François Ozon
| Un antropólogo tras la cámara del cine francés

Director y guionista francés que, como un estudio sobre el ser humano, ha ido desarrollando una filmografía diversa compuesta por obras cinematográficas totalmente genuinas pero con una estela transversal que hace inconfundible su huella.

La antropología estudia las diversas relaciones socioculturales existentes entre los seres humanos con el objetivo de comprenderlos. Una de las metodologías de investigación de dicha ciencia es la etnografía, que se encarga de observar acciones y expresiones del ser humano en distintos entornos. Otra que bien podría funcionar como método de investigación es la carrera cinematográfica del director François Ozon. Como un antropólogo, el cineasta francés ha desarrollado durante toda su carrera un inusitado interés por las relaciones sociales y el comportamiento del ser humano. Ozon se coloca tras la cámara para observar, crear y mostrar a través de sus guiones la construcción, descubrimiento y también deconstrucción de sus personajes.

«Quería tomarme unas vacaciones de mí mismo. Quería aire libre, juventud… Y, lo que son las cosas, mi deseo ha coincidido con el deseo de tantos que desean recuperar la sensación y el tacto de la piel en un momento en el que no podemos tocarnos…». François Ozon[1].

Dicho estudio antropológico cobra más sentido que nunca en un año convulso donde todo parece estar fuera de lugar. El director francés François Ozon vuelve a cumplir las expectativas de su audiencia y estrena de forma oportuna su nuevo film Verano del 85 (2020). Una adaptación libre de la novela Dance on My Grave de Aidan Chambers que es un canto a la pasión y la libertad —tanto personal como cinematográfica—.

Desde su primera película —Sitcom (Comedia de situación) (1998)—, el director ha mantenido el mismo ritmo rodando prácticamente cada año un nuevo largometraje, dando forma así a su sello que a día de hoy atraviesa cada creación sin dejar lugar a dudas sobre su autoría. No obstante, dicha línea estética y narrativa no ha coartado al director para experimentar en nuevas esferas, dado que a pesar de tener ciertas temáticas y cuestiones recurrentes, cada película es una muestra genuina de su pasión por el séptimo arte.

La destreza en la adaptación libre

Uno de los recurrentes en las películas de François Ozon es el guion que el mismo director adapta de forma libre de obras literarias o teatrales, o incluso casos reales como en Gracias a Dios (2018). Dos de los films adaptados que más se miran entre ellos son 8 mujeres (2002) y Potiche, mujeres al poder (2010). Con las magistrales interpretaciones de actrices del cine francés de la talla de Isabelle Huppert o Catherine Deneuve, respectivamente, el director desarrolla las historias de dos mujeres blancas de clase alta que se van resolviendo a lo largo de la trama, conociéndose y tomando fuerza sobre la figura del hombre que las ensombrece o atrapa —la elección de protagonistas mujeres es algo recurrente también en su filmografía—. Ambas adaptaciones respetan el tono teatral de la obra original con unas localizaciones muy cuidadas, e incluso reduciéndolas en 8 mujeres a una sola casa como analogía del escenario —también sugerido con las miradas de las actrices que rompen la cuarta pared y colocan a el/la espectador/a en la platea—. Del mismo modo, la nota musical aparece en ambas películas, aunque la extravagancia que roza lo kitsch en la primera, se ve reducida en Potiche, mujeres al poder a alguna canción que suena desde los altavoces o a la última actuación estelar de la gran Catherine Deneuve. Por otra parte, habría que destacar el talento del director francés a la hora de desenvolver sus conocimientos y gustos cinematográficos a través del cromatismo y la selecta composición de los encuadres en ambos filmes.

El humor y el sarcasmo, de la extravagancia a la elegancia

La comedia, ya sea de forma sutil o excéntrica, es uno de los géneros que el director y guionista François Ozon más ha utilizado en su filmografía. Dentro de dichas películas, En la casa (2012) es la obra en la que despliega con elegancia y mayor sutileza, el humor y el sarcasmo extravagante que ya reflejó en películas como 8 mujeres, Ricky (2009) o la sátira de su ópera prima Sitcom (Comedia de situación). Desde dicho enfoque, Ozon vuelve a adaptar de forma libre una obra literaria, en este caso la denominada El chico de la última fila del escritor Juan Mayorga. Una película redonda donde se refleja de forma evidente la pasión del director por el arte en general, y el meta-arte en este caso, donde cine y literatura, ficción y realidad, se abrazan de forma exquisita incluso dentro de la propia trama de la película. Trama que cobra vida gracias a la brillante interpretación del actor Fabrice Luchini que encarna al profesor Germain, artista que ya formó parte de la filmografía del realizador en Potiche, mujeres al poder.

