Ramón Masats. Visit Spain
| Directo, simple y en inglés

Comisariada por Chema Conesa en coordinación con Mariflor Sanz y Auth Spirit (en su digitalización), esta exposición fotográfica situada en la Tabacalera madrileña es el plato estrella de esta atípica celebración de PHotoESPAÑA.

Así, sin más, se nos presenta esta exposición del fotógrafo catalán, que este año se muestra favorita dentro del enclave de PHotoESPAÑA 2020, una exposición celebrada hasta octubre en el Espacio de Arte de Tabacalera de Madrid (calle Embajadores, 51) y que nos sugiere aquella imagen de Fraga bañándose en la playa de Palomares con su Meyba que veíamos en blanco y negro, como en este modo nos enseña Masats la España que va de 1955 a 1965, tanto en un vídeo del NO-DO franquista de 82 minutos, cortesía de la Filmoteca Nacional, como en una selección de fotografías que para los que somos aficionados al extinto humor negro de según qué miradas, supone algo más que un grato descubrimiento en forma de brote nostálgico.

Visit Spain fue y volvería a ser si quedase algo de imaginación entre nosotros, no solo el lema para acabar con la autarquía de finales de los 40, sino el inicio de la cultura del viaje y la oferta barata que impulsaría en esos años la industria del turismo. Aún por desarrollar la televisión, nuestro protagonista opta por utilizar el medio fotográfico desde la concepción más primigenia de instantánea. Hace falta mucha inteligencia para sorprender así, tanto a los gobernantes que veían en sus imágenes un medio de propaganda, hasta al último y deslumbrado ciudadano. Las nuevas infraestructuras de comunicación y, sobre todo, el boom hotelero hizo que desde el Ministerio de Información y Turismo se impulsase la carrera de Masats en publicaciones como la Gaceta Ilustrada (deudoras de la estética internacional de Paris Match o Life). Fue a su vez activista desde la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, o desde colectivos como La Palangana o AFAL (este último, barcelonés, que pretendía seguir la huella de Catalá Roca), esta exposición viene de resultas de un viaje en su Seat 600 para construir un retrato irónico y personal de los tópicos de la cultura oficial, naciendo así el documento interpretado con una sintaxis fotográfica moderna y propia de un Cartier Bresson español.

En la imagen Discurso de Franco de 1961, el artista tapa la cara del personaje deliberadamente para empequeñecerlo, algo que no necesita hacer, dada la actitud de mansedumbre religiosa en esos dos Asistentes al acto de exaltación del franquismo. En Misa de campaña, disparada en la Casa de Campo madrileña, aparecen dos personajes que, en su genuflexión, pudiera parecer que les han cortado las piernas. En Subasta benéfica, Masats invierte las tornas respecto a Discurso de Franco y vemos un busto del director que tapa toda la importancia del premio y premiado.

Falangistas es no solo compositivamente perfecta en sus diagonales de brazos alzados, sino que utiliza el rostro mirando a cámara como elemento discordante. Compara en sucesivas series de dos, la vida en Barcelona y Madrid, quedando la capital del país como un lugar yerto y deshabitado, paleto, frente a una capital catalana que hace cola para esperar al tranvía o corta a sus pedigüeños sin que adivinemos su rostro gracias a una farola. La imagen de la cabra tranquila en primer término y totalmente nítida no resta simbolismo a la chiquillería que de fondo juega al fútbol. Imágenes que no exaltan precisamente la pureza del cristianismo impuesto por el Régimen son Misa de las madres de la División Azul o Almonte. Especialmente graciosas son la de la boda segoviana, que en un momento se llena de plumas blancas o Sanfermines donde un pie trata de controlar a un perro ante el fuera de campo posible de un toro. Contraluz infrecuente es la imagen de mayor formato Casa de campo, donde en un triángulo compositivo perfecto, vemos el estamento liberal —o que pretende serlo— a la izquierda (mujer), en el centro a dos niñas que parecen recién sacadas de un colegio de monjas de espaldas, y a la derecha dos policías con tricornio también en esta posición.

De prodigiosa calidad resulta Tentadero, foto onubense, donde manipula todo un escenario desde el que dos niños asomándose tras una pared blanca, simula el burladero de una plaza de toros. La falsamente luminosa Turistas en el Pueblo Español tiene también una mirada de lo taurino que, por turística, asombra por lo que aquí no nos gusta.

Otras temáticas tratadas son el boxeo, el mundo administrativo de la Justicia, los visitantes de espaldas al Museo del Prado (uno de ellos con tricornio), peluqueros, modistas, actores de Hollywood en el set de rodaje de El Cid, vendedores de prensa, gente en los mercados o en los pueblos más pobres de Andalucía, directores de cine (Berlanga, Buñuel), desfiles de moda, el auge de la Costa del Sol malagueña, el subdesarrollo en Aranda de Duero, las sombras que quedan en Tomelloso, de donde también es esa señora de luto cuyo acto de coser se congela en la memoria para siempre, o el niño que transporta en Mojácar un cerdo con una cuerda como si de la piedra del mito de Sísifo se tratara.

Con estos mimbres y el acondicionamiento a que dan lugar las nuevas realidades, merece la pena disfrutar de este maravilloso catálogo de imágenes que, querámoslo o no, dan para definir la realidad turística española, ahora que tan maltrecha se nos presenta.

Imagen destacada: Tomelloso, Ciudad Real (Ramón Masats, 1960).


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Texto de Daniel González Irala | © laCiclotimia.com | 25 julio, 2020
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Texto de Daniel González Irala
© laCiclotimia.com | 25 julio, 2020

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