Las «otras» películas de animación
| Porque hay mundo más allá de Disney

Las películas de animación inundaron nuestra infancia de luz y felicidad, pero más allá de los clásicos, existen también filmes especiales menos conocidos y dirigidos a otro público que merece la pena recordar.

Disney gobierna el mundo. No hablo de otra teoría conspiranoica sobre el control de la humanidad a través del 5G tan de moda durante las últimas semanas; es la realidad. The Walt Disney Company —que este es su nombre oficial— maneja gran parte de los medios de comunicación de EEUU, así como una importantísima parte de los estudios que lanzan los blockbusters más importantes del año. Pixar, Marvel Studios, Lucasfilm e, incluso, 20th Century Studios —hasta hace nada, 20th Century Fox— son filiales de una gigantesca corporación que, literalmente, abarca prácticamente todas las películas más taquilleras del año. Es decir, la imagen que el público general tiene del cine hoy en día. Quentin Tarantino o Christopher Nolan son algunos de los pocos directores que pueden ser identificados por el público medio, sin tener ninguna asociación con las organizaciones mencionadas antes.

Algo parecido ocurre con las películas de animación, aquellos filmes que marcaron nuestra infancia, y en definitiva, toda nuestra existencia. La Sirenita (Ron Clements y John Musker, 1990), Aladdin (Ron Clements y John Musker, 1992), El Rey León (Rob Minkoff y Roger Allers, 1994), Mulan (Tony Bancroft y Barry Cook, 1998)… todas tienen un denominador común: Disney. Todas estas películas, ya denominadas clásicos, no solo del cine, sino también de la cultura en general, crearon un mundo de fantasía en nuestras infancias, lleno de color y música, Un mundo ideal —como bien le cantaba Aladdin a Jasmín en su alfombra voladora—. Aquello nos parecía la verdadera magia —que ahora, el mismo Disney trata de destruir con sus infames live-action—, películas que veías una vez tras otra, como un mundo del que no querrías salir nunca. Sin embargo, desde La Ciclotimia, nos gustaría hoy lanzar un rayo de luz a otro tipo de películas, que usando la animación como recurso, crean un mundo de sensaciones fuera del enorme paraguas de Disney. Algunas grandes películas ya olvidadas, otras que en su momento ya pasaron inadvertidas porque no iban dirigidas al público esperado —porque, sí, se nos olvida que la animación también puede estar destinado a los adultos—. Nos dejaremos muchos grandes nombres fuera —aquella maravillosa Isla de Perros (2018) de Wes Anderson, o esa genial historia de aventuras que nos muestra Kubo y las dos cuerdas mágicas (Travis Knight, 2016)—, pero esperamos que les deis una oportunidad a estas pequeñas joyas de los «dibujos animados».

1. ¿Dónde está mi cuerpo? (Jérémy Clapin, 2019): la odisea de una mano.

La mano protagonista en busca de su cuerpo original.

Esta película, que fusiona animación tradicional con CGI y gráficos creados en 3D, nos cuenta la historia de una mano en busca de su cuerpo original. Así como lo leéis. Naoufel, un chico huérfano que vive en casa de su tío a base de trabajos precarios, pierde su mano en un fatídico accidente. ¿Dónde está mi cuerpo? es un precioso viaje de sensaciones, en la que una mano, tras ser separada de su dueño, trata de buscarlo mientras rememora todas aquellas vivencias que ha tenido a lo largo de su vida —cuándo tocaba el piano siendo niño, cuándo su padre le enseño a atrapar a las moscas…—. La película comienza con una bella secuencia —que claramente nos recuerda a esos primeros 10 minutos de Up (Pete Docter, 2009)— en el que vemos la feliz infancia de Naoufel junto a sus padres, hasta que un fatídico accidente acaba con la vida de ellos. Esta «odisea» de la mano protagonista junto a las grabaciones de la infancia de Naoufel, construyen una hermosa metáfora sobre el salto a la vida adulta de un chico que no lo ha tenido fácil en la vida, el cortar de raíz con sus traumas y los recuerdos más oscuros que le sujetan al pasado. La tenéis al alcance de todos en Netflix.

2. El recuerdo de Marnie (Hiromasa Yonebayashi, 2014): el miedo a encajar en un mundo cruel

La enigmática Marnie, la primera amiga de Anna.

Desde que se creó el premio a mejor película de animación en los Óscar del 2001, muy pocos han sido capaces de ganar el premio al titán de Disney. Uno de los pocos capaces de hacerlo fue Hayao Miyazaki, en 2002, con El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001), considerada una de las mejores películas de lo que llevamos de siglo. Este japonés, que ronda ya los 80 —en concreto, 79 años—, es uno de los grandes nombres de la animación mundial gracias al Studio Ghibli, una factoría que ha creado algunas de las películas más peculiares, y al mismo tiempo, bellas de la animación de los últimos años. Hoy os traemos El recuerdo de Marnie, una película que a pesar de su nominación al Óscar el año 2015, ha sido muy poco reivindicada. Anna, una chica a punto de pasar a su adolescencia, es adoptada y no tiene muchos amigos. Debido a un ataque de asma, viaja a un pueblo costero a pasar sus vacaciones de verano, en busca de un poco de aire fresco fuera de la ciudad. Allí conoce a Marnie, una niña un tanto enigmática que vive en una vieja mansión en el que se supone que no vive nadie. La película habla de una manera muy sutil de la ansiedad infantil, del miedo a encajar de una niña llena de inseguridades y con un pasado que no conoce del todo bien. La magia que desprende la animación a la que nos tiene acostumbrados Ghibli hace de esta película otra joya que no debemos perdernos. Disponible en Netflix.

