Final Fantasy VII Remake
| La nostalgia hecha espectáculo

Plataformas: PS4 | Desarrolladora: Square Enix | Editora: Square Enix | Distribuidora: Square Enix | Género: RPG | Lanzamiento: 10/04/2020 | Textos: Español | Voces: Inglés | Multijugador: No |

La revisión del mítico RPG sorprende con su despliegue gráfico. El regreso de Cloud no merecía menos.

Vivimos tiempos, dicen, de limitada imaginación. Tiempos en los que, aparentemente, se abusa de ideas pasadas en forma de remakes y se echan en falta nuevas historias. Pero, 23 años después de su lanzamiento, si un juego tenía más que justificada una revisión era Final Fantasy VII, lanzado para PlayStation en 1997. Sí, ya ha llovido. Final Fantasy VII Remake eleva el concepto de nostalgia a la categoría de arte —al menos, como veremos después, en lo que compete a su aspecto visual—.

Las primeras noticias acerca de esta remasterización empezaron a sonar, como música celestial para los fans de la saga, en 2013 y su desarrollo se confirmó definitivamente en el E3 de Los Ángeles de 2014. Tras idas y venidas, temporadas largas sin noticias y alguna que otra crisis de fe, por fin se presentó material nuevo y una demostración en el E3 de 2019. Y el mundo del videojuego respiró tranquilo.

En Final Fantasy VII Remake volvemos a meternos en la piel —y en el pelazo, por qué no decirlo— de Cloud Strife, un mercenario a sueldo que comienza a trabajar para Avalancha, un grupo terrorista del que poco a poco iremos descubriendo sus intenciones y el trasfondo real de sus actos. Y la historia arranca con la llegada en tren al reactor Mako número 1 en el que Cloud, Barret y compañía harán frente por primera vez a la misteriosa multinacional Shinra. Y nuestros ojos no creerán lo que ven.

Las escenas cinemáticas durante los combates son de otro planeta.

Porque la calidad gráfica de este título es sobrenatural. Habrá instantes en los que no sabrás distinguir una escena cinemática del momento en el que vuelvas a estar a los mandos del bueno de Cloud. El modelado de los personajes, las animaciones, expresiones faciales… no hay nada que no sea sobresaliente. Si acaso cierta brusquedad de movimientos en personajes no-jugables, o alguna textura rebelde que tarda en cargar. Minucias, en todo caso, en un global de escándalo.

Merecen especial atención las ambientaciones, tanto nocturnas como diurnas. Las primeras, por sus impresionantes efectos de iluminación. Sobrecogen las espectaculares vistas de Midgar o las callejuelas de los suburbios del Sector 7, diseñadas y decoradas con escrupuloso detalle. Y las segundas, por saber demostrar que a plena luz y sin rincones oscuros en los que ocultar defectos, los gráficos siguen siendo —nunca mejor dicho— deslumbrantes.

La calidad gráfica es sobrenatural. Habrá instantes en los que no sabrás distinguir una escena cinemática del momento en el que vuelvas a estar a los mandos de Cloud.

Si hay algo crucial en cualquier obra audiovisual que se precie es contar con una banda sonora a la altura. Y la de Final Fantasy VII Remake raya la perfección. Ya lo era en el original de 1997 con las composiciones de Nobuo Uematsu. Ahora, con nuevas versiones orquestadas y algunas remezclas en las mismas, la calidad es prácticamente inmejorable. 

La llegada a la barriada o el primer encuentro con Aeris se nos grabarán a fuego gracias, en gran parte, a estas maravillosas e inolvidables melodías. Ya no solo por su calidad sino por la melancolía que irradian. No se conforman con llegarte al corazón. Aprietan, inclementes, hasta dejarte sin aliento y hacerte cosquillas en las glándulas lagrimales.

Es quizá en la parte jugable en la que se puede poner algún pequeño pero. Y es que uno de los cambios más perceptibles —probablemente el que más— respecto al título original es la eliminación del clásico combate por turnos en favor de un estilo más cercano a la acción tradicional y más acorde a los tiempos que corren.

Servidor, amante de las posibilidades estratégicas y del encanto especial de las luchas por turnos, ha de confesar que no veía con buenos ojos este giro de —casi— 180 grados. Pero Square Enix se ha sacado de la manga un sistema de combate que es un 90% en tiempo real y un 10% de reminiscencia del estilo clásico.

Durante cada enfrentamiento podremos pulsar el botón X —habrá que esperar a que esta acción se cargue durante la batalla para que esté disponible— con el fin de detener el tiempo y ejecutar diversas acciones: usar una poción, un hechizo curativo o de ataque, una de las míticas invocaciones… De ese modo, y a pesar del concepto frenético en el que están diseñados los combates, podremos pararnos a pensar y a elaborar una táctica especialmente efectiva contra el malo de turno.

También será posible, usando la cruceta, cambiar de personaje y pasar a controlar a otro miembro de nuestro equipo. Así, Barret tendrá mucha mejor efectividad para eliminar objetivos lejanos —no esperábamos menos de su brazo-metralleta— y Tifa será una especialista letal en ataques cuerpo a cuerpo. Todo esto hace que las peleas estén muy alejadas de convertirse en un machacabotones sin alma. 

El problema viene cuando, en el fragor de la batalla, perdamos de vista al resto de enemigos o la cámara haga algunos movimientos bruscos que nos saquen de la acción. No es un problema grave, ni mucho menos, ni es algo que ocurra constantemente, pero cuando lo hace afea el conjunto y afecta a la jugabilidad.

Disfrutando de los fuegos artificiales.

Por otro lado, y es algo que los jugadores más experimentados sabremos perdonar con más facilidad, Final Fantasy VII Remake es un título excesivamente lineal en ocasiones. Esto no es algo negativo de por sí, y es acorde con la mecánica jugable del título original de 1997, pero quizá podría haberse incluido alguna misión secundaria más o reducido la sensación de que las principales son demasiado «pasilleras». Nada imperdonable en todo caso.

Parecía que nunca llegaría pero la espera mereció la pena. La aventura que nos pone Final Fantasy VII Remake ante nosotros es, salvando algunas pegas puntuales, colosal y mucho más que una reedición. Es un homenaje a toda una generación y un hito en la historia del videojuego. Es consciente en todo momento de su trascendencia pero no se regodea en ella: la historia será épica cuando tenga que serlo y en otras se asemejará a un cuento de hadas

Y volveremos a identificarnos con los protagonistas, a odiar a los —a veces cliché— villanos, a intentar salvar al planeta de un terrible «final» (no queremos hacer ningún spoiler sobre la conclusión del juego), a visitar ciudades llenas de magia y a pelear contra monstruos y enemigos formidables. 

Porque Final Fantasy VII no es solo nostalgia. Es puro espectáculo.




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Texto de Alber Romero | © laCiclotimia.com | 27 abril, 2020
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Texto de Alber Romero
© laCiclotimia.com | 27 abril, 2020

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