Las colinas tienen ojos
| Caníbales del desierto

Estados Unidos, 1977 | Dirección: Wes Craven | Título original: The Hills Have Eyes | Género: Terror | Productora: Blood Relations Co | Guion: Wes Craven | Fotografía: Eric Saarinen | Edición: Wes Craven | Música: Don Peake | Reparto: Susan Lanier, Robert Houston, Martin Speer, Dee Wallace, Virginia Vincent, Lance Gordon, Michael Berryman | Duración: 89 minutos | | Disponible en:  Amazon Prime Video  

Estados Unidos, 1977 | Dirección: Wes Craven | Título original: The Hills Have Eyes | Género: Terror | Productora: Blood Relations Co | Guion: Wes Craven | Fotografía: Eric Saarinen | Edición: Wes Craven | Música: Don Peake | Reparto: Susan Lanier, Robert Houston, Martin Speer, Dee Wallace, Virginia Vincent, Lance Gordon, Michael Berryman | Duración: 89 minutos |

Revisitamos este clásico de terror de Wes Craven, que explora los márgenes de lo humano en la lucha sangrienta entre dos familias opuestas.

Dicen que el horror nace de lo desconocido, pero esto no es del todo cierto. Pues lo que nos es por completo vedado, de lo que no podemos intuir ni el más mínimo detalle, difícilmente entrará en una relación con lo humano diferente a la indiferencia, a la distancia absoluta. Lo que verdaderamente despierta el horror no suele habitar en lo que es enteramente ajeno, sino en el límite entre lo ajeno y lo humano, lo que nace del más allá pero se acerca amenazadoramente a lo humano, o lo que nació humano y se ha alejado peligrosamente hacia lo animal. Es en estas fronteras difusas, en donde lo civilizado y lo salvaje se confunden, donde acaban los mapas convencionales y se abren las vastas extensiones de la naturaleza. Si esta es la condición última del relato de terror, el viaje de sus protagonistas tendrá la forma de un pasaje: un descuidado salto a otra dimensión de la que habrán de luchar por escapar.

Algo así les ocurre a la familia Carter, quienes disfrutan de un road trip por la norteamérica profunda mientras buscan unas minas de plata abandonadas que les ha regalado un familiar. Pero para ello tendrán que adentrarse en el abrasador desierto de Nevada, entre unas extrañas colinas rocosas donde parece que la civilización se acaba, y que sirven de guarida a quienes sobreviven al margen de la sociedad. Los Carter entonces se encontrarán con su doble siniestro, una familia de caníbales salvajes, entregados a una extravagante vida pagana, fruto de crueles degeneraciones biológicas y dados a todo tipo de corrupciones morales. Como imagen invertida de los hermosos y divertidos Carter, estereotipo perfecto de la cultura WASP[1] norteamericana, desde su moralismo religioso a sus contoneos con la superficialidad de la sociedad de consumo, el terror parece brotar de la misma incapacidad de ambas familias a comunicarse entre sí. Como a un opuesto maligno al que se es incapaz de reconocer, las familias han de destruirse.

Gran parte del talento de Craven consiste en lograr inducir a la angustia a partir de un espacio vacío y abierto como el desierto.

Con Las colinas tienes ojos (1977), Wes Craven buscó repetir el éxito de su ópera prima La última casa la izquierda (1972). Incapaz de lograr financiación que no fuera para un proyecto de terror exploitation, Craven aprovechó la oportunidad para rendir homenaje al reciente éxito de Tobe Hooper La matanza de Texas (1974) y para profundizar en los entresijos de la violencia y la barbarie humanas. Craven investigó sobre historias horribles en la Biblioteca Pública de Nueva York hasta que llegó a la leyenda de Sawney Bean, el líder de un clan escocés caníbal del siglo XVI que supuestamente asesinó y devoró a más de 1.000 personas. Lo que probablemente no es más que una trasnochada leyenda de siglos de antigüedad, similarmente irreal que una obra de ficción del siglo XX, puede sin embargo canalizar una poderosa reflexión sobre la condición humana. Como el mejor folklore, casi siempre repleto de horrores, el mejor cine de terror sacude y alerta la adormecida conciencia cotidiana sobre los límites invisibles de lo que asumimos como «decente» o «civilizado».

Las colinas tienen ojos pertenece a la curiosa categoría de los clásicos inmortales del género que en cambio no pueden ser descritos, ni de lejos, como obras maestras.

En su mayor parte, Las colinas tienen ojos funciona a la perfección según este esquema. Las abiertas extensiones del desierto y los paisajes lunares de las colinas rocosas intensifican, como una lente de aumento, la sensación de agobio y de extrañeza, a medida que desfamiliarizan a los Carter de su contexto social (que imaginamos más parecido a un centro comercial que a un paraje desértico), y cuando la violencia y el terror se desatan, el suspense se ve ampliamente recompensado. Al final, Las colinas tienen ojos no solo cuenta con la gran inventiva de un maestro del terror como Craven (a quien un largo recorrido que no hace falta mentar le avala más que de sobra), sino con las grandes aportaciones de un pequeño elenco del cuál es imposible no destacar a Michael Berryman como Pluto, sin duda uno de los villanos del terror de culto más icónicos.

Michael Berryman como Pluto se convirtió en uno de los villanos más icónicos del género.

Pero es posible también entrever, en algunos momentos donde translucen las carencias técnicas y de presupuesto de la película, que Las colinas tienen ojos es quizás una de esas obras rudimentarias de culto difícilmente apreciables más allá de los acérrimos aficionados del género y los completistas de Craven. Y es cierto que la película cae en ocasiones en momentos un tanto inverosímiles, interpretaciones que dejan que desear, premisas absurdas que se toman demasiado en serio y alguna que otra escena intermedia donde la película se aplana y el suspense se deshace. Al fin y al cabo, Las colinas tienen ojos pertenece a la curiosa categoría de los clásicos inmortales del género que en cambio no pueden ser descritos, ni de lejos, como obras maestras. Pero aunque sus tropezones e inconsistencias son en ocasiones demasiado evidentes, el espíritu pionero de Craven y su reconocible ingenio que le ha transportado a una leyenda eterna del terror, elevan Las colinas tienen ojos más allá de una rareza genérica a una sólida película de exploitation no recomendable para estómagos débiles.

Como sus deformes y degenerados villanos, Las colinas tienen ojos es, ante todo, un híbrido aberrante nacido de cruces prohibidos por las leyes del buen gusto: entre los impresionantes paisajes místicos del desierto y el ruidoso y bombástico terror del slasher, entre las profundas corrientes del folklore y el sucio sustrato de la baja cultura, y entre una atrevida reflexión sobre la naturaleza humana y el espectáculo sangriento del cine de serie B. El resultado puede resultar feo, contrahecho y desagradable, pero sería deshonesto culpar a un pionero como Craven, cuya inventiva ha hecho tanto por el género, de que algún experimento le saliera un poco Frankenstein.


  1. WASP: (White, Anglo-Saxon and Protestant), acrónimo de «blanco, anglosajón y protestante».[]


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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 13 julio, 2020
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 13 julio, 2020

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