La polémica del libro de Tenet
| Prejuicios «nolanianos» y transmedia

El anuncio del libro que acompañará a la película de Christopher Nolan, Tenet, no solo ha causado polémica, sino también un debate acerca de la transmedia y la autonomía de las películas.

El director británico Christopher Nolan es siempre una fuente de discordia y admiración a partes iguales: mientras que un gran sector del público y la crítica tiene en gran estima al realizador británico por su labor en películas como Origen (2010) o Interstellar (2014)  y por su reinterpretación del superhéroe Batman en su trilogía de El Caballero Oscuro (2005-2012), también hay muchas voces discordantes que ponen en duda la visión artística del londinense, tachándolo en ocasiones de pretencioso y de grandilocuente en exceso. Los argumentos que enfrentan las posturas anti y pro-Nolan constituyen algunos de los debates sobre cine más candentes en redes sociales, y no es de extrañar, pues es innegable que Christopher Nolan es uno de los directores más exitosos e influyentes del siglo XXI.  

Una de las últimas polémicas que suscitó el trabajo del realizador tiene que ver con su esperada película Tenet , y con el anuncio respecto a esta que se llevó a cabo el pasado 12 de mayo: el mismo día del estreno del filme también verá la luz el libro Tenet: Inside the Quantum Cold War by Christopher Nolan, que parece que, además de contener apuntes sobre el rodaje, la realización y el apartado artístico de la película, incluirá también información para terminar de encajar las piezas de una trama de espionaje y viajes en el tiempo que puede llegar a ser más densa que la red de niveles oníricos que conforman la acción de Origen.  De este modo, Parece que Nolan no solo empleará una considerable (y previsible) cantidad de minutos para contar su historia, sino que también se apoyará en un libro para terminar de construir ante el espectador el mundo que ha proyectado para Tenet.  A partir de este supuesto se puede construir un interesante debate acerca de la capacidad de síntesis de una película y de la autonomía que, como obra independiente, esta puede o no tener. Aunque en este asunto muchos de los reproches buscan señalar una supuesta presuntuosidad en Nolan, la raíz del debate se encuentra en la naturaleza propia de la película: ¿se puede considerar como fallida una obra que no es capaz de desarrollar por sí misma toda la trama que plantea, y cuyo guion presenta unas carencias que se suplen en otras obras paralelas? Ya que Tenet todavía no se ha estrenado, toda crítica que se pueda hacer a su planteamiento o bien no es más que especulación, o bien está inspirada, más que por los hechos, por los prejuicios que todos experimentamos cuando hablamos de ciertas obras o de ciertos cineastas; admito que cuando leí la noticia por primera vez no pude evitar alzar una ceja y sentir parte de la pereza habitual que me inspira la ampulosidad de Nolan. Sin embargo, la polémica del libro surge de los prejuicios y de las etiquetas y rasgos que atribuimos a Christopher Nolan, atrapado en un extraño limbo entre el cine comercial y el cine de autor en el que decisiones como hacer de Tenet una narración transmedia (contada a través de diversos medios) puede suscitar esta clase de polémicas. 

Fotograma de la película Tenet (2020) de Christopher Nolan.

