Sitges ha cumplido
| La organización ha cuidado festival y asistentes

Este texto quiere apreciar todo lo que la celebración del Festival de Sitges ha ofrecido. Todos sabemos quejarnos, pero es bueno y nos hace mejores convivientes saber valorar lo que se nos ha dado. Y el esfuerzo invertido.

Corren tiempos aciagos para la humanidad en general y para los eventos culturales. Pero en Sitges se demuestra que se puede seguir adelante. Con el esfuerzo de muchos y, a poder ser, con la cooperación del público. Sin duda, hay hambre de cultura. De cine, de ficciones que alejen de esta distopía que nos estamos comiendo. Las salas se han llenado cuanto la limitación de aforo permitía, y se sumó la posibilidad de poder comprar pases en línea. Buena adaptación.

La única colleja, no va a ir para quienes han hecho una admirable y titánica labor para que esto marche. Sino para ese pequeño sector de asistentes que quizás no han comprendido todo lo que estaba en juego y han confundido libertad con libertinaje, casi causando tropiezos en un entramado tan cuidado. Pero muy bien sorteados desde los responsables de esta 53 edición del Festival Internacional del Cinema Fantàstic de Catalunya.

La cultura es segura

Al no tratarse de una necesidad primaria de supervivencia fisiológica, es comprensible que lo cultural sea lo primero que se ampute cuando hay una emergencia que la maltratada sanidad pública no puede absorber. Y la cosa va a ir a más con esta gangrena económica que es el coronavirus.

No estaríamos viviéndolo así si en el pasado no se hubiera metido tijeretazo a ciegas en lo sanitario, pero también, y no menos importante, en Educación. Así, con mayúsculas. Y no hablamos únicamente de formación, no. Sino de valores como el hacer piña y el respeto a unas normas de convivencia. Valores en cuya ausencia se hacen cosas como recortar en Sanidad y Educación. El pez que se muerde la cola.

Valores que el festival sí ha tenido en cuenta…. pero no algunos asistentes, haciendo peligrar el trabajo y compromiso de muchas personas que han podido ver, con impotencia, como algunos viven en el convencimiento de que las cosas «nunca me van a pasar a mí» y creyendo que sus actos no tienen consecuencias.

La higiene por delante de todo

Se han dispuesto litros y litros de geles. Y el personal ha revisado que se hiciera uso de ellos. Constantemente se estaban realizando tareas de higienización de baños y salas. Los trabajadores del festival han seguido repartiendo —esta vez, con guantes— esos tesoros que son sus típicos periódicos del evento, llenos de recomendaciones, entrevistas y hasta playlists de música por temáticas de las jornadas.

Cumpliendo una serie de normas a rajatabla, haciendo sacrificios (reducción de aforo también en el número de tenderetes de venta de productos de ocio y puestos de comida), pero también, reinventándose, cambiando ubicaciones, recortando horarios cuando las fases del estado de alarma se han tornado más estrictas…Incluso quitando los últimos pases si se nos venía encima un toque de queda. Mutando sobre la marcha, siempre para extremar la cautela, se ha podido celebrar el evento completo. Y se ha llegado hasta el final con bastante dignidad y por su propio pie.

Además, todo ha facilitado que se hiciera una debida cobertura informativa, con entrevistas, ruedas de prensa, presentaciones de libros, photocalls, incluso mantener las alfombras rojas —véanse las presentes en La Ciclotimia—. Y lo más importante: una avalancha de películas. Aún tenemos montones por analizar.

Un aplauso a los miembros de dirección, promoción, personal organizativo y demás profesionales y voluntarios que han protegido, mimado y levantado este 53 Festival Internacional del Cinema Fantàstic de Catalunya.

«Queremos que el gobierno se ocupe paternalistamente de nosotros. Y no puede ser». Juanma Bajo Ulloa en entrevista para La Ciclotimia.

Decíamos que el festival ha aplicado esos valores de respeto a una convivencia salubre que prevenga la expansión del virus, pero no todo el público ha contribuido. Me refiero a esos adultos que han permitido a sus descendientes menores apiñarse, arrimados a la alfombra roja, cegados por el brillo de sus estrellas favoritas. Cabe reconocer la mano izquierda y el respeto con que el personal de seguridad les recordó las normas que impone la pandemia y con qué educación lo gestionaron, teniendo en cuenta que son criaturas que durante largo rato mostraron caso omiso. Y que son menores y no pueden ni deben tocarles. Pero, y ahí viene lo grave: ¿qué tienen en la cabeza sus padres?

No basta con asistir. Ni con pagar. Algunos progenitores estaban igualmente aborregados con los grupos de la chiquillada, y es a ellos a quienes corresponde sensibilizar en unas normas de respeto y de emergencia que permitan a estos eventos sobrevivir. Pero, claro: igual ni ellos las tenían integradas. ¿De verdad es más importante que el fan tenga su foto de Najwa Nimri en el móvil que un funcionamiento de programa dentro de lo higiénico? ¿Prima andar entorpeciendo casi físicamente a los trabajadores de prensa (nos vimos en la tesitura de tener que reclamarles espacio en varias ocasiones pese a la cinta de seguridad que nos separaba y que está ahí puesta para algo)? Por suerte, el equipo de seguridad logró cierta cooperación y pudo dirigir a esas personas más hacia atrás, en un perímetro debidamente vallado.

Pero, fijaos: se han necesitado una intervención y unas vallas. Impedimentos físicos porque hay gente que ni en plena pandemia respeta el espacio interpersonal. Ofreciendo la foto sesgada que le alegra el día a quien quiera perjudicar la reputación de la expresión cultural en Cataluña por puro amarillismo o por política. ¿Tiene que venir seguridad a pedir, por favor, que se cumpla con lo que todos los presentes habíamos pactado?

