Eric Jiménez, batería de Lagartija Nick y Los Planetas
| «Los Planetas hemos sido vetados en algunos festivales por tener la lengua muy larga»

Eric Jiménez, el baterista más premiado de la música española, quiere seguir dando golpes, muchos más de los cuatro millones que forman parte del título de su libro biográfico. Dijo que no habría segunda parte, pero parece ser que le quedaron golpes en la recámara de su memoria y escribe con los recortes sobrantes de la primera entrega un nuevo titulo. Recibe en su bar, el de Eric, un museo de la música «made in Granada», de su carrera, de las vivencias por las diferentes bandas a las que ha puesto sus baquetas. Mascarilla, gel hidroalcohólico, me da el codo. Hay que seguir, salir de esta, y se saldrá. Conversación sobre Morente, el indie, Los Planetas, las subvenciones, las discográficas, la crisis del bicho, y cómo saldremos. También el recuerdo al amigo Jesús Arias, el líder de TNT, la cabeza pensante y autor póstumo del último disco de Lagartija Nick, ese que falleció con la carta de despido entre las manos, un golpe para Eric que valió por millones.

Dicen que las crisis como la del coronavirus son buenas para la creación, que suelen salir cosas interesantes.
Eso es consuelo de tontos, porque las crisis son una putada. Dicen que en las crisis te reinventas, pero también cuando te ponen un arma apuntando a la cabeza reaccionas de una manera que de otra forma no lo harías.

Cómo empresario hostelero sí le habrá afectado.
Me ha afectado para mal porque Granada es una ciudad que vive del turismo y de los estudiantes. Y es que en marzo era cuando se sacaba para poder tirar los veranos y pagar los gastos. Se está sobreviviendo y el que sobreviva podrá salir adelante.

¿Y en el aspecto musical?
Una tragedia. Me han dado hostias por todos sitios. Estoy en las dos disciplinas que más jodido lo tienen: el mundo artístico y la hostelería.

Sin embargo  hay un sector de la música que no depende tanto de las ayudas y subvenciones, de los conciertos y programas patrocinados y que puede resistir mejor.
Sí, resistencia va a tener aunque viniera un tsunami, porque cuando estás en el mundo artístico aunque no percibieras ni un duro por ello va a estar el resto de tu vida contigo. La cuestión es en qué condiciones vas a estar. Cuando te dedicas a cualquier disciplina artística debes ser consciente de que eres un romántico, porque tienes que renunciar a muchas cosas de tu vida y siempre permanecer en la cuerda floja. Los pelotazos no duran siempre. Hay que tener en cuenta que hasta que llegas a cotizar por esa actividad tienes treinta o cuarenta años.  Y una crisis así es muy peligrosa para la subsistencia del mundo del arte, pero con la música no se va a acabar nunca. Pero si ya eran nefastas las condiciones en las que vivían muchos artistas pues con esto… Quizá los artistas pequeños todavía puedan resurgir, porque en una sala de mil personas metes a doscientas pues es rentable, pero generalmente y aunque fuera así tampoco pueden vivir y seguirán en las mismas de siempre. El problema lo tienen los grandes, que tienen unos gastos que no podrían asumir. Con esta crisis se va a seguir en crisis.

«La mayoría de la gente que dice que participó en la grabación de Omega solo estuvo allí dando por culo»

Fotografía: Juan Luis Tapia

Hay grupos que estaban «mal acostumbrados», que acaparaban los conciertos subvencionados por ayuntamientos y diputaciones.
Eso se acabó hace bastante tiempo, pero existió sobre todo en los años ochenta cuando se cobraban cachés desmesurados. Ahora mismo el valor que tienes es el valor que metes, las entradas que vendes. De hecho desde que se acabaron esas subvenciones hubo un movimiento al que se le llamaba indie o música alternativa que empezó a tirar por otros derroteros y empiezan a surgir los festivales. De buenas a primeras, como se acaban las fiestas de los pueblos y las subvenciones, todo el mundo es indie, y el flamenco es indie, el jazz, y ahora el indie son los cuarenta principales. Ahora mismo el indie es una marca que se ha inventado la prensa musical, al igual que el punk es el aborto del rock and roll y hay que encasillarlo y meterlo en un espacio para venderlo de alguna manera.

¿Ser verdaderamente indie es un acto de valentía?
En el indie, en el flamenco, en el jazz y en lo que sea ser indie es ser honesto contigo mismo con lo que haces. Se le llama indie a la gente que no estaba en los circuitos comerciales, que no tenía una gran experiencia, que se fijaba más en la imaginación que en el virtuosismo, y que sonaba en unos canales no preestablecidos.

¿Una fórmula de independencia es crear un sello propio, el «yo me lo guiso y yo me lo como»?
Esa forma de crear sello propio la veo bien para el mundo editorial, para los libros, pero el que lo hace en la música es porque no lo ficha nadie, y no significa que no valga sino que me gusta esto pero si no lo hago yo no me lo edita nadie. Luego las independientes que se están moviendo y tienen una larga trayectoria, casi todas acaban siendo una multinacional, así que todo es mentira.

