8 películas para aprender historia
| Cuando crónica y narrativa van de la mano

La historia entendida como una serie de eventos clave se presta naturalmente a ser plasmada en el cine. Con los estrenos de este género, las expectativas son altas y las nominaciones vuelan. Recomendamos obras que nos ayudan a explorar distintas eras.

Ágora (Alejandro Amenábar, 2009)

Esta interesante cinta de Amenábar se centra en la figura de Hipatia, filósofa, astrónoma y matemática que enseñaba en Alejandría, ciudad recreada con ricos detalles. Con Rachel Weisz en el papel principal y acompañada por un joven Oscar Isaac, los últimos años de la vida de Hipatia sirven como escenario para arrojar una mirada crítica sobre el pensamiento mágico.

Asistiremos a una visión del cristianismo a la que apenas estamos acostumbrados en Occidente: como algo reciente, casi clandestino, amenazante y destructor. Mientras choca de frente con ideas de la misma naturaleza, como las religiones politeístas y el judaísmo, los pensadores parecen ser los únicos que mantienen la cordura y la empatía. Con Hipatia avanzando en sus descubrimientos, los curiosos la siguen impulsados por las ganas de aprender que mueven a la ciencia: siempre experimentando, cuestionando, revisando y buscando respuestas frente a la pretensión totalizante de las religiones, autocomplacientes en sus hipótesis ad hoc y sus respuestas absolutas inventadas sin admitir discusión. Las cabezas pensantes comparten puntos de vista y se desafían pacíficamente, ejerciendo un arte que parecemos haber olvidado en la sociedad polarizada de hoy en día: el debate.

Harriet – En busca de la libertad (Kasi Lemmons, 2019)

En un Hollywood que parece dar reconocimiento a las historias sobre personas de color solo cuando muestran su sufrimiento, contar la historia de Harriet Tubman era una asignatura pendiente. La mujer cuyo rostro ocupará los billetes de $20 en el futuro es una figura histórica de gran importancia para los EEUU, pero a menudo ignorada.

Harriet escapó de la esclavitud y rescató a unos 70 esclavos con ayuda de una red de activistas. Durante la Guerra de Secesión, sirvió como soldado de reconocimiento y espía en el ejército unionista. Como primera mujer en dirigir una expedición militar, encabezó el asalto que liberaría a 700 esclavos. Tras la guerra, pasó a ser una prominente activista a favor del sufragio femenino.

Lamentablemente, la película flojea. Dedica su trama a los orígenes del personaje y a sus primeras incursiones, base sobre la que construir una historia fascinante, pero que finalmente no deja sitio para los impresionantes logros de esta necesaria figura. Los actores pecan de poca experiencia y poca presencia, salvo alguna excepción, como la protagonista Cynthia Erivo, el mítico Clarke Peters —sí sí, Lester Freamon de The Wire (David Simon, 2002-2008)— y la encantadora Janelle Monáe. Aun así, es una magnífica noticia que por fin tengamos un filme sobre un personaje clave de la historia americana que ha sido ignorado durante demasiado tiempo.

Lincoln (Steven Spielberg, 2012)

Probablemente, el único retrato convincente del 16º Presidente de los Estados Unidos de América que ha visto el cine. El insólito papel de Daniel Day-Lewis se considera la representación más exacta de la dicción de Lincoln, poniendo patas arriba las anticuadas interpretaciones de otros actores: genéricas, hipermasculinas y casi pueriles en su prepotencia.

Es inmensamente didáctica en cómo nos recuerda el pasado de los partidos Republicano y Demócrata, en alto contraste con sus situaciones actuales. Nos invita a mirar «entre los bastidores» de la Guerra de Secesión, mostrándonos el tejido de hilos diplomáticos que formaban el lienzo de las negociaciones entre la Unión de Estados y la Confederación. Conseguir los votos suficientes para aprobar la 13ª Enmienda mientras se negocia la paz con los sureños supone un paseo sobre la cuerda floja para el Presidente, generando la principal tensión dramática mientras nos adentramos en la política de la época. Las interesantes subtramas y las geniales interpretaciones de actorazos como Sally Field, James Spader, Tommy Lee Jones, Lee Pace y Joseph Gordon-Levitt —entre muchos otros— hacen que las dos horas y media de duración se nos pasen sin enterarnos.

Es una película muy relevante para los tiempos que corren, donde las lecciones políticas, filosóficas y humanistas deben ser recordadas. Quizá todas ellas hayan quedado «cristalizadas» en esta línea del propio Lincoln: «Si aceptamos someternos a las leyes, si estamos dispuestos a perder libertades —la libertad de oprimir, por ejemplo—, descubriremos otras libertades anteriormente desconocidas».

