John Carpenter, el slasher y la brutalidad policial
| La evolución en el cine de terror

Analizamos el desarrollo del terror y la ciencia ficción durante el siglo XX hasta llegar a John Carpenter; desde su faceta de creador del slasher hacia lo político y social, hasta consagrarse como uno de los artistas más críticos con el régimen policial.

«Lo que me da miedo es lo mismo que a ti. Todos tenemos miedo de las misas cosas. Por eso el horror es un género tan poderoso». John Carpenter

Durante el siglo XX, el cine de terror corrió un camino claramente diferenciado en dos partes, cada una acompañada por cada mitad del mismo. A principios de siglo, las obras culturales se centraron más en la puesta colectiva, y en la segunda mitad, se produjo un desarrollo al enfoque individual.

El siglo XX fue recibido con las consecuencias que trajo la revolución industrial en el mundo occidental, entre otras: (1) la burguesía es finalmente asentada y (2) aparece el concepto de proletariado y su organización colectiva entre distintos sindicatos y corrientes políticas (anarquistas y comunistas). Al nacimiento de la ciencia ficción a principios de siglo, entendida ésta como aquellas obras en las que aparece un elemento completamente ficticio (como pudieran ser extraterrestres), le acompañó principalmente el miedo a lo desconocido, como en La guerra de los mundos de H.G. Wells, o el control estatal de 1984, escrito por George Orwell o Nosotros, de Zamiatin. La amenaza se centraba principalmente en todo el colectivo poblacional. Esto no suena descabellado si pocos años después Europa viviría dos de las guerras más crueles en la historia de la humanidad.

Ellos viven, nosotros dormimos.

Una vez asentado el triunfo norteamericano y el liberalismo conservador, con la guerra fría como telón de fondo y con una URSS cada vez más limitada, el modelo de la defensa de la propiedad privada pasó a ser la preocupación número uno. Por medio de la llegada del cine giallo desde Italia, nació el género slasher. Este género se retrata principalmente por amenazar el núcleo familiar desde una perspectiva conservadora. El enemigo pasaba de provenir de fuera, en forma de amenaza colectiva, a ser una persona de carne y hueso, camuflada bajo una máscara. Una vez ya comenzada la década de los 80, aparecen los anti héroes como protagonistas principales en el cine de terror, donde cabe destacar La noche de Halloween (1978) de John Carpenter. Estas películas ponen en jaque el ordenamiento social a través del estado de alarma al considerar que no estás seguro en ningún sitio, tanto físicamente como psicológicamente. Ni en tu casa ni entre familiares. El proteccionismo del hogar, así como el cerrar puertas, es un objeto visual de suma importancia. Proteger tu casa, y no al país, para así colaborar con la nación. El retorno al conservadurismo más casero y el culto a la privatización.

Si bien la cara más visible de John Carpenter es la de considerarle el «maestro del terror», la segunda característica principal dentro de su imaginario es el abuso cometido por parte de las autoridades en Norteamérica.

«En Inglaterra, soy director de películas de terror. En Alemania, soy cineasta. En Estados Unidos, soy un pobre holgazán». John Carpenter

Públicamente, John Carpenter ha reconocido que Están vivos (1988) es un ataque claro contra el reaganismo y la cultura de los sesenta. El cineasta declaraba: «Están vivos trata de yuppies y capitalismo descontrolado. No tiene nada que ver con el control judío del mundo, lo que es injurioso y falso».

Si bien la cara más visible de John Carpenter es la de considerarle el «maestro del terror», como le conocen todos los fanáticos de sus películas y su universo, la segunda característica principal dentro del imaginario Carpenter es el abuso cometido por parte de las autoridades en Norteamérica. A medio camino entre el western y el cine de terror, en 1978 y bajo el seudónimo de John T. Chande (personaje encarnado por Wayne en Río Bravo) el director firmó Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976). En este film se presenta la marginalidad de una comisaría prácticamente abandonada, en un barrio de clase baja, donde la única salida al asalto cometido por varios delincuentes es a través de la cooperación entre los agentes y los presidiarios, encontrándose ambos dentro de la comisaría. En un momento del film se preguntan si no sería necesario llamar a una entidad policial más grande, a lo que se auto contestan «pasarían de nosotros, no les importamos». Aquí Carpenter critica abiertamente el modus operandi policial y su relación con las clases más desfavorecidas. Se trata de una cinta rodada con un presupuesto bajísimo, cuyo rodaje no llegó a durar ni un solo mes. La idea para retratar esta situación es la de crear ambientes cerrados (igual que ocurre con La noche de Halloween) —o más bien aislados—, con una luz poco denotada, para que, con la ayuda de la banda sonora, también minimalista, crear una situación de claustrofobia.

Jamie Lee Curtis como Laurie en La noche de Halloween.

A diferencia del ataque que reflejaba la obra de Orwell, Carpenter pone su punto de mira en las actuaciones policiales en tres películas: La ya comentada Asalto a la comisaría del distrito 13, Están vivos y 1997: Rescate en Nueva York (1981).

Carpenter, como escribe John Muir en su libro The Films of John Carpenter (2000), ve al gobierno trabajando en contra de sus propios ciudadanos. «Carpenter es escéptico y crítico, pero viendo de cerca su trabajo revela un telón romántico debajo de su escepticismo […] una visión de que una sola persona comprometida e idealista puede marcar la diferencia, incluso si la propia sociedad no la reconociera como valiosa».

Por otro lado, los personajes de su filmografía, mayoritariamente, son entidades completamente alejadas y marginales de las distintas sociedades de su tiempo. Siempre se encuentran en oposición con la ley, pero a su vez son luchadores por la libertad. Desde el slasher, hasta los confinamientos policiales, pasando por las invasiones alienígenas, todas las temáticas son adornadas bajo una cortina de terror, donde el mensaje es que el problema —y también la solución— somos nosotros mismos.




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Texto de Adolfo M. Rodríguez | © laCiclotimia.com | 3 agosto, 2020
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Texto de Adolfo M. Rodríguez
© laCiclotimia.com | 3 agosto, 2020

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