El legado de Philip K. Dick en 5 películas
| Las adaptaciones de un visionario

Recogemos la influencia del clásico autor de ciencia ficción en el cine a través de las adaptaciones de sus obras.

Philip K. Dick (derecha) junto con Ridley Scott durante la producción de Blade Runner.

Philip Kindred Dick es considerado hoy en día como uno de los autores de ciencia ficción más influyentes y revolucionarios del siglo XX. Sus particulares dilemas en torno a la naturaleza de la realidad, sus agudos retratos de las consecuencias indeseadas del avance tecnológico y las retorcidas y caleidoscópicas tramas de sus novelas se han convertido en lugares comunes del género, haciendo directamente imposible la enumeración de la vasta cantidad de obras, películas o videojuegos que se han visto influidos por su particular universo imaginativo. Philip K. Dick llegó a publicar más de 120 relatos cortos y más de 30 novelas entre 1950 y 1980, algunas de las cuales se encuentran en el panteón de las más aclamadas y reconocidas obras de la historia de la ciencia ficción, por lo que no era de extrañar que, antes o después, sus obras fueran adaptadas a la gran pantalla.

Dick vio siempre con buenos ojos el auge del cine de ciencia ficción de finales de los años 70 y principios de los 80, cuya popularidad iba en aumento gracias a los grandes avances técnicos en efectos especiales en películas como Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1977) y La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977). No faltaba mucho tiempo para que llegase el turno de una adaptación que tratase de domeñar las grandes ambiciones imaginativas de la obra de Dick, que fue el caso de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), la primera y seguramente la más conocida e influyente de las adaptaciones de su obra. Sin embargo, el legado de Philip K. Dick no se quedó ahí, y continuó inspirando a una gran cantidad de cineastas que se atrevieron a llevar sus libros y relatos a la gran pantalla, dejándonos algunas de las películas más emblemáticas de la ciencia ficción contemporánea por el camino. Aquí enumeramos, por orden cronológico, las cinco adaptaciones que consideramos de mayor trascendencia.

Blade Runner  (Ridley Scott, 1982)

Uno de los datos más extravagantes de la vida de Philip K. Dick fue que escribió un total de doce novelas en un período de apenas dos años. Una de esas novelas, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1964), sería la primera de sus obras en llegar a la gran pantalla bajo el rótulo de Blade Runner de mano de un joven Ridley Scott recién salido del éxito de Alien, el octavo pasajero (1979). Si bien la cinta prescinde de importantes elementos de la novela de Dick, se mantiene siempre fiel a su ambientación sombría y su temática fundamental: los dilemas propios de un mundo donde los androides, máquinas exteriormente indiferenciadas de seres humanos, son vendidos, utilizados y finalmente retirados como cualquier otro producto. Harrison Ford, quien encarna al cazador de androides Rick Deckard, es sin duda la cara más conocida de la película, pero es necesario recordar la inolvidable interpretación de Roy Batty, el antagonista de la cita, por un magnífico Rutger Hauer, así como las apariciones de Daryl Hanna, Sean Young y Edward James Olmos. Son tantos los elementos de Blade Runner que ayudaron a moldear el destino de la ciencia ficción posterior que sería imposible hacerles justicia, aunque cabe remarcar el uso particular que hace de la arquitectura y la geografía urbana de un sombrío Los Ángeles futurista, la forma de ensamblar el futuro mediático multicultural de los anuncios de neón con los descarnados resultados de la industrialización masiva, la contaminación, la superpoblación y la desigualdad social, así como sus reflexiones en torno al futuro de la inteligencia artificial y la naturaleza de la realidad. Hay pocos clásicos que hayan envejecido igual de bien, y pocas adaptaciones que hayan sabido capturar mejor las oscuras premoniciones de Philip K. Dick.

