El monólogo humano de Almodóvar
| La presencia de la voz, la dirección de la palabra

Con motivo del estreno oficial en el Festival de Venecia del cortometraje «La voz humana» de Pedro Almodóvar, nos adentramos en la obra del mismo título, creada en 1930 por Jean Cocteau, como referencia recurrente en la trayectoria del cineasta manchego.

Ahora, a propósito de esta adaptación del monólogo cocteauniano sobre el desamparo de una mujer a punto de romper con su pareja por vía telefónica, presenta dos novedades en relación con su filmografía anterior. Por un lado, la dirección de una actriz extranjera como es la británica Tilda Swinton, que ha sido galardonada en estos días por su carrera cinematográfica; y por otro lado, la elección del cortometraje como formato elegido para la obra en cuestión.

La ausencia de «ese otro lado del teléfono», a la que remite esta pieza teatral, ha sido un rasgo subyacente en la trayectoria de Almodóvar como motivo a formalizar en un mundo ficcional, marcado por el romanticismo y la tragedia, consustanciales a la naturaleza de sus personajes. Pues este cineasta lleva a sus últimas consecuencias la intención de Cocteau de aunar un dialogo en una sola presencia para hacernos creer, sentir y escuchar a la otra voz ausente.

Tilda Swinton elegida como protagonista en este nuevo lanzamiento —tras anteriores declaraciones del director manchego sobre la dificultad de trabajar con actores extranjeros por sus límites con el idioma anglosajón para la creación de sus personajes— es un ejemplo de dar presencia a «esa otra voz» a través del trabajo y la gestualidad emocional de la actriz. Todo ello para enriquecer, al igual que en la obra de Cocteau, por un lado, lo humano, mediante el significante, y por otro lado, el drama a través de un cuerpo que escenifica un mensaje recibido por teléfono. Aparato que, como medio transmisor principal del s.XX, también, supone un motivo desde el que el director transforma y trasplanta estas dos partes, la presencia y la ausencia, como un vínculo universal de nuestro tiempo.

El cineasta lleva a sus últimas consecuencias la intención de Cocteau de aunar un dialogo en una sola presencia para hacernos creer, sentir y escuchar a la otra voz ausente.

Imagen promocional del cortometraje La voz humana, protagonizado por Tilda Swinton.

Una protagonista, un habitáculo y un teléfono son los ingredientes de la obra de Cocteau con los que el cineasta completa con este nuevo cortometraje una cadena narrativa que traspasa un discurso metaficcional, desde Mujeres al borde un ataque de nervios (1988) al transformar el dramatismo de «esa voz ausente» al género cómico, a Los abrazos rotos (2009) al transplantarla al punto de vista de un alter ego ficcional hasta desembocar en La voz humana (2020). Aún cuando sin una presencia de telefonía en el fotograma oficial del lanzamiento de esta obra, se evidencia en ella el espacio habitado por Swinton, a partir de la expresión cromática e intertextual donde convergen los dos Almodóvar, el de sus inicios y el de este nuevo siglo.

En Mujeres al borde un ataque de nervios, las voces de Cocteau son transferidas desde esa «voz humana» a la profesión del doblaje como medio influyente para introducir en plenitud el estereotipo masculino hollywoodiense frente al mundo femenino. Por un lado, a través de Iván (Fernando Guillén), presentado en el sueño de Pepa (Carmen Maura) como una voz que, sostenida desde un micrófono como Güido (Marcello Mastroniani) en Fellini, ocho y medio (8½) (1963) de Fellini, advierte el destino trágico o feliz de la amada. De modo que como actor de doblaje, el dominio del lenguaje le permitirá alcanzar tantas culturas como mujeres las representan en dicha escena, según las necesidades como cineasta, o como amante. Y por otro lado, mediante Rafael Luis Calvo como padre de la ex de Iván, Lucía (Julieta Serrano), una voz representante de la mayoría de los galanes americanos de la época dorada de Hollywood como Clark Gable, Gary Cooper o John Wayne, que fomenta la idea de la herencia patriarcal en la mujer española. Un punto de vista que Almodóvar transforma en Mujeres al borde un ataque de nervios para reactivar a su protagonista, Pepa, desde «su propia voz» herida por la huída de Iván —que también pertenece al campo del doblaje—. Así que Almodóvar establecerá diferencias entre ésta y La voz humana, a partir del atrezo que es creado sobre el monólogo francés, en cuanto a esas 48 horas previas de la protagonista a la espera de esa voz ausente que deberá recoger una maleta con los recuerdos entre ambos amantes. Entresijos que le servirán al cineasta para trasladarnos a la situación original de la obra de teatro en el cierre de este film.

En Los abrazos rotos, sin una referencia directa a Cocteau como base inspiradora, y en una etapa más sobria y madura del director a la de Mujeres al borde un ataque de nervios, establece las mismas desesperaciones sentimentales de La voz humana en dos voces diferenciadas en un mismo personaje, la humana y creadora. Por un lado, como Mateo Blanco (Lluis Hómar), un cineasta que rueda un largometraje donde conoce a la que será su amor, Lena (Penélope Cruz); y por otro lado, como Harry Caine, su seudónimo como guionista, que le permite redirigir a su amante hacia él a través de un film que ruedan juntos. Ya que, al igual que el personaje de Pepa en Mujeres al borde un ataque de nervios ligada febrilmente a la voz ausente, en el transcurso del relato, Mateo Blanco la recuperará como Harry Caine, con el montaje definitivo de su película, Chicas y maletas que dará lugar al cortometraje La concejala antropófaga. Disponible en el DVD de Los abrazos rotos, e independiente del largometraje, se presenta bajo la firma del ficcional cineasta (dirigida por Mateo Blanco y escrita por Harry Caine). Una vuelta que, aún sin aludir directamente a esa esencia de la obra de Cocteau como ocurriría en Mujeres al borde un ataque de nervios, Almodóvar con la concejala (Carmen Machi) retoma el monólogo frente a una presencia que está ausente al actuar ante una durmiente, tras beberse un vaso de gazpacho mezclado con pastillas, como es el caso del personaje interpretado por Rossy de Palma.

Esta cadena narrativa concluye con el estreno de esta versión contemporánea de Almodóvar sobre «su voz humana». Un retorno, en cuanto a la experimentación de sus comienzos en la cinematografía, al anteponer para este cortometraje el significante que alude a la parte humana del homo sapiens más allá de lo oral, con la elección de Tilda Swinton —a primera vista, tanto en la imagen como en el video de promoción, predispuesta a reflejar los rasgos de estilo del cineasta dictaminados por la obra original del poeta francés y que, enfundada en el rojo telefónico que sostenía Carmen Maura en Mujeres al borde un ataque de nervios, representa esa voz ausente cocteauniana con la que aúna la relación, entre transmisor y receptor, y que supone el reencuentro de Almodóvar con sus orígenes—. El aprendizaje de «una voz» en la que primaba lo empírico, en cuanto a la elección de actores no habituales y la síntesis en historias alentadas al formato del cortometraje que, como vía de comunicación actual, resulta tan efectiva como la telefonía en la obra teatral de Cocteau para seguir marcando la tragicomedia de cualquier tiempo.




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Texto de Mª Luz Reyes Nuche | © laCiclotimia.com | 8 septiembre, 2020
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Texto de Mª Luz Reyes Nuche
© laCiclotimia.com | 8 septiembre, 2020

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