Los diez pintores más influyentes de la historia del arte
| «Si yo pinto a mi perro tal y como es, tendré dos perros, pero ninguna obra de arte»

¿Cansado de no saber nada sobre arte? ¿Si te hablan de Van Gogh tú solo piensas en orejas cortadas? Entonces, esta es la lista que necesitas para aparentar ser un experto sin necesidad de leerte una tonelada de libros.

La historia del arte es un continuo combate entre lo establecido y lo nuevo. Una lucha cíclica entre el pasado y el presente, lo académico y lo revolucionario. Entre lo viejo y la arrogancia de la juventud. Los Beatles o los Stones. El Renacimiento supuso una ruptura con el arte medieval mediante la recuperación de los clásicos (diga clásicos diga Roma, que por algo este movimiento nace en Italia). Aquel gusto por la proporción y la armonía dura un siglito y medio, año más año menos, y para mediados del XVI el Renacimiento agoniza de éxito y también de soluciones y formas repetidas hasta la saciedad.

Visto un Rafael vistos todos, debieron de pensar los Miguel Ángel y Parmigianino de turno antes de sacarse de la manga el Manierismo y llenarlo todo de cabezas apepinadas y cuellos largos. Pero el manierismo dura tan solo unas pocas décadas y para comienzos del XVII el barroco surge como la gran esperanza clásica para salvar la pintura del catálogo de contorsionistas en que se ha convertido.

Así están entretenidos durante todo el XVII, pero tanta ondulación, cúpula y recargamiento les explotó en la cara en la forma del excesivo Rococó. Así que a finales del XVIII, ni cortos ni perezosos los hombres de la Ilustración deciden que hay que volver a lo clásico, pero nada de licencias y zarandajas como hicieron en el Renacimiento. Esta vez en serio y nada de ponerme una columna dórica donde va una jónica. Así surge el Neoclasicismo.

El siglo XIX es un ir y venir de este viejo quítate tú para ponerme yo que se sucede a toda velocidad. El Romanticismo, el Realismo, el Impresionismo, el Postimpresionismo, incluso los hay como los Prerrafaelitas que juran que para arte bueno de verdad el de la edad media, y todo lo que ha venido después de Rafael no vale ni para tapar desconchones en paredes.

Con esas arranca el siglo XX y ahí ya la cosa es el despiporre absoluto. Futurismo, Expresionismo, Cubismo, Fauvismo, Surrealismo, Dadaísmo y de ahí a la Abstracción, el Expresionismo Abstracto y toda la retahíla de etiquetas que vendrán después. Pero ya es suficiente por hoy. Metidos en contexto vayamos con la lista, por orden cronológico, para no perder el hilo.

Miguel Ángel

Miguel Ángel | Frescos de la Capilla Sixtina (1508-1512)

Si digo que Miguel Ángel Buonarroti era un genio no desvelo nada que no sepa incluso quien ante su icónico David solo se le ocurren chistes sobre tamaños de genitales. Ya Vasari lo ponía como ejemplo de genialidad (a Miguel Ángel, no a la churra de David). Pero que forme parte de una lista de pintores tiene mucho mérito. Y es que, siendo un tipo que se dedicó sobre todo a la escultura y la arquitectura, consiguió con una sola obra influir en toda la generación de artistas que le siguieron: sus frescos de la Capilla Sixtina. Vamos, lo que se dice un genio. Al igual que un campo de fútbol es una medida de extensión universalmente reconocida, ese festival de la anatomía que pintó en la Capilla Sixtina es aún todavía medida de genialidad y belleza. ¿Cuántas veces habéis escuchado cosas como que san Isidoro de León es la Sixtina del Románico, o que Lo que el viento se llevó es la Capilla Sixtina del cine? Pues eso. Un genio.

