como una lluvia incesante o un vendaval arrollador era algo completamente habitual, y el estudio encargado de Ghost of Tsushima ha querido hacer un homenaje a este hecho.

Los más interesados en la cultura del país del sol naciente seréis conocedores de la existencia del bushido y de las siete virtudes que todo guerrero samurái debe seguir y preservar: Gi —Justicia o Rectitud—, Yu —Coraje—, Jin —Compasión—, Rei —Respeto—, Makoto —Honestidad—, Meiyo —Honor— y Chugi —Lealtad—. Puede que parezca una casualidad que el nombre del protagonista de este Ghost of Tsushima coincida con el de una de las siete virtudes expuestas, a menos que se tenga en cuenta el hecho de que dicha virtud define a la perfección el carácter del personaje en cuestión. Este es, sin duda, uno de los detalles más interesantes que Sucker Punch nos ha ido dejando a los jugadores.

Siendo este un juego en su mayor parte de acción, la importancia del combate y su ejecución por parte del estudio americano hace que sea indispensable dedicar unas cuantas líneas al respecto. Sin duda alguna, las influencias de Nioh —sistema de posturas— y de los Assassin’s Creed clásicos —en cuanto al hecho de que los enemigos tiendan a rodearte y atacar con la agresividad relativa a la dificultad que se haya elegido— son algunas de las más visibles. El caso de los duelos es uno de los que están mejor llevados sin lugar a dudas. La tensión que se palpa añadida a la cinemática inicial de cada uno de ellos —que aporta un tono peliculero que le viene de perlas— hacen de estos uno de los grandes atractivos que tiene este título.

Por otro lado, la desarrolladora americana ha decidido incluir una mecánica que le aporta al videojuego un alto grado de espectacularidad en lo que al combate se refiere. Si el jugador se decanta por el uso de las habilidades samurái y pretende confrontar al enemigo frontalmente y con honor, el estudio ha puesto a disposición del usuario la posibilidad de comenzar un enfrentamiento. En dichas modalidades de combate, los reflejos para desenvainar la katana y asestar un mortal golpe al enemigo serán los causantes de inclinar la balanza hacia un lado o hacia el otro.

Hablar de un juego que se desarrolla en el Japón feudal e inspirado en gran medida por el cine de samuráis sin comentar, siquiera, el uso de la naturaleza y la belleza del paisaje como hilo conductor además de la aparición de una banda sonora de ensueño que parece sacada de El último samurái (Edward Zwick, 2003), sería, directamente, una blasfemia.

En los filmes de Kurosawa se puede ver como el cineasta tenía una inclinación muy clara hacia el uso de la naturaleza en sus películas, con todas las virtudes y complicaciones que eso implicaba. La aparición de fenómenos naturales como una lluvia incesante o un vendaval arrollador era algo completamente habitual, y el estudio encargado de Ghost of Tsushima ha querido hacer un homenaje a este hecho. La climatología —lo que incluye la iluminación tan natural que presenta— de la que presume el título es, probablemente, la mejor que se ha visto en un videojuego de ésta índole. El uso del viento como guía para desplazarse por el mapa es directamente magistral.

Por último es menester comentar ligeramente la ya mencionada banda sonora. La inclusión de instrumentos tradicionales japoneses como el shakahachi —flauta tradicional—, el shamisen —guitarra tradicional— o el taiko —tambor japonés— junto con la perfecta composición de temas de los enormes Shigeru UmebayashiLa casa de las dagas voladoras (Zhang Yimou, 2004)— e Ilan EshkeriStardust (Matthew Vaughn, 2007), 47 Ronin (Carl Rinsch, 2013)— hace que la experiencia ya no solo jugable, sino sensorial, sea de las más impresionantes que se han visto en muchos años.

El legado de este maestro del cine aún perdura a día de hoy, y este Ghost of Tsushima es una clara prueba de ello. Estamos ante uno de los mejores videojuegos de temática samurái de todos los tiempos, y no es descabellado decir que vamos a tardar bastante en volver a encontrarnos con algo parecido. Definitivamente el mundo, aquel 23 de marzo de 1910, no supo lo que había ganado.




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Texto de Diego García Miño | © laCiclotimia.com | 9 agosto, 2020
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Texto de Diego García Miño
© laCiclotimia.com | 9 agosto, 2020

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