Sufragistas (Sarah Gavron, 2015)

De la mano de la carismática Carey Mulligan, asistimos a un drama histórico de inconfundible carácter británico: vestuario auténtico, maquillaje realista y una Londres recreada con cada luz y sombra, cada mancha y cada voluta de humo tejiendo un tapiz de calles angostas, grandes espacios abiertos e interiores opresivos. Esta última sensación nos presionará durante todo el filme, mientras vemos cómo una trabajadora va aprendiendo sobre la misión de las sufragistas en la Inglaterra de los años 1910.

Un hilo conductor perfecto para mostrarnos la compleja combinación de circunstancias en las que se libró la lucha por el sufragio femenino en Gran Bretaña. Veremos las condiciones en las que trabajaban las mujeres, conoceremos el efecto del liderazgo de Emmeline Pankhurst y otras figuras prominentes en el movimiento sufragista y presenciaremos sus divisiones internas. Lejos de confundir, nos quedará aún más claro por qué la lucha es justa y necesaria, y cómo distintos puntos de vista no tienen por qué tumbar una causa común para generaciones actuales y futuras.

Gran parte del mérito de este filme radica en su visibilidad de cuestiones femeninas que a menudo quedan ocultas o malinterpretadas en otras producciones: el embarazo, la maternidad, la nulidad de derechos sobre los hijos, el maltrato; el abuso y mala interpretación de la ley en las actuaciones policiales y las prisiones femeninas, etc. Como muchas grandes películas históricas, Sufragistas no solo merece la pena por su retrato de una época, sino también por tratar temas muy contemporáneos en un mundo en el que las sociedades parecen incapaces de garantizar los derechos de las mujeres y ciertos movimientos políticos han llegado a pedir la eliminación del sufragio femenino.

Elizabeth (Shekhar Kapur, 1998)

Recomendar una película como esta para aprender historia es muy arriesgado. Es cierto que toda cinta histórica presenta su propia interpretación de los hechos para ganar en dramatismo y entretenimiento, pero en casos como este, se les va de las manos. Comprimir eventos de la vida de Isabel I de Inglaterra en los primeros 5 años de su reinado es imprudente, pero aceptable como licencia artística. Sumar a eso el conflicto con Francia, Escocia y España, además del enfrentamiento con el Papa, las traiciones y el desorden interno es pedir que nos creamos mucho. Acaba por generar una trama episódica poco coherente y algo confusa.

Además, Isabel aparece retratada como una reina casi incapaz de tomar sus propias decisiones, y demasiado dependiente de la figura de Francis Walsingham. Un contraste poco adecuado a la auténtica reina, conocida por su carácter, su decisión, su firmeza, su ingenio y su sensatez. Por supuesto, parte de la misión de estas películas como obras de arte es humanizar a las figuras históricas, mostrando también sus vulnerabilidades sin depender exclusivamente del las «infladas» imágenes engrandecidas que nos llegan desde las historias de orgullo nacionalista. Pero sabemos lo suficiente de Isabel como para tener la certeza de que a los 25 años de edad ya había sobrevivido al encarcelamiento y a intrigas políticas y religiosas. Su instinto de supervivencia estaba muy agudizado, por lo que los bandazos que da en este filme no son creíbles.

A pesar de todo, Elizabeth no deja de ser un entretenido punto donde empezar a aprender más sobre la Era Isabelina, su sociedad y su política. Con la inimitable Cate Blanchett en el papel protagonista, el drama se disfruta inmensamente, y la joven reina nos da escalofríos tal y como si uno de sus retratos estuviera intentando salir del lienzo. La secuela Elizabeth: la edad de oro (Shekhar Kapur, 2007), nos abre las puertas a la problemática con el Nuevo Mundo y el conflicto con la Armada Invencible, adentrándonos en el torbellino de la Europa renacentista y creando la semilla de la historia colonial norteamericana.

Lawrence de Arabia (David Lean, 1962)

Quizá falte retratar más la Primera Guerra Mundial en el audiovisual, pero entre los filmes que ya existen destaca esta obra maestra con reparto de lujo. Peter O’Toole, Omar Sharif, Anthony Quinn y Sir Alec Guinness (en un gran papel con un desafortunado maquillaje racialmente insensible) protagonizan una historia sobre T.E. Lawrence y un lado de la Gran Guerra del que poco se habla.

La historia transcurre en regiones que abarcan Siria, Palestina, Jordania, Líbano, Egipto Arabia Saudí, donde Lawrence ayuda a liderar una revolución árabe contra los otomanos. Dicha rebelión era apoyada por el interesado ejército británico, que no invirtió demasiados recursos debido a que este conflicto quedaba a la sombra de la lucha contra los alemanes en el Frente Occidental. Peter O’Toole interpreta a un Lawrence convincente que se las ingenia para desafiar a los hados y liberar las ciudades de Áqaba y Damasco.