Michelangelo Caravaggio

A Michelangelo Merisi da Caravaggio le ha tocado cargar con una fama (merecidísima) de enfant terrible del arte que en ocasiones claroscurece (ojo al chiste) su talento como pintor. Este Keith Richards del siglo XVII tuvo una vida corta y tumultuosa. De él se ha dicho que pintó una virgen con el rostro de una puta, que tuvo que exiliarse de Roma acusado de asesinato o que en muchas ocasiones tenía que pintar sus obras dos veces ya que la primera versión era considerada indecorosa o poco respetuosa. Todo eso es cierto. Pero por encima de todo Caravaggio fue un pintor excepcional que cambió para siempre el modo de pintar la luz y sobre todo las sombras (pilláis ahora el chiste del claroscuro). Un artista que hizo del escorzo un deporte extremo que luego todos imitarían y que encontró en la Contrarreforma surgida del Concilio de Trento el contexto perfecto para dar rienda suelta a sus excesos pictóricos naturalistas.  

Pedro Pablo Rubens

Pedro Pablo Rubens, como le llamaban por aquí, es un tipo que produce admiración y rabia a la vez. Fue la auténtica rock star de su época. Las cortes de toda Europa se lo rifaban para que diese una mano al techo de sus palacios y los reyes bebían los vientos por que los retratara. Trabajó en Amberes (por aquel entonces territorio español), Inglaterra, Francia, Italia y España y allá donde iba el éxito lo acompañaba. ¿Veis como da un poco de rabia? Su ideal de belleza femenina puso de moda las carnes prietas mucho antes de que se hablará del término curvy y hace que sus obras sean fácilmente reconocibles. Hizo de todo, desde cartones para tapices a escenas mitológicas, pasando por escenas religiosas y por supuesto retratos. Hablaba varios idiomas (normal con tanto viaje) fue diplomático e incluso se diseñó su propio castillo en el que viviría una vez jubilado y donde moriría siendo un viejecito rico y famoso.

Diego de Velázquez

¿Cuántas cosas podéis citar sobre Diego Rodríguez de Silva y Velázquez sin recurrir al móvil? ¿Las Meninas? ¿Dos? ¿Tres? ¿Cuatro? (espero que no más o este artículo te estará pareciendo demasiado sencillo y pueril) Si solo ha sido una que no cunda el pánico. Ahí van unas cuantas más: su padre era portugués, se casó con la hija de su maestro, viajó dos veces a Italia, tuvo varios hijos con varias mujeres, a su muerte dejó una deuda importante que tuvo que saldar su yerno, cuando le concedieron la Cruz de Santiago no paró hasta pintársela en el pecho en Las Meninas, fue ayuda de cámara de Felipe IV, en el incendio de la nochebuena de 1734 del Alcázar de Madrid se quemaron un buen puñado de sus obras y para finalizar en 2017 Playground Fire hizo un trap titulado Velaske, ¿yo soy guapa? Que demuestra que el Siglo de Oro nunca pasa de moda. En resumen: Velázquez es el pintor español más importante del XVII, y teniendo en cuenta que ese siglo España no anduvo mal de artistas (Ribera, Zurbarán o Murillo por citar solo algunos) eso es mucho decir.

Francisco de Goya

Si os fijáis en La Familia de Carlos IV, que Francisco de Goya pinta en 1801, veréis dos cosas: una que es un hermoso canto a la hemofilia, y dos que el pintor no era de los que le hacían la pelota a nadie, ni siquiera a un rey. A lo largo de la historia a los reyes nunca se los había pintado muy fieles a su aspecto, si no que se lo pregunten al mentón decreciente de los Habsburgo, pero en La Familia de Carlos IV, Goya retrató a los miembros de la familia real tal cual eran: feos. Goya es el primer pintor que hace de la fealdad y la sordidez una virtud. Sus obras pintadas en los muros de su casa de campo de Madrid son un buen ejemplo. Y eso que los comienzos del pintor aragonés no pudieron ser más amables. Durante casi diez años se dedicó a plasmar escenas costumbristas para la Real Fábrica de Tapices. ¡Está claro que algo le pasó a ese hombre para pasar de pintar señoras jugando a la gallinita ciega a dioses que se comen a sus propios hijos! Un simple vistazo a la tormentosas historia de la primera mitad del XIX en España de la que fue testigo nos lo aclara. Por lo demás se anticipó al expresionismo y su pincelada suelta influyó en los impresionistas de finales del XIX. ¡Casi nada!