Por un lado, el cine de autor siempre se ha caracterizado por una cierta sobriedad en la narración, y quizás sus ansías de reacción frente al aura de espectacularidad del cine más comercial han hecho que, en ocasiones, muchos directores, al aplicar hasta las últimas consecuencias la máxima «no lo cuentes, muéstralo», experimenten con narraciones que, en un primer vistazo, parecen incompletas, pues en ellas se sugiere más de lo que se cuenta de manera explícita. Encontramos ejemplos de esto en las películas Lancelot du Lac (1974) de Robert Bresson y en Bajo el peso de la ley (1986) de Jim Jarmusch: en ambos casos se omiten momentos clave de cada trama (las batallas en la peli gala y la huida de la prisión en el título protagonizado por Tom Waits) y la cámara se recrea mostrando momentos cotidianos que contribuyen más a la construcción de una atmósfera y de las personalidades de los personajes, elementos que los directores decidieron superponer al argumento. Al ver estas películas sentimos una cierta sensación de «carencia» de argumento que, sin embargo, no hace del visionado de estas películas una experiencia menos satisfactoria: si podemos decir que estos títulos presentan una narración «minimalista», la popular y onírica Mullholland Drive (2001) de David Lynch renuncia a toda estructura lógica a la hora de contar su historia. ¿Son estos títulos películas incompletas? Si nos regimos por la concepción dramática más convencional podemos pensar que sí, pues existen «huecos» en las acciones de los personajes que protagonizan el clásico desarrollo «planteamiento-nudo-desenlace». Sin embargo, estas películas funcionan porque trabajan en un nivel diferente, más profundo, en el que no se desarrolla tanto una sucesión de eventos como sí una sucesión de emociones e ideas que subyacen bajo las acciones de los personajes, de modo que se consigue llevar al espectador a una catarsis diferente de la habitual. Uno de los máximos exponentes de este efecto lo hallamos en Koyaanisqatsi (1982) de Godfrey Reggio, que sin un solo diálogo consigue narrar a la perfección la historia de destrucción de la naturaleza y avance tecnológico imparable en torno a la que gira el documental. Nadie diría que alguna de estas películas peca de estar incompleta, pues los huecos que presentan los reconstruye el espectador en un interesante proceso de «diálogo» que es parte sustancial de cada una de estas obras. Sin embargo, resulta bastante poco probable que Nolan intente generar este diálogo (pues tiende normalmente a hacer justo lo contrario), pero no resulta justo pensar que Tenet pueda llegar a ser un «proyecto incompleto» por presentar vacíos argumentales si siempre existe la posibilidad (remota) de que Nolan intente sugerir más que contar y dejar así que el espectador termine de formar el puzle. Una película puede ser un producto completo y aun así tener huecos, siempre que sean los huecos «apropiados».

Fotograma de la película Koyaanisqatsi (1982) de Godfrey Reggio.

El problema es el libro: por parte de los más puretas, Nolan ha sido criticado por querer sobreexplicarse y dar todo masticadito a la audiencia a través de un libro. Y, por otro lado, el público más masivo teme que la película sea demasiado compleja y complicada para ser comprensible y que por ello se necesite un libro para poder comprenderla. La noticia del lanzamiento de Tenet: Inside the Quantum Cold War by Christopher Nolan ha dejado entre la espada y la pared al realizador, atrapado entre dos concepciones del cine opuestas pero no irreconciliables. Lo realmente interesante de esta decisión es que pueda tratarse de un intento de crear una auténtica narración transmedia, en la que el libro y la película se retroalimenten y ayuden a crear eso que todos los creativos parecen perseguir ahora mismo: no la narración de historias, si no la génesis de mundos de ficción. Aunque como público, sobre todo desde el auge del Universo Cinematográfico de Marvel, ya estamos acostumbrados a estos proyectos, se ha hablado poco de la posibilidad de que Nolan esté planteando algo así. Y es normal, pues el aura de autor que en cierto modo le rodea nos hace verle como director de proyectos grandes y singulares: incluso las películas de El Caballero Oscuro se pueden ver y entender por separado aunque formen parte de un mismo conjunto. Pero, ¿y si en un solo proyecto, singular y efímero, se pudiese aplicar una narración transmedia? Hasta ahora, solo grandes franquicias como Marvel o Star Wars han narrado más allá de las propias películas, recurriendo a libros, cómics e incluso videojuegos para crear universos de ficción complejos y bastante rentables.

Si bien resultaría interesante que Nolan intentara hacer algo parecido a Shyamalan y creara una narración transmedia a partir de un proyecto singular, lo que resultaría revolucionario sería que diera un paso más y echase mano de la narrativa crossmedia.

Si bien estos macroproyectos interesan económicamente porque permiten exprimir al máximo una serie de ideas y conceptos que funcionan, parece que el público, en un contexto de visionados compulsivos y de oferta casi infinita, agradece que estos universos de ficción configuren una «historia estable» que trascienda al visionado único de una película con un principio y un final: una muestra de este gusto por el público hacia los universos cinematográficos lo encontramos en la repercusión que tuvo el filme Múltiple (2017) de M. Night Shyamalan, que generó un gran impacto no solo por su calidad, si no también por el giro final que convertía una película aparentemente independiente en parte de un universo más grande que compartía con El Protegido (2000), Se ha hablado mucho sobre esta interesante maniobra de Shyamalan, que para mí supone un hito en la construcción de universos cinematográficos, pues superó dos barreras que caracterizan estos proyectos: el director de El Sexto Sentido (1999)  consiguió crear con Múltiple un universo interesante sin contar con el respaldo de una franquicia con numerosos personajes y, además, elaboró tres obras bastante diferentes entre sí, consiguiendo que El protegido, Múltiple Glass (2019) tuvieran tonos y registros claramente diferenciados pese a formar parte de una misma «continuidad».

