El «otro» resplandor
| La versión que Stephen King prefería

Estados Unidos, 1997 | Dirección: Mick Garris | Título original: Stephen King's The Shining | Género: Serie de TV, Intriga, Terror | Productora: Warner Bros. Lakeside Productions | Guion: Stephen King (Novela: Stephen King) | Fotografía: Shelly Johnson | Edición: Patrick McMahon | Música: Nicholas Pike | Reparto: Steven Weber, Rebecca De Mornay, Courtland Mead, Melvin Van Peebles, Wil Horneff, Elliott Gould, John Durbin, Stanley Anderson, Pat Hingle, Cynthia Garris, Mickey Giacomazzi, Tomas Herrera, Tim Perovich | Duración: 270 minutos | Emmy: Mejor maquillaje y edición de sonido. Nominada a mejor miniserie (1997)

Estados Unidos, 1997 | Dirección: Mick Garris | Título original: Stephen King's The Shining | Género: Serie de TV, Intriga, Terror | Productora: Warner Bros. Lakeside Productions | Guion: Stephen King (Novela: Stephen King) | Fotografía: Shelly Johnson | Edición: Patrick McMahon | Música: Nicholas Pike | Reparto: Steven Weber, Rebecca De Mornay, Courtland Mead, Melvin Van Peebles, Wil Horneff, Elliott Gould, John Durbin, Stanley Anderson, Pat Hingle, Cynthia Garris, Mickey Giacomazzi, Tomas Herrera, Tim Perovich | Duración: 270 minutos | Emmy: Mejor maquillaje y edición de sonido. Nominada a mejor miniserie (1997)

Después de años mostrando su descontento con la versión de Kubrick, Stephen King adaptó «El resplandor» en esta miniserie de 1997. Calurosamente acogida en su momento, hoy nadie parece recordarla. Pero quizás haya algo en ella que rescatar.

Stephen King duerme plácidamente de madrugada en algún momento a finales de los años setenta. De repente llama al teléfono el director de la próxima adaptación de una de sus más exitosas novelas, un tipo gruñón y despeinado llamado Stanley Kubrick, preguntándole si cree en Dios. Lo que puede parecer una extravagancia menor de uno de los genios más excéntricos de las últimas décadas es en realidad una buena ilustración de la incomprensión de dos almas creativas tan enormemente influyentes pero condenadas a no entenderse nunca, como habitantes de dos galaxias separadas. Stephen King haría poco a poco notorio su descontento con la adaptación de Kubrick de su novela, casi en la misma medida que la película iba ganando adeptos y se asentaba con el tiempo como un eterno clásico de la historia del cine.

Lo que no mucha gente sabe, sin embargo, es que King tendría la oportunidad de devolvérsela a Kubrick y apostar por una nueva versión que él mismo se encargaría de adaptar. La adaptación de 1997, con el guion y la participación activa de Stephen King, fue rodada como una miniserie para televisión, lo cuál ya le impuso un conjunto de limitaciones prácticas y de presupuesto que finalmente se conjugaron, todo hay que admitirlo, en un resultado poco cinemático. Pero esto no impidió que la nueva versión se convirtiera en un éxito total de audiencia y crítica, llegando a llevar incluso un par de Emmys y de premios Saturn, un contexto de acogida que contrasta duramente con el más absoluto olvido al que la miniserie ha sido condenada en nuestros días, siempre a la sombra de la deslumbrante fama de su predecesora. ¿Cómo de merecido es ese olvido?

Lo primero es alejarse momentáneamente del juego de las comparaciones. Si uno no es Stephen King, difícilmente podrá argumentar que la versión de 1997 tiene algún remoto punto de comparación con la adaptación de Kubrick. Pero eso no quiere decir que la miniserie no nos pueda aportar una serie de enseñanzas productivas, o que no sea, al fin y al cabo, una obra entretenida llena de tensión y memorables sustos. Es más, para elogio de Stephen King, lo primero que demuestra la versión de 1997 es la solidez y efectividad del material original. La serie de 1997 es buena, más que nada, porque está basada en una buena novela, lo cual paradójicamente nos lleva a reconocer la importante deuda de la película de Stanley Kubrick con el escritor de terror.

Los dichosos arbustos con formas de animales son sin duda la peor consecuencia del exceso de literalidad de King al adpatar su propia novela.