Édouard Manet

Viendo el descaro con que la Olympia desafía al espectador o la naturalidad con que la mujer desnuda del Almuerzo sobre la hierba nos mira uno puede pensar que Édouard Manet fue otro enfant terrible al estilo de Caravaggio o su compatriota Coubert. Pero nada más lejos de la realidad. Manet fue un artista que en muchos momentos de su carrera dio palos de ciego y que persiguió la fama durante toda su vida, consiguiéndola solo al final de esta. Quizás esas características sean las responsables de que recaiga en él el honor de ser considerado a la vez padre del Impresionismo e inspirador del Arte Moderno. Pese a todo, ni se consideró nunca un impresionista puro, ni un moderno. Más bien fue una bisagra entre el convulso arte del XIX y la efervescencia del XX. El francés fue el primero en permitir que el eterno duelo entre realidad e idealismo que ha regido el arte durante toda su historia lo decidiera la pintura y no el pintor. Dejando que esta ganase autonomía respecto de la realidad y abriendo la puerta del siglo XX.  No por algo Picasso siempre lo citó como una de sus mayores influencias.

Henri Matisse

Louis Vauxcelles ha pasado a la historia de la pintura sin haber cogido un pincel en su vida. ¿Por qué? Por dos momentos cumbre de su carrera como critico de arte. El primero durante el Salón de otoño de 1905, en el que Henri Matisse y un grupo de pintores presentaron una serie de cuadros donde el color exacerbado era el componente principal (del segundo momento hablaremos luego). «En medio de esa orgia de colores» había un busto de estilo renacentista que destacaba y al que Vauxcelles se refirió como «Donatello parmi les fauves», o sea: Donatello entre las fieras. Habían nacido el fauvismo. Para Matisse y los fauvistas el cielo, el mar o las flores eran del color que les daba la gana. A eso lo llamó yo romper con la realidad. Aunque duró poco, el Fauvismo sería junto al Cubismo el responsable de la evolución de la pintura hacia la abstracción. En sus últimos años un Matisse enfermo en cama comenzó a crear collages. Lo que el llamó: «pintar con tijeras».

Pablo Picasso

Si preguntáis a vuestro cuñado por Picasso os dirá que fue el padre del cubismo, y es cierto. Pero esa es una verdad a medias. En realidad surgió como una colaboración-rivalidad entre el malagueño y Georges Braque. Y hablando de Cubismo aquí se hace necesario volver de nuevo a Vauxcelles. Sí, porque, ¿adivináis quién bautizó la nueva corriente pictórica? Exacto, nuestro querido crítico, quien en un alarde de pirotecnia verbal definió en 1908 una obra de Braque como «bizarreries cubistes». Está claro que para no gustarle la vanguardia esta le debe mucho. Pero íbamos a hablar de Pablo Ruiz Picasso, así que al lío. Picasso fue mucho más que el cubismo o una etiqueta. Pasó de ser un artista clásico a ser el responsable de que las generaciones siguientes rompieran con ese clasicismo, y cuando la vanguardia se fue por derroteros cada vez más abstractos él se alejó de ella. Fue ese colega que nos lía para salir de copas, y a la una dice que se va a casa. A lo único que Picasso fue fiel en su vida (chistes sobre su vida amorosa aparte) fue a la figura humana. Nunca por mucho que la estirara, la transformara o la modificara hasta hacerla casi irreconocible desapareció de su obra.