Desafío Total  (Paul Verhoeven, 1990)

La segunda adaptación cinematográfica de la obra de Dick llegó en 1990 de la mano del cineasta holandés Paul Verhoeven —director de otros clásicos de la ciencia ficción como Robocop (1987) y Starship Troopers (1997)— y la superestrella austriaca Arnold Schwarzenegger. Desafío total es la adaptación del relato Podemos recordarlo por usted al por mayor (1966), donde Dick traza una enrevesada historia sobre la naturaleza de la memoria y donde de nuevo se pone en juego uno de sus temas fundamentales: la incapacidad de discernir la autenticidad del mundo que nos rodea. La genialidad de Desafío total radica en entrelazar estos temas mediante una trepidante trama de persecución y acción entre puestos fronterizos, guaridas de guerrillas mutantes y cantinas marcianas, lo que la convierte una de las más entretenidas y logradas películas de acción de los años 90. La película está surtida de una gran gama de efectos prácticos de lo más surrealistas y conseguidos, impecables decorados futuristas y una gran dosis de descarnado humor y alivio cómico que ha legado líneas de diálogo inmortales, junto con la genial torpeza kitsch de la actuación de Arnold Schwarzenegger y la reseñable interpretación de Sharon Stone como implacable antagonista. Si bien gran parte del legado de Philip K. Dick se ha centrado en torno a los aspectos más sombríos y pesimistas de su literatura, Desafío total es sin lugar a dudas la única de sus adaptaciones que ha sabido capturar a la perfección el particular sentido del ridículo y del absurdo que siempre acompañó al autor californiano, que quizás era más consciente que nadie de las situaciones tan surrealistas en las que en ocasiones ponía a sus personajes y no tenía ningún reparo en reírse constantemente de sí mismo.

Minority Report  (Steven Spielberg, 2002)

Serían Steven Spielberg y Tom Cruise los encargados de la siguiente adaptación de Philip K. Dick, basada en su relato corto El informe de la minoría (1956). La película goza del honor de haberse convertido en uno de los clásicos del cine de ciencia ficción del siglo XXI, adaptando y desarrollando a la perfección el interesante planteamiento de Dick: la posibilidad de un mundo donde, mediante el uso de unos seres sobrehumanos dotados de la capacidad de predicción, la policía es capaz de identificar y apresar a los culpables de un crimen antes de que el crimen se cometa. Minority Report es, sencillamente, un fantástico ejemplo de lo que es una gran historia de ciencia ficción, donde la acción trepidante y las provocadoras ideas de la trama se dan de la mano para dar como resultado una gran ejecución de estilo. La película de Spielberg es la encarnación perfecta de uno de los preceptos que inspiró la producción literaria de Dick: los grandes resultados que se pueden lograr cuando una problemática de textura filosófica se da de la mano con una importante apuesta por la acción, la espectacularidad y el dramatismo, capaz de provocar fascinación y escalofrío a partes iguales. Las grandes aportaciones de Colin Farrel y Max Von Sydow redondean esta lograda cinta de principios de milenio.

A Scanner Darkly (Una mirada a la oscuridad)  (Richard Linklater, 2006)

A comienzos de los años 70, Philip K. Dick pasó una temporada frecuentando la compañía de un grupo de adictos más jóvenes que él, convirtiendo su casa prácticamente en un narcopiso y consumiendo él mismo una importante variedad de sustancias. Condensó sus peligrosas y complicadas vivencias durante aquellos años, así como el trágico destino de muchos de sus momentáneos amigos, en una de sus más humanas y dramáticas novelas, Una mirada en la oscuridad, publicada en 1976. El libro sería posteriormente llevado a la gran pantalla en 2006 por Richard Linklater, director de Antes del amanecer (1995) y Boyhood (2014), quien grabó la película entera mediante rotoscopia. Para ello contaría con un reparto de lujo que incluía a Keanu Reeves, Wynona Ryder, Woody Harrelson y un inspirado Robert Downey Jr. La película es una fiel adaptación de la novela, donde Bob Arctor (Keanu Reeves), policía encubierto en los círculos de drogadictos de Los Ángeles, recibe el encargo de espiarse a sí mismo. Si bien la rotoscopia no es una de las técnicas de animación más populares, Linklater la utiliza a la perfección para inducir un surrealismo lateral y agobiante en forma de sutiles efectos de la animación. La atmósfera enrarecida de los círculos de yonquis de Los Ángeles se da de la mano con la paranoica trama de Dick, donde Bob Arctor, afectado por una peligrosa droga conocida como «Sustancia D», comienza a pasar por un proceso de disociación de la realidad, incapaz de determinar quién es el que vigila y quién es vigilado. Preguntas sobre la naturaleza de la percepción, la adicción y la trágica política de la guerra contra las drogas se hilan en esta extraña y maravillosa película, que tristemente hoy en día no cuenta con el reconocimiento que se merece.

