Freddie Mercury y Montserrat Caballé, la historia de una amistad
| La creación de un himno olímpico y musical

¿Quién no conoce a Freddie Mercury? Aprovechando el que hubiera sido su 74 aniversario, hablamos sobre uno de los episodios más emotivos y personales del vocalista: el encuentro y su amistad con la cantante lírica Montserrat Caballé.

Barcelona, la ciudad que acogió su primer encuentro

Una noche de mayo de 1983 Freddie Mercury acudió al Royal Opera House de Londres para ver la representación de Un ballo in maschera (Giuseppe Verdi, 1859). El vocalista de Queen acudía para ver a su admirado Luciano Pavarotti, sin saber que esa noche cambiaría su vida. Cuando Montserrat Caballé apareció en el escenario, Mercury no pudo contener la emoción y afirmó que ella se había convertido en su cantante preferida.  

Los artistas no se conocieron personalmente hasta el mes de marzo de 1987, en un encuentro que surgió tras unas declaraciones de Mercury en el programa Informe semanal de TVE. En ellas, el cantante afirmó que Caballé era su artista favorita y que soñaba con hacer un dueto y un trabajo con ella. Este comentario llegó hasta Montserrat Caballé, quien pidió a su representante y hermano, Carlos Caballé, que organizara una cita. De esta manera, ambos cantantes se encontraron en el Hotel Ritz de Barcelona.

Mike Moran (compositor y productor de Mercury), Peter Freeman Jim Beach (mánager del cantante) les acompañaron en la velada. Tanto ellos como otros testimonios afirmaron que en cuanto se vieron, el barítono y la soprano se profesaron respeto, admiración, afecto y cariño. Esa noche, el vocalista de Queen tocó con el piano los temas Exercises in free love y Ensueño para la catalana, mostrando lo que sería más adelante su trabajo conjunto. Años más tarde, Caballé afirmó que «cuando le conocí y se puso al piano a improvisar, me di cuenta de que estaba ante un músico, no de alguien que utiliza la claqueta, tac-tac-tac».

La historia antes de las Olimpiadas del 92

Imagen promocional Barcelona.

En encuentros posteriores, ambos artistas comprobaron que sus formas de trabajar encajaban a la perfección. Incluso la soprano estaba familiarizada con temas de Queen, algo que sorprendió gratamente al vocalista de la banda. Además, su complicidad se extendía más allá de lo artístico y profesional, pues en lo personal también se entendían muy bien. Tanto fue así que en el Hotel Ritz de Barcelona se pusieron las bases para uno de los duetos más famosos e históricos: Barcelona, el himno olímpico entre Caballé y Mercury.

El tema Barcelona fue compuesto por Freddie Mercury y Mike Moran años antes de que las Olimpiadas se empezasen a preparar. Antes incluso de que Caballé supiese nada, ambos ya lo crearon pensando en ella. Afortunadamente, la soprano aceptó de buen grado el proyecto y quedaron en interpretar juntos esta canción en la inauguración de las Olimpiadas de Barcelona de 1992. Por desgracia, eso no sucedió por las razones que os explicaremos a continuación, acompañadas de algunas anécdotas sobre la relación de ambos músicos.

Antes de ni tan siquiera saber nada sobre el tema, el entonces alcalde de Barcelona, Pascual Maragall, ya había invitado a Montserrat Caballé a participar en los actos previos relacionados con las Olimpiadas. A raíz de esto y teniendo en cuenta la buena relación que ella tenía con el vocalista de Queen, su hermano y mánager propuso a la soprano realizar un dueto con Mercury para el acontecimiento. Con esta idea en la cabeza, las cosas fueron sobre ruedas.

La primera vez que ambos cantaron este tema fue en la discoteca Ku de Ibiza, el 30 de mayo de 1987. El escenario de ese local, que actualmente se llama discoteca Privilege, acogió la actuación de estos artistas dentro del especial televisivo de TVEIbiza 92. Pese a ser un playback, los dos cantantes emanaban muy buena energía y sintonía. Se cogían de la mano, mostraban muy buena conexión y el vocalista de Queen besaba a la soprano con ternura. La complicidad escénica, artística y personal entre Mercury y Caballé era más que evidente. 

El resultado fue un show que muchos periodistas y espectadores calificaron de «histórico» ya entonces, y que actualmente lo es sin ningún tipo de duda. Unas 2.000 personas presenciaron un evento que costó unos 300 millones de pesetas (1,8 millones de euros) y que contó con 150 trabajadores, sin contar Policía local y Guardia Civil. Otros artistas y formaciones que también participaron en la gala fueron El último de la fila, Duran Duran, PoisonHombres G, Nona Hendrix y Spandau Ballet.