Vasili Kandinski

Durante el Renacimiento italiano se avivó entre Florencia y Venecia una vieja disputa que había estado presente en la pintura desde su misma fundación como arte: ¿qué es superior, el dibujo o el color? Cuatro siglos y pico después la cuestión volvió a ponerse de moda, pero esta vez por el feroz ataque que la pintura como mímesis de la realidad recibió por parte de la vanguardia. Por un lado el Fauvismo y en menor medida el Expresionismo alemán habían dinamitado en las primeras décadas del XX el concepto de color tal y como se había entendido hasta entonces. Por otro lado el Cubismo y el Futurismo distorsionaban las formas hasta hacerlas apenas reconocibles. Era pues inevitable que el camino que tomara la pintura a partir de ahí condujera a la abstracción. No hay un solo padre de ella, ya que estalló al mismo tiempo en buena parte de Europa, aunque se suele acreditar al cuarteto formado por Kupka, Delaunay, Mondrian y Kandinski. Si traigo a la lista a este último es porque al fin y al cabo fue el autor en 1910 de Primera acuarela abstracta, en la que toda referencia a la figura ya ha desaparecido. Además, aportó una piedra fundamental al corpus teórico de la abstracción con sus libros.

Jackson Pollock

Jackson Pollock | Cathedral (1947)

Con Jackson Pollock y el Expresionismo abstracto el arte llegó al punto de inflexión en que toda persona ajena al mismo y a su historiografía podía verse expulsado de él porque no lo entendían. Vamos que fue ver uno de los enormes cuadros lleno de manchas y chorretones de pintura de este artista y millones de personas pensaron que eso lo hacían ellas. Por eso Pollock es el ejemplo perfecto para explicar porque aunque te parezca que eso lo pinta tu hijo de cinco años no es así. Todo el mundo puede hacer lo que Pollock hacía: tender un lienzo en el suelo, dejar que la pintura chorree sobre la tela y listo. Lo difícil y lo que diferencia a un genio de un chimpancé con un pincel es idear el proceso. Repensar el concepto de arte hasta asimilar el reflejo del movimiento del cuerpo como parte consustancial de él. Hacer que la mecánica del brazo dejando que la pintura fluya sea la que exprese. El arte ha recorrido un largo camino desde DaVinci o Rafael, y aunque sus obras no pueden parecer más diferentes de las de Pollock o Rothko, creedme, en el fondo son lo mismo. A ellos también les dijeron alguna vez que para arte lo que había antes y no los monigotes que pintas tú.

Nota final

Es fácil darse cuenta de que la mujer es la gran ausente de esta lista. Y no porque a lo largo de la historia no hubiera mujeres pintoras con verdadero talento. Hay están Artemisia Gentileschi, Lavinia Fontana o Sofonisba Anguissola para demostrar que el Renacimiento y el Barroco no fueron solo masculinos. Sonia Delaunay, Natalia Goncharova o Gabriele Münter para hablar de abstracción y arte de vanguardia con voz propia. O Tamara de Lempicka, Frida Kahlo, Angelica Kauffmann, Dora Maar y tantas otras rescatadas por la Historia de género. No hay mujeres en una lista de artistas influyentes porque a las mujeres se les relegó siempre a un papel secundario. En otras palabras: a las mujeres no se les dejaba ser genios.

Se les negaba el acceso a una educación académica, fueron ninguneadas por la historia, y se les consideraba solo aptas para géneros menores. Al ser consciente de ello, uno ha de preguntarse cuánto hemos perdido por ser una sociedad machista que ha negado a la mitad de su población expresar su visión. No solo en el terreno del arte, sino también en ciencia y cultura en general. Afortunadamente esto está cambiando, y si alguien escribe dentro de digamos 100 años una lista de artistas influyentes confío que habrá más de una futura genio en ella o tal vez hayamos logrado rescatar la obra de alguna que ya conocemos y cuya verdadera dimensión aún no hemos atisbado del todo. Hasta entonces os recomiendo que reviséis las carreras de tantas mujeres que a pesar de las adversidades lograron dejar su impronta en la historia del arte y no perdáis de vista las de las actuales mujeres que teniéndolo un poco mejor que sus predecesoras (solo un poco, eh) demuestran que el arte no entiende de géneros o color de la piel.  

Imagen destacada: Convergence (Jackson Pollock, 1952).
Cita del subtítulo: Johann Wolfgang von Goethe.



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Texto de Óscar Soto Colás | © laCiclotimia.com | 5 julio, 2020
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Texto de Óscar Soto Colás
© laCiclotimia.com | 5 julio, 2020

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