¿Quieres decir que esos sellos independientes acaban rindiéndose al mercado?
Totalmente, y se acabó lo indie. Muchas veces es hasta más peligrosa la edición indie que la de una multinacional porque te grabas un disco, llevas ese disco que has pagado tú, el contrato es un abrazo y puede que vendas cinco o seis mil copias, y no sabes ni lo que estás vendiendo. Hay un trasiego de compañías que a veces llego a fiarme más de una multinacional que de una independiente, aunque no lo son todas.

Fotografía: Juan Luis Tapia

¿Has pasado por multitud de bandas y grupos, no le da la sensación de ser el batería comodín de público?
Jejejeje… Llevo tantos años en la música que me ha dado tiempo de tocar con mucha gente, pero sí, me da la sensación de ser el comodín del público.

¿Qué significó para su vida artística trabajar en el disco Omega  y conocer a Enrique Morente?
Yo estoy más enamorado de Enrique Morente que del flamenco. A nivel creativo percibí que se estaban currando unos sonidos que no eran del rock convencional ni las influencias de grupos como Pata Negra, que eran buenísimas. Me encantaba ver como había un choque de coronas ahí, y me impactó. A mí no me gusta el flamenco pero identifico la voz de Enrique con la voz de Granada. Escucho la voz de Enrique y me imagino la Alhambra, de ahí que viera en Omega un disco puramente granadino, con Leonard Cohen, con Lorca, con Poeta en Nueva York. Tenía muchas ganas de hacer algo muy granadino. Era un gran fan de la Semana Santa y me inspiré en el tambor de la procesión del Silencio. Lo que hice en algunos temas de Omega era imitar los pies de un bailaor con las baquetas.

¿En Omega encontró eso que García Lorca llamaba duende?
Yo era un músico muy influenciado por la música americana y anglosajona, y cuando ves que no pierdes esos matices, los llevas a tus raíces. Aunque a mí me tocan los huevos las raíces, porque soy más de plástico, prefiero el punk al rock puro, y me gusta el rock mal tocado, lo artificial. Es curioso que al meter el sonido de Lagartija Nick se transforma Omega en algo clásico al cabo del tiempo. Es como si Lagartija Nick hubiera hecho el ruido de Nueva York y Enrique cantara a Lorca desde el Empire State. Son cosas que vas encontrando, y ahí surge el duende, sientes que ha estado ahí.

«Estoy más enamorado de Enrique Morente que del flamenco»

Nunca participó más gente en un disco que en Omega, y todo el mundo dice que estuvo allí.
Sí, la mayoría dando por culo. Había mucha gente, que incluso sale en el documental, que dice que estuvo allí, pero dando por culo, metiendo uña y diciendo que aquello era una mierda. El documental de Omega es magnífico, pero todos los documentales mienten, y no es que mienta el documental sino la gente. Es como si al estar de siesta veraniega tras una buena comida escuchas de fondo un documental de National Geographic en el que se dice que el escarabajo pelotero puede levantar con una sola pata el peso de dos lunas. ¡Vete a la mierda, eso es mentira! Todos los documentales necesitan su espectáculo.

Fotografía: Juan Luis Tapia

¿Supo rodearse Morente de gente como Jesús Arias para crear Omega?
Enrique se rodeaba de gente intelectual, de la que se empapaba de tal manera que quizá el intelectual no podría transformar en su arte como él lo hacía. Es una simbiosis magnífica, porque cualquier comentario que le hacía Jesús Arias lo transformaba Enrique en algo propio. Los maestros estudian e inventan, y los genios copian.

Gracias a la OJE llegas a la batería, pero cómo ha sido su formación.
Me metí en la OJE porque era la única manera que encontré para tener un tambor, y no tenía ni idea de lo que era aquello, pero al final no me dan el tambor y me ponen de mascota, como si fuera la cabra de la Legión. Tenía buena muñeca, redoblaba muy bien, pero el tambor pesaba mucho y con siente años no podía llevarlo. Me impresionaban los tambores de la procesión de la Soledad, que era la que pasaba por mi calle, y aquello era un acontecimiento. Más tarde ingresé en el coro de los Salesianos y empecé a tocar la guitarra, con el Padre Nuestro, con el coro, en la Iglesia, y de ahí, claramente pasé al punk. En la batería he sido y soy autodidacta. Empecé a estudiar por mi cuenta para dar clases y tener un sistema de enseñanza. Uno de mis grandes maestros fue Jesús Arias. Yo empecé en KGB y Jesús estaba en TNT, ensayábamos juntos e incluso hice conciertos con ellos. Jesús ha estado muy presente en mi vida, en grandes momentos de mi carrera musical.

¿El secreto de Los Planetas es su verdadera independencia, y qué precio tiene mantenerla en estos tiempos?
La independencia, la independencia es el secreto, y eso tiene el precio más caro de mundo porque, entre otras cosas, tienes que enfrentarte a tu propio público, cuando todos los grupos lo miman. Esto no significa que Los Planetas no cuiden de sus seguidores, pero las personas crecemos y pensamos de manera diferente, y el lenguaje va evolucionando. La verdad, cuando escucho ahora a los Hombres G con el Sufre mamón, y a mi edad de cincuenta años pues no me creo ese mensaje. Hay un planteamiento claro, que consiste en componer para el público o para ti.

