J.D. Salinger
| Escribir, ese oficio oscuro y solitario

El escritor americano representa un punto clave dentro de la Historia de la Literatura norteamericana del siglo XX. Repasamos vida y obra del genial y controvertido autor de El guardián entre el centeno.

102 años hubiera hoy cumplido uno de los tipos más obcecados en su soledad desde que El guardián entre el centeno se convirtió en un longseller allá por 1951. Ubicada su residencia familiar en la neoyorquina Park Avenue, su padre Solomon era un judío de ascendencia polaco-lituana que se dedicaba a la importación de carnes y quesos europeos. Por otro lado, Marie, su madre de ascendencia alemana, nació en Iowa, y debido a la trágica muerte de sus padres, también se convirtió al judaísmo, pasándose a llamar Miriam.

Salinger durante la Guerra, escribiendo.

Debido a que no fue buen estudiante, Jerome David se graduó en 1936 en una academia militar de Pensilvania y estudió arte en la universidad sin continuidad. Quedaba seguir la estela de su padre en su oficio, que le hizo viajar a Austria y Polonia, llegando a conocer a personas que no sobrevivirían al Holocausto. Tras volver de Europa y matricularse en un curso de escritura creativa impartido por Whit Burnett (editor de la revista Story), sus primeros relatos empezaron a ver la luz en diferentes publicaciones (Esquire, Collier’s…), aunque su sueño durante años fue hacerlo en The New Yorker y no fue hasta que diera en uno de sus muchos relatos con el personaje de Holden Caulfield (futuro protagonista de El guardián entre el centeno) cuando se lo hicieron editable, siendo esta publicación aplazada debido a la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

Alistado de nuevo en el Ejército, participó como agente de inteligencia y sargento en batallas como la del bosque de Hürtgen o las Ardenas, ayudando a la liberación del grupo de campos de concentración de Dachau, aunque debido al contraespionaje Jerome no llegó a licenciarse como militar y se lo llevaron a Núremberg, donde vivió un romance con una oftalmóloga alemana llamada Sylvie que estuvo marcado por el trauma de la guerra y las normas de no confraternización entre soldados estadounidenses.

El guardián entre el centeno fue una novela polémica, ya que en ella el personaje de Caulfield, ese eterno adolescente, rebelde, inadaptado e inmaduro alcanzaba con una potente y perspicaz voz las grietas del sueño americano.

Salinger, a punto de golpear a un fotógrafo.

Quedaba poco para que se publicará El guardián entre el centeno, que se hizo muy popular entre críticos y jóvenes y que, a su vez, y hasta el asesinato de John Lennon, fue una novela polémica, ya que en ella el personaje de Caulfield, ese eterno adolescente, rebelde, inadaptado e inmaduro (mezcla explosiva que solo podía explicarse por sus orígenes adinerados) alcanzaba con una potente y perspicaz voz las grietas del sueño americano. Caulfield es un personaje, además, que siendo muy literario odia el cine, por lo que —de superficial espectáculo, supone— le gustaría compartir inquietudes con gente que le aporte en este sentido. En su lectura, todavía hoy encontramos imágenes que se han convertido en símbolos, como esos patos, que interrumpen el monólogo de Holden y lo sitúan como personaje, dentro de la tenebrosa historia que protagoniza, tenebrosa al menos para la época en que fue concebida. Al poco tiempo saldrían publicados tres libros más, esta vez de relatos cortos: Nueve cuentos (1953) —que alumbraría gracias al personaje de Seymour Glass piezas como Un día perfecto para el pez banana u otras marcadas también por el trauma bélico como Para Esmé, con amor y sordidez—, Franny y Zooey (1961), o las algo más largas Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour, una introducción, que se publicarían en un mismo volumen.

A partir de finales de los 60, Salinger abandonaría su residencia en Nueva York, para trasladarse a Cornish (New Hampshire), a una casa perdida casi de la civilización y donde seguiría escribiendo, a pesar de que la prensa (con sus frecuentes robados) y de los ataques de su propia hija Margaret (producto de su relación posterior con Joyce Maynard) en su libro de confesiones El guardián de los sueños, no le hiciesen su estancia todo lo plácida que quisiera para entregarse de lleno primero al budismo zen, y después al hinduismo Vedanta Advaita.

Tanto en su biografía como en el documental posteriormente estrenado, Shane Salerno se hace eco a través de un primer material de Paul Alexander de estas y otras historias, así como de la esperanza de que, fallecido el novelista que nos ocupa en enero de 2010, se llegue a publicar todo lo que escribió.



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Texto de Daniel González Irala | © laCiclotimia.com | 1 enero, 2021
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Texto de Daniel González Irala
© laCiclotimia.com | 1 enero, 2021

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