Lo mismo va para algunos insolidarios con los acomodadores: si se ha decidido dejar un espacio de equis asientos entre espectadores, no importa que sean convivientes, las personas sentadas alrededor deben guardar la misma distancia de su familiar que de ellos. No se puede reducir. Si se ocupa ese asiento que debe estar vacío, se incrementa la proximidad entre los de delante y los de atrás. Y que un trabajador tenga que acercarse a un asistente (u otro espectador) a decirle que se suba la mascarilla porque en cuanto apagan las luces hace lo que le da la gana, es incómodo. A nadie le gusta infantilizar a nadie.

Sin entrar a discutir la relativa eficiencia de las recomendaciones del Estado: son las únicas que tenemos en una pandemia que nos ha pillado a todo el mundo con los pantalones bajados. Menos da una piedra. ¿Tanto nos cuesta cooperar? ¿Preferimos que naufraguen los eventos culturales? ¿De verdad alguien cree necesario llamar a los mossos? Sí, confirmamos que mucha gente no sabe dónde, cuándo y cómo le corresponde estar. Que necesita a papá Estado poniendo orden, como dijo el cineasta alavés. Pero deberíamos dejar de jugar con los límites del respeto en la convivencia, respetar las normas del festival en lugar de recurrir a las instituciones para interceder y justificar su presencia en eventos que estaban ya diseñados para funcionar con autonomía y paz. Algo solamente posible si nos adaptamos a lo que conviene quien nos invita a su casa a disfrutar de la cultura.

Porque todo ha sido estudiado al detalle y nada dejado al azar, solidaricémonos. Pagar una entrada no da barra libre a la mala educación. Que no todos somos adultos, pero los menores presentes, supuestamente, los llevan al lado. Qué pena, de verdad.

Al César, lo que es del César

Alabamos la velocidad en la toma de decisiones de la organización. Previendo que con la llegada de Mario Casas y Miguel Ángel Silvestre se iban a disparar los niveles de histeria fanática, se optó por desplazar los posados de alfombra roja al jardín interior, cuyo acceso requiere acreditación de industria o de prensa. Un entorno mucho más seguro y controlado, sin dejar de estar al aire libre. De nuevo, qué lástima que se tengan que aplicar estas medidas de control por unos pocos muy ruidosos. Pero bien resuelto por parte del festival.

Y es que, además de la tremenda selección de películas —el nivel está más alto cada año—, se ha podido contar, como es habitual, con la presencia de invitados de alto nivel —y no solo a nivel comunitario o nacional—. Ha habido alfombra roja con estrellas que han atraído, ya no a medios cinéfilos, sino incluso de la prensa rosa y chavalada eufórica. Además de los ya mencionados, se ha visto desfilar a Aura Garrido con los Malnazidos (Javier Ruiz Caldera, Alberto de Toro, 2020), a Cristian Gálvez, a un Francesc Orella coreado cálidamente al grito de «Visca en Merlí!»; Álex de la Iglesia con el equipo de 30 Monedas —con un Pepón Nieto haciendo doblete, también en Un efecto óptico (Juan Cavestany, 2020), y Juanma Bajo Ulloa con el de Baby (premio a la Mejor Banda Sonora), incluidas Mafalda Carbonell y Natalia Tena; Kike Maíllo con Athena Strates y Tomasz Kot… Y otros elencos internacionales, como el nutrido grupo de francófonos: de La nuée (La nube) (Just Philippot, 2020), Kandisha (Alexandre Bustillo, Julien Maury, 2020)—directores de Al interior (2007)—, The Last Journey of Paul W. R. (Romain Quirot, 2020), etc. Desde Polonia, representantes de Mosquito State (Filip Jan Rymsza, 2020), incluso desde otros continentes: Ryan Kruger se vino de Ciudad del Cabo y Alex Kahuam desde Los Ángeles. El coronavirus no ha cortado aún todos los canales de circulación. Cuidémoslos.

Los cineastas que no acudieran presencialmente, lo harían por videoconferencia para presentar sus obras. Sitges destaca con ilusión la de David Lynch desenvolviendo su premio honorífico. Y otras como la de la directora y protagonista de She Dies Tomorrow (Amy Seimetz, 2020), o el de agradecimiento de Brandon Cronenberg por sus galardones, han resultado de lo más originales. Un valor añadido.

Pantalla superada

A base de aforos limitados y mucha higiene, se han ido superando los diferentes niveles. Como en un videojuego. Como el Bruce Lee de la proyección que despedía la categoría de Asiático: imponiéndose a cada uno de los adversarios que le aparecen por el camino en Furia Oriental (Fist of Fury) (Lo Wei, 1972). Adaptándose a cada nueva modificación de restricciones que dictasen las instituciones gubernamentales. Como jabatos.

Un aplauso a los miembros de dirección, promoción, personal organizativo y demás profesionales y voluntarios que han protegido, mimado y levantado este 53 Festival Internacional del Cinema Fantàstic de Catalunya. Diez días que gritan que la creatividad no se puede ni se debe frenar. Que cuando estuvimos encerrados —y ojalá no vuelva a ser necesario—, el tedio nos lo aplacaban precisamente las películas, las series y las lecturas, entre otras artes. No lo olvidemos nunca.


Artículo perteneciente a la serie: SITGES FILM FESTIVAL 2020   


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Texto de María José Orellana Ríos | © laCiclotimia.com | 21 octubre, 2020
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Texto de María José Orellana Ríos
© laCiclotimia.com | 21 octubre, 2020

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