El resplandor (1997) es una refrescante apreciación de las sólidas premisas de la novela, como los maravillosos matices del personaje de Jack Torrance y su inquietante trabajo como vigilante del Hotel Overlook. Encargado con la adaptación de su propia obra, King pudo ser tan fiel a sí mismo como quiso y más, para empezar rodando la serie en el Hotel Stanley, el edificio original que inspiró el Overlook en la novela. Pero de forma quizás poco sorprendente, es precisamente ese exceso de confianza en sí mismo la razón que está detrás de los más cómicos tropiezos, en una serie de momentos o líneas de diálogo tomadas literalmente de la novela, pero que caen descontextualizadas y poco efectivas en la pantalla. El ejemplo más evidente son los arbustos con formas de animales del Overlook, un detalle que hará salivar a los fanáticos de la novela de King, pero cuyo papel protagonista en el más lamentable de los intentos por dar miedo de la miniserie tan solo reafirman la calidad de la decisión de Kubrick de dejarlos fuera de su película.

Narrativamente, la miniserie es quizás demasiado completa, demasiado exhaustiva, alargándose innecesariamente durante más de cuatro horas para mostrarnos todo lo que en realidad nunca habíamos querido saber.

La polémica de El resplandor (1997) y la historia del pique entre Kubrick y King casi siempre rodea, sin embargo, la encarnación de Jack Torrance en la pantalla. Es de sobra conocido el malestar de King, razonablemente argumentado, de que la versión de Jack Nicholson ya llegaba estando loco al Overlook. Lo cuál es perfectamente defendible, pero no necesariamente quita valor a la obra de Kubrick. Es más, es posible afirmar, basado en La chaqueta metálica (1987), que el retrato de la locura en las películas de Kubrick es considerablemente plano y falto de matices. Pero ello no puede sino hacernos temblar y admirar si cabe más el cine de Kubrick, quien lograba transportar su francamente no muy elevada consideración por los seres humanos y sus sentimientos a una visión cinemática del poderío del director estadounidense. Stanley Kubrick tenía la misma apreciación por la humanidad que el visitante de una civilización exorbitantemente más avanzada que la nuestra. Peor para la humanidad.

Y podemos admitir también, sin problema, que la versión de Jack Torrance encarnada por Steven Weber está llena de matices y profundidad, una que quizás no encontramos en la de Jack Nicholson. Podemos defender que la miniserie de 1997 nos presenta un mundo mucho más rico y poblado de detalles, que hila francamente mejor el terror del descenso de Jack a la locura con la truculenta historia del hotel y su afinidad con los fantasmas. Narrativamente, la miniserie es quizás demasiado completa, demasiado exhaustiva, alargándose innecesariamente durante más de cuatro horas para mostrarnos todo lo que en realidad nunca habíamos querido saber.

Rebecca de Mornay y Steven Weber son los Wendy y Jack Torrance de esta versión.

El resplandor (1997) es la portadora de una extraña pero mortal condición. Por un lado, tenemos una sólida y entretenida miniserie que adapta con fidelidad una obra maestra de la ficción literaria de terror, y con un resultado elocuente, gratificante y genuinamente terrorífico en ocasiones. La miniserie incluso podría ser considerada un importante hito en la ficción de género de los años 90, una magnífica ilustración de la ahora ancestral historia de terror norteamericana de segunda mitad de siglo. El resplandor es, al fin y al cabo, una historia culturalmente reseñable en una historia del terror, donde poco a poco la familia nuclear se descompone y la figura del padre, brújula moral de la sociedad patriarcal, se derrumba bajo la fuerza imbatible del abandono y la impotencia para proveer a su familia, perdiendo para siempre su papel privilegiado como único miembro productivo de la sociedad. Pero por otro lado, El resplandor (1997) no es nada más que eso, una reseñable adaptación de interés cultural e histórico, meramente entretenido y quizás demasiado larga. Si uno busca las insondables profundidades y las inimaginables alturas a las que nos transporta el mejor cine nunca producido, entonces estará viendo la adaptación equivocada. La miniserie de Stephen King, por muy particularmente efectiva que sea, está condenada a vivir siempre a la sombra de una de las mayores producciones de terror de todos los tiempos. A pesar de sus incontables similitudes de guion y los detalles que las acercan, las dos adaptaciones parecen pertenecer a dos galaxias diferentes, como sus propios creadores. Mientras que la versión de King parece la propia de una plácida tarde de domingo lluvioso, la de Kubrick es la propia de lo profundo de una noche tormentosa. El resplandor (1997) puede tener los pies bien puestos en la tierra, pero de qué sirve la Tierra al lado de los múltiples universos que habitaban en aquel hombre llamado Stanley Kubrick.




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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 21 septiembre, 2020
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 21 septiembre, 2020

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