Destino oculto  (George Nolfi, 2011)

Una de las más recientes y quizás de las menos inspiradas adaptaciones de la obra de Philip K. Dick llegó a las pantallas en 2011, bajo la forma de la adaptación de su relato Equipo de ajuste (1954), donde se presenta un mundo en el que las vidas de los seres humanos son el resultado de la influencia de un cuerpo burocrático de hombres de traje y sombrero, que se dedican a la adecuada manutención de los hilos del destino de cada uno. Dick fue siempre un autor de religiosidad algo excéntrica y participó del espiritualismo ecléctico y misticismo de garaje que practicaron muchos otros intelectuales de los sesenta y setenta, pero la metáfora religiosa de Destino oculto es todavía un poco ingenua y algo sensiblera. La película, de todas formas, sigue siendo bastante entretenida, gracias a las grandes interpretaciones de Matt Damon y Emily Blunt, y la amenazadora presencia de Anthony Mackie y John Slattery como miembros de esta oficina divina. Su visión conspirativa y su energético sentido del ritmo hacen algo más llevadero el mensaje romántico algo cursi que, por otro lado, es acorde con una dimensión sensiblera que también le era propia a Dick.

La lista de adaptaciones cinematográficas de la obra de Philip K. Dick no acaba aquí, e incluye una larga lista de producciones de serie B y de bajo presupuesto, como Asesinos cibernéticos (Christian Duguay, 1995), Radio Free Albemuth (John Alan Simon, 2010) o la película francesa Confesions D’un Barjo (Jérôme Boivin, 1992), adaptación de la única novela fuera del género de la ciencia ficción que Dick publicó en vida, Confesiones de un artista de mierda (1975). Philip K. Dick también ha llegado recientemente al mundo de las series, de mano de Amazon Prime, principalmente gracias a El hombre en el castillo (2015-2019), adaptación de la aclamada novela del mismo nombre ganadora del Premio Hugo en 1963, y que juega con la idea de una realidad alternativa donde las potencias del Eje han ganado la Segunda Guerra Mundial. Pero también es necesario reseñar la fantástica serie antológica Sueños electrónicos de Philip K. Dick (2017), también para Amazon Prime, donde cada capítulo adapta uno de los relatos cortos del autor al más puro estilo de Black Mirror, de la que no tiene nada que envidiar.

Como ya hemos mencionado antes, la influencia que las obras de Philip K. Dick han marcado la historia de la ciencia ficción moderna, especialmente en su dimensión cinematográfica, donde es sencillamente imposible de delimitar. También cabe destacar que algunas de las más aclamadas novelas de Dick, como es el caso de Ubik (1969) o Los tres estigmas de Palmer Eldritch (1965), todavía se resisten a la adaptación, quizás por el elevado grado de abstracción y los rocambolescos mundos alucinados que presentan en sus páginas (a Dick le gustaba fanfarronear con que John Lennon se había interesado por la adaptación de Los tres estigmas). Tampoco se han adaptado con éxito las obras más tardías de su vida, originadas a partir de una serie de experiencias místicas que sobrevinieron al autor a principios de 1974, y que le condujeron a escribir una trilogía de novelas teológicas, varios ensayos, y más de ocho mil páginas de su denominada Exégesis, su alucinado diario espiritual. Este no fue más que el colofón final de una vasta y compleja obra intelectual y de ficción, la cual debía agradecer, en gran parte, a su consumo habitual de anfetaminas. Fue probablemente este abuso el que la que le condujo a su prematura muerte a la edad de 53 años en marzo de 1982, apenas tres meses antes del estreno de Blade Runner en cines. El genio había muerto. La pervivencia de su legado, en cambio, no había hecho nada más que empezar.




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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 23 abril, 2020
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 23 abril, 2020

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