El gran salto de Donnie Yen
| Una retrospectiva de la saga de Ip Man

La tetralogía de Ip Man ha acabado. Tras diez años de trayectoria, repasamos las películas que catapultaron a Donnie Yen a la fama internacional.

Si ha habido un género cinematográfico marcado por su eterna lucha por la supervivencia, ese ha sido, curiosamente, el de las artes marciales. Sostenido por las inestables y, hasta hace no mucho, aún pequeñas industrias locales de Asia, y acosado siempre por el eterno problema de la fuga de talento a Hollywood, el cine de artes marciales ha pasado por conocidas etapas de estancamiento y decadencia. En la última década, sin embargo, hemos asistido a una formidable reactivación del género, gracias en gran parte al auge de las industrias cinematográficas del sudeste asiático, a la aparición orgánica de una sólida comunidad de aficionados por todo el globo gracias a Internet, pero ante todo al cada vez más presente e ineludible protagonismo de la enorme audiencia china. Si ha habido una figura que ha encabezado esta ola como ninguna, esa ha sido la de Donnie Yen, cuya condición de superestrella en Asia todavía no acabamos de entender en Occidente.

Y si hay una saga que ha acompañado (quizás, impulsado más que ninguna) esta nueva era dorada de audiencia y talento tras la cámara, esa ha sido la de Ip Man, donde Yen encarna a la leyenda del Wing Chun del mismo nombre, todo un héroe nacional chino y maestro nada más y nada menos que de Bruce Lee. Donnie Yen, de la mano de Wilson Yip (quien dirige las cuatro entregas), recrea el amplio arco de la trayectoria del maestro, tomándose todas las licencias históricas que quepa, hilando una serie de magistrales escenas de lucha con un fuerte mensaje de humildad, superación personal y, todo sea dicho, desvergonzado nacionalismo chino. ¿Qué hacer ahora, que la saga épica ha llegado a su final? Tras el estreno, hace apenas unos meses, de la cuarta y definitiva entrega de la saga, parece que una evaluación de este gran salto no solo es necesaria para una adecuada captación de la espectacular transformación del género en los últimos años, sino también para entender la profunda deuda que todo aficionado del cine de artes marciales ha de tener con la formidable trayectoria de su estrella protagonista. A continuación