Si bien resultaría interesante que Nolan intentara hacer algo parecido a Shyamalan y creara una narración transmedia a partir de un proyecto singular (algunos rumores apuntan que el director va a conectar Tenet con Origen, y eso podría ser un inicio), lo que resultaría revolucionario sería que, aprovechando el dichoso libro, Nolan diera un paso más y echase mano de la narrativa crossmedia, es decir, que de manera intencionada incluyese datos imprescindibles para reconstruir la película en el libro. En este supuesto, Nolan no habría empleado el libro ad hoc para atar cabos que la película no ha sido capaz de atar ni tampoco lo habría utilizado para «expandir» el universo que ha planteado en el celuloide, si no que desde el principio el director habría considerado el libro como un recurso más al servicio de la película, tan importante como cualquier plano secuencia o escena de diálogo de Tenet. 

Fotograma de Múltiple (2017) de M. Night Shyamalan.

Mientras que en una concepción transmedia las distintas piezas completan y expanden un universo de ficción, en la narración crossmedia todos estos fragmentos se conectan los unos con los otros para dar lugar a la obra completa. Frente al transmedia de las grandes franquicias, parece más interesante (y más asequible) que las películas más pequeñas experimenten con esta narración crossmedia, como ya lo hacen los conocidos como «juegos de realidad alternativa», en la que los jugadores descubren pistas a través de vídeos, textos y demás elementos para reconstruir una historia y avanzar en la aventura. Que Nolan emplease el libro de este modo, como una pieza fundamental de Tenet, supondría una maniobra de riesgo para una película con un alcance tan masivo, pero sería un hecho revolucionario que cambiaría radicalmente el panorama y que nos haría reflexionar sobre el uso que estamos dando a los numerosos medios que tenemos a nuestra disposición a la hora de contar historias . En este campo resulta difícil encontrar un precedente: si bien las novelas de la trilogía Consecuencias (2015-2017) de Chuck Wendig, que cuentan los sucesos acontecidos entre la sexta y séptima entrega de Star Wars, formaban parte del proyecto general de la última trilogía de la franquicia, me cuesta pensar que el objetivo real de estas novelas fuera el de ser una pieza clave en la nueva narrativa, ya que por su alcance y nivel de promoción parecían estar destinadas a un público de nicho más perspicaz que quería profundizar en los vínculos entre dos trilogías a los que realmente nadie ha tratado de dotar de coherencia. Incluso el mejor ejemplo de híbrido «libro-película» que se me ocurre, Donnie Darko (2001) de Richard Kelly, escapa de la definición de crossmedia, pues resulta redonda y satisfactoria sin necesidad de leer La filosofía de los viajes en el tiempo, libro que explica la lógica de muchos de los acontecimientos que suceden en la película y que venía incluido en los DVD’s que contenían el montaje de director de este título de culto, Con todo, me gustaría que Tenet: Inside the Quantum Cold War by Christopher Nolan , más que a los clásicos libros que acompañan a algunas películas y que son poco más que making-ofs en papel,  se pareciese a La filosofía de los viajes en el tiempo, y que se atreviese a interrogar al espectador, a mostrarle información que él mismo tenga que reconstruir y que formase pareja con una película menos explícita y redundante que sus predecesoras. 

En el título de este artículo he hecho alusión a los «prejuicios nolanianos», de los que, como todos los prejuicios, resulta difícil desprenderse. Aunque seguramente Nolan nos presente más de lo mismo, por una vez quizá merezca la pena dejar de lado la actitud escéptica y cínica que a menudo nos invade a los seguidores del séptimo arte. Quizá sea posible dejar los prejuicios a un lado. Quizá sea posible que el libro de Tenet sea interesante. Quizá sea posible que, por una vez, Nolan se aproxime más a Bresson y a Donnie Darko que a Origen Interstellar. Sea como sea, tendremos que esperar hasta agosto para descubrirlo. 

Fotograma de Donnie Darko (2001) de Richard Kelly.



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Texto de Ángel Gómez-Lobo | © laCiclotimia.com | 9 julio, 2020
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Texto de Ángel Gómez-Lobo
© laCiclotimia.com | 9 julio, 2020

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