La confesión de Mercury que cambió el curso de los sucesos

Monserrat Caballé y Freddie Mercury en 1989.

Como ya hemos comentado, la complicidad entre ambos intérpretes era evidente e iba mucho más allá de lo profesional. En las distancias cortas, Caballé era la confidente de Mercury. De hecho, poco después de esa famosa actuación en Ibizael vocalista de Queen supo que era portador del VIH, uno de los virus más estigmatizados y ocultados por quienes lo padecen. En cuanto lo supo, decidió confesárselo a la soprano. Ella no se dejó llevar por todos los estigmas de la enfermedad y apoyó a Mercury hasta sus últimos días. En una entrevista para la agencia EFE de hace unos años, Caballé confesó lo siguiente: 

«Me lo dijo. Entonces tuvimos la oportunidad de crear canciones en las que todas tienen significado. Me emocionó porque estábamos haciendo algo muy especial y eso no pasa a menudo; no siempre tienes la suerte de cantar con alguien que se va, que lo sabe, y estar interpretando con él su último adiós».

El silencio de la soprano fortaleció su vínculo con Mercury e hizo que él se sintiera muy acompañado y apoyado. Además, ambos eran personas bastante religiosas y sus respectivas creencias hicieron que esa unión fuera aún más estrecha y cercana. De ahí que sus colaboraciones, actuaciones y encuentros fueran aún más frecuentes pese a lo ajetreado de sendos calendarios profesionales. 

Freddie Mercury

Uno de esos encuentros también sucedió sobre el escenario. En concreto, el 8 de octubre de 1988 ante las fuentes de Montjuïc en BarcelonaLa soprano y el barítono cantaron los temas How can I go onThe golden boy y Barcelona en el espectáculo La nit. El acto supuso la celebración de la llegada de la antorcha olímpica a la ciudad condal, una vez acabados los juegos olímpicos de Seúl

Estos temas forman parte del disco que ya comentábamos hace unas líneas, titulado Barcelona (1988). Esta obra supuso un antes y un después en la historia musical, pues puso en contacto dos géneros hasta entonces muy diferentes y distantes: el canto lírico y el rock. De hecho, Caballé es considerada como la pionera en la popularización de artistas de ambas disciplinas, y Mercury fue quien la convirtió en una estrella de rock. 

Los vocalistas grabaron el álbum en esas citas que conseguían encontrar en sus ajetreadas agendas. Sin embargo, la producción se hizo a distancia. Antes de entrar en el estudio de grabación, el cantante enviaba a la soprano maquetas registradas con su voz en cintas de cassette. Estos fragmentos eran las partes de Caballé en cada canción. De esta manera, ella tenía todas las instrucciones necesarias para practicar. Finalmente, el álbum se grabó entre Townhouse y los Mountain Studios de Londres, de enero de 1987 a julio de 1988. 

Freddie Mercury dijo adiós demasiado pronto

La enfermedad de Mercury hizo que su sistema inmunológico se debilitara, provocando que su estado de salud fuera cada vez más delicado. Desde el diagnóstico en 1987, el vocalista mantuvo en secreto su enfermedad, aunque la prensa británica lanzó rumores que apuntaban a que era seropositivo. No obstante, no fue hasta un día antes de su muerte que Mercury escribió un comunicado afirmando que padecía esta patología. 

Freddie Mercury falleció el 24 de noviembre de 1991 a la edad de 45 años debido a una bronconeumonía provocada y empeorada por el VIH. Su fallecimiento impidió que la actuación en los juegos olímpicos de Barcelona se hiciera realidad, aunque el tema Barcelona fue elegido como himno oficial del evento. 

Sea como fuere, Caballé le acompañó hasta el final. La soprano catalana actuó en su funeral, interpretando el aria D’amor sull’ali rosee de la ópera Il trovatore (Giuseppe Verdi, 1853) mientras el féretro del cantante de Queen desaparecía para ser incinerado en el West London Crematorium. Hoy ninguno de los dos está presente para poder explicar más historias y anécdotas sobre los años en los que compartieron amistad. Sin embargo, el legado de ambos, mutuo o por separado, es inabarcable y eterno.

 



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Texto de Maria Gateu | © laCiclotimia.com | 5 septiembre, 2020
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Texto de Maria Gateu
© laCiclotimia.com | 5 septiembre, 2020

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