El resultado es una película histórica que peca de lo mismo que muchas otras en su género: embelleciendo, alterando, cortando por una parte y pegando por la otra. Pero al mismo tiempo nos muestra una fotografía bellísima, un montaje magistral y unas interpretaciones de auténticos pesos pesados. Más que cambiar la historia por el mero hecho de cambiarla, la dramatiza buscando hacerla accesible para los espectadores.

Cartas desde Iwo Jima (Clint Eastwood, 2006)

Ojalá viéramos con más frecuencia proyectos dobles como el de Banderas de Nuestros Padres (Clint Eastwood, 2006) y Cartas desde Iwo Jima, en los que cada película muestra un lado diferente del mismo conflicto.

Carente de las típicas «machadas» de las películas belícas americanas, Cartas desde Iwo Jima muestra la violencia de forma sobria, cruda, como algo inevitable y tan natural como caminar (en la esfera del conflicto armado). Y lo que es más importante: ayuda a humanizar a los soldados japoneses, retratados tantas veces como monstruos o caricaturas. No todos eran fanáticos dispuestos a morir, sino que se trataba de conscriptos forzados a dejar atrás una vida tan normal como la tuya o la mía (¿estoy asumiendo demasiado?). También nos aporta otra visión de los oficiales nipones. No se trata de una especie de monjes-guerreros que solo hablan en proverbios. Si bien exigían máxima disciplina, se trataba de hombres sometidos a la presión de tomar decisiones difíciles en meros instantes, y de estrategas que a veces debían usar tácticas creativas pero poco ortodoxas para defender el terreno. Lo vemos en el General Kuribayashi (Ken Watanabe), autor de las cartas epónimas y encargado de la defensa de la isla, que ejecutó mediante la creación de un sistema de cavernas y prohibiendo los suicidios y los ataques tipo «oleada humana».

Aunque faltan algunos detalles de la vida real (por ejemplo, el bombardeo naval previo al desembarco fue el más largo de la Segunda Guerra Mundial), Cartas desde Iwo Jima es una experiencia valiosa por su perspectiva y por respetar la cultura del lado defensor hasta el punto de haber sido rodada casi íntegramente en japonés. Tendríamos una visión muy distinta de la historia si más producciones siguieran el mismo patrón.

Entierra mi corazón en Wounded Knee (Yves Simoneau, 2007)

Lo primero que es necesario decir sobre esta película es que acaba siendo un caso más de la fascinación de Hollywood con las historias de nativos americanos siempre y cuando sean contadas por blancos. Además, esta se ve enturbiada por la romantificación de los hechos y la glamurización mediante romances, heroicidades y personajes no históricos, repitiendo agotadores clichés.

No por ello deja de ser un filme útil para aprender sobre un suceso histórico que se ha disfrazado desde que ocurrió, y que algunos han intentado borrar directamente de la historia americana. Si tuviéramos que enumerar todos los episodios en los que los blancos han eliminado o tergiversado la narración de sus ofensas contra los nativos americanos, no nos daría la revista. Pero al menos podemos empezar por recomendar esta película que trata la masacre de al menos 200 nativos desarmados (aunque se han llegado a estimar más de 300) por parte del Séptimo de Caballería el 29 de Diciembre de 1890. La trama sigue el conflicto entre Toro Sentado y el senador Henry L. Dawes, quien pretende implantar una política de división del territorio que en aquella época se consideraba beneficiosa para los Sioux, aunque hoy conocemos la injusticia que escondía.

August Schellenberg da vida a un Toro Sentado humanizado, mostrando sus facetas de líder impasible y hombre santo implacable; un rival perfecto para el ambicioso y avispado Dawes de Aidan Quinn. Completa el triángulo Gordon Tootoosis como el venerable Jefe Nube Roja. Anna Paquin encarna a Elaine Goodale Eastman, exitosa escritora y activista por los derechos de los nativos americanos que alcanzó notoriedad en una época en la que ser mujer en los «campos de batalla» por los que se movía suponía un inmenso obstáculo. Su personaje se complementa con el del actor nativo Adam Beach, en el papel del Doctor Charles Eastman, nacido Ohiyesa, considerado primer autor de historia nativa americana relatada desde el punto de vista de este demográfico.




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Texto de David Muiños García | © laCiclotimia.com | 10 septiembre, 2020
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Texto de David Muiños García
© laCiclotimia.com | 10 septiembre, 2020

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