3. Wallace y Gromit. La maldición de las verduras (Nick Park y Steve Box, 2005): en un mundo de plastilina

Wallace y Gromit forman un dúo protagonista peculiar y divertidísimo.

Ganadora del Óscar a mejor película de animación en 2006, esta película británica fue todo un fenómeno del que pocos ya nos acordamos. Siendo parte de un grupo de películas protagonizadas por el dúo formado por Wallace y su perro compañero Gromit, nos cuenta la historia del pequeño pueblo de Tottington, famoso por su competición anual de verduras gigantes. Debido a esta competición, todos los habitantes tienen su propio huerto con sus creaciones, y también existe un equipo especial de control de plagas llamado Anti-Pesto, formado por nuestros ilustres protagonistas Wallace y Gromit. Esta divertidísima película creada por el sistema de animación stop motion, es fantástica para toda la familia, llena de un ingenio y originalidad aún claramente visible 15 años después de su estreno, algo del que cada vez más carecen las películas de la marca Disney. Disponible en Netflix y HBO.

4. La tortuga roja (Michaël Dudok de Wit, 2016): el mito del náufrago

La belleza de la naturaleza mostrada en la película es uno de los pilares de La tortuga roja.

La particular sección Un Certain Regard del festival de Cannes fue el primero en mostrarnos está emotiva obra sobre un hombre que queda atrapado en una isla desierta donde conoce a una partícular tortuga que cambiará su vida para siempre. Coproducida entre Studio Ghibli y la alemana Wild Bunch, esta película nos presenta influencias del mismísimo Hergé —famoso creador del personaje de Tintín— o el dibujante Winsor McCay para diseñar a unos personajes y a una tortuga que, a pesar de que les falta la emoción de los personajes de Ghibli, se fusionan a la perfección con la naturaleza y el paraíso que nos pretenden transmitir. Una película que podría catalogarse como de aventuras, que sin necesidad de ningún tipo de diálogo —los personajes no intercambian ningún tipo de palabra entre ellos—, cuentan una historia sobre el respeto, el amor a la naturaleza y la familia con tal belleza que es imposible que no te deje hipnotizado. Disponible en los catálogos de Filmin y Amazon Prime Video para todo aquel que quiera emocionarse con ella.

5. Anomalisa (Charlie Kaufman y Duke Johnson, 2015): la crisis existencial de una figura de cera

Michael junto a Lisa en la habitación del hotel.

Tal vez esta sea la propuesta más adulta de todas las mencionadas, y puede que, por ello, sea la única que tuvo que optar por un crowd-funding para poder financiarse. Charlie Kaufman —bastante popular durante los últimos días debido al anuncio de que su nueva película se estrenará en Netflix— construye esta historia sobre la crisis de los 50 con claras reminiscencias a Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003) o Up In The Air (Jason Reitman, 2009), en donde nuestro protagonista Michael busca algo que le haga volverse a enamorar de la vida. Lo más interesante de Anomalisa es que la animación se vuelve un recurso narrativo para mostrarnos la monotonía de la vida de Michael, donde todo —y, en especial, todos— tiene el mismo aspecto y suena igual. «Aburrido, todo es aburrido» responde Michael a una vieja amiga que le comenta que le «va bien». En cuanto menos se lo espera aparece Lisa, una chica que le revoluciona por dentro, y que ve en ella la solución a todos sus problemas psicológicos y emocionales. Esta no solo es una de las mejores películas de animación del 2015, sino también una de las mejores películas de ese mismo año.

Bonus track: Anastasia (Don Bluth y Gary Goldman, 1997): porque las princesas reales también tienen su magia

Anastasia junto a su abuela la emperatriz en una de las fiestas de palacio antes del ataque del villano Rasputín.

No quería despedirme sin hacer mención a una de las películas animadas más infravaloradas y con una de las bandas sonoras más preciosas. Producida por 20th Century Fox —cuándo aún no era parte de la factoría Disney—, se inspira en la historia real de Anna Anderson, una mujer que afirmaba ser la gran duquesa Anastasia de Rusia, la hija más joven del zar Nicolás II, asesinado junto a toda su familia por los bolcheviques durante la revolución rusa. Es una película musical que nos cuenta la historia de Ania, una huérfana que tras cumplir la mayoría de edad sale del orfanato donde ha crecido en busca de un hogar. En Moscú conocerá a Dimitri, un chico con el que tiene más cosas en común de lo que cree, y con el que descubrirá su verdadero pasado. Una película muy clásica, pero con un tipo de animación único que le da una magia especial. Solo por ver la escena del antiguo palacio de Moscú mientras suena la canción Una vez en diciembre merece la pena.




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Texto de Mikel Viles | © laCiclotimia.com | 17 julio, 2020
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Texto de Mikel Viles
© laCiclotimia.com | 17 julio, 2020

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