Lucha de identidades, diversidades y otras inquietudes del ser humano

El tema de las identidades y las dudas sobre las mismas es algo recurrente en la filmografía del cineasta francés. En Frantz (2016) —rodada en 35mm y con la que más se aleja de su línea autoral tanto estética como narrativamente—, se encarnan en la/el protagonista una serie de dudas existenciales sobre qué conforma la identidad de cada persona y qué puede hacernos querer vivir o no. Una reflexión sobre el sentido de la vida en la incierta época que sucedió a la I Guerra Mundial. Desde la sutileza y la elegancia del blanco y negro se van descubriendo las mentiras y los rasgos identitarios ocultos de los personajes, tal y como Alfred Hitchcock hizo en su día con películas como Vértigo (1958), obra maestra que vuelve a recuperar Ozon en su film El amante doble (2017) incluyendo como guiño un plano cenital de las escaleras por las que la protagonista sube hacia su terapia, que será a su vez el detonante de una trama psicoanalítica donde la protagonista —interpretada de forma soberbia por la misma actriz principal de Joven y bonita (2013), Marine Vatcth— se irá sumergiendo en una oscuridad repleta de deseos y temores escondidos, en la misma línea de Enemy (2013) de Denis Villeneuve.

Un film donde también el realizador continúa experimentando y demostrando sus destrezas dentro del cine, reflejando el tema circundante de la trama a través de recursos cinematográficos como la simetría; con puntos de giro y secuencias que bien podemos ver en el cine de suspense de Aronosfsky, con tintes eróticos; sexualidad que refleja también en su anterior película La piscina (2003) donde, con un enfoque más intimista e incluso «voyeurístico», vuelve a reflejar una trama donde ficción y realidad de desdibujan en el meta-arte de la literatura dentro del cine. Literatura que esta vez se aborda desde la perspectiva de una escritora de cine policíaco que necesita encontrar inspiración, interpretada por otra gran estrella del cine como es Charlotte Rampling, y que no decepciona con su actuación. Además, también lleva a cabo una técnica que ya empezó a utilizar en 8 mujeres, encuadrando de forma exquisita a la protagonista que observa tras alguna ventana o puerta. Técnica que la académica de cine chino Gina Marchetti denomina como «fishbowl», y que se utiliza para representar a las mujeres que se encuentran atrapadas de forma metafórica, como en una pecera, siendo observadas.

François Ozon es uno de los directores y guionistas del cine francés que ha conseguido un espacio relevante y establecido una firma inconfundible dentro de la industria cinematográfica europea, gracias a su pasión y su talento a la hora de escribir y dirigir películas genuinas.

Finalmente, qué sería hablar de identidades sin abordar el género. François Ozon empieza a dar pinceladas de diversidad con el tema de la homosexualidad en 8 mujeres, pero no es hasta Una nueva amiga (2017) cuando el director despliega el espectro de género y se aleja de sus habituales parejas heterosexuales protagonistas para abordar el travestismo y la temática trans. Aunque desde el inicio hasta casi el desenlace del film parece que la protagonista Virginia —interpretada por el actor Romain Duris— sigue simplemente un juego de travestismo, finalmente el director deja clara la idea de que Virginia es una mujer trans que para ser feliz lo único que necesita es que se le reconozca por lo que es, una mujer. En definitiva una obra que aborda la diversidad de identidad y de orientación sexual desde un prisma que habría que analizar con filtro dado que quizás cae demasiado en la comedia y los tópicos, pero que podría ser un buen comienzo para plantear y mostrar a través del cine un espectro más amplio de identidades de género y orientaciones sexuales.

François Ozon es uno de los directores y guionistas del cine francés que ha conseguido un espacio relevante y establecido una firma inconfundible dentro de la industria cinematográfica europea, gracias a su pasión y su talento a la hora de escribir y dirigir películas genuinas, sin dejar de experimentar y sobre todo sin dejar de estudiar al ser humano a través de su cámara.


Artículo perteneciente a la serie: GRANDES CINEASTAS   

  1. El Mundo, «François Ozon: «Al homosexual se le pide y se le exige todavía ser discreto»», https://www.elmundo.es/cultura/cine/2020/10/08/5f7dfd3dfdddff53a18b4667.html[]


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Texto de Sofía Otero Escudero | © laCiclotimia.com | 15 noviembre, 2020
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Texto de Sofía Otero Escudero
© laCiclotimia.com | 15 noviembre, 2020

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