¿Cómo es su trabajo con Los Planetas?
Jota es la cabeza, quien crea el patrón de las canciones que se van cociendo en los ensayos, les damos vueltas, y cuando las tenemos las grabamos. Nos gusta grabar en el instante, en el directo, en lo que va saliendo, y no usamos el método antiguo, en el que teníamos que llevar todo preparadísimo al estudio, que era carísimo. De hecho, en los años ochenta todo suena muy mecánico y sin alma, porque todo era muy ensayado. Hay una gran diferencia con discos como los de Bowie en los que se notaba que se lo están currando, que están haciendo tomas en directo como The Beatles. Nosotros retrocedimos desde el momento en el que tuvimos el estudio de grabación, donde podemos hacer tomas diferentes y más frescas. En la mayoría de nuestros discos sacamos las canciones y luego, cuando están en directo, les damos una vuelta más porque la canción ha ido evolucionando. Los Planetas es en gran parte interpretación.

«Cuando se acabaron las fiestas de los pueblos y las subvenciones todo el mundo se hizo indie»

Fotografía: Juan Luis Tapia

¿Por eso los conciertos de Los Planetas son tan apreciados por el público?
Creo que hemos dado con un sector de población al que le llegaron muy bien las letras, algunas de ellas fueron himnos generacionales. Además, hay gente que ha crecido con nosotros. A la gente, a los melómanos, les gusta ver que su banda se mueve. Podemos tener seguidores a los que no les puede gustar uno de nuestros discos, pero reconocen que es un gran trabajo musical.

¿El ir contra el sistema, las letras contra el poder, esa especie de militancia os ha ocasionado problemas?
Sí. Tenemos la lengua muy larga. Sí, en algunos festivales estamos vetados porque nuestro mensaje no lo ven políticamente correcto, pero eso es lo que hay.

Último disco con Lagartija Nick, Los cielos cabizbajos, con las letras de Jesús Arias y guiños a la música sacra, coral, sinfónica.
Eso es obra de Jesús, quien en los últimos años de su vida estaba muy metido con la música sacra, con las corales e inmerso en un gran misticismo. Siempre fue un tipo muy místico a lo que se unió la influencia de Jorge Morata y pudo llevar a partituras todo lo que tenía en la cabeza. Ha sido una experiencia genial incluso en los directos, en los que he flipado, con una coral, orquesta y sin dejar de ser Lagartija, una especie de punk rock, un disco que toca el corazón y hay unas melodías muy solemnes. Es una manera de trabajar en la que estás tocando y lo estás flipando por el registro de sonidos y el colchón que uno tiene y al que no estaba acostumbrado. Quizá es que me estoy haciendo mayor y me gustan esos matices de los que antes habría pensado que eran mariconadas, pero ahora disfruto mucho de ese tipo de cosas. Cada vez disfruto más de los cambios radicales de las cosas.

¿Alguna vez se ha sentido estancado o en crisis?
No, porque continuamente he estado en búsqueda. Al estar dando clases de batería, continuamente estoy aprendiendo y haciendo ejercicios que si no los estuviera enseñando no los habría realizado nunca, porque no tenía tiempo para hacerlos al trabajar en los grupos. Gracias a las clases me estoy preparando continuamente. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de lo mal que tocaba de unos años atrás. Hace diez años era muy contundente, pero no tenía soltura con el agarre de las baquetas, y eso lo he cogido ahora gracias a las clases. Cada día me doy cuenta de cosas que no hacía bien. Te puedes estancar si trabajas siempre con la misma gente, las influencias son las mismas, el sonido.

¿Hay un Eric Jiménez diferente tras la publicación de Cuatro millones de golpes?
Nadie sabe lo que hay detrás de cada persona. Necesitaba compartir con la gente que me sigue toda mi trastienda. Al igual que ahora en este segundo libro. Trato de lo mismo, porque el primer libro era un tocho de mil páginas, así que seleccionamos, guardamos y con todo ese material llego hasta el dia de hoy. Siempre con mis reflexiones y el humor negro, y con un poco de melancolía.

¿Cambiará el mundo musical tras la crisis de la covid-19?
No tengo ni idea. Dicen que si hemos reflexionado y todo eso, pero el que es cabrón va a ser mucho más cabrón. Toda la gente dice que hemos aprendido mucho, pero el que es un cabrón lo es toda la vida. Y si es cabrón antes de la pandemia, lo será más después de ella. Vienen tiempos duros. En cuanto a la cultura, la mayoría de la gente puede dedicarse a ella porque tiene dinero y de hobby o porque gracias a otro trabajo puede tirar. Es curioso que para poder dedicarte a la cultura debas tener otro trabajo.



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Texto de Juan Luis Tapia | © laCiclotimia.com | 8 agosto, 2020
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© laCiclotimia.com | 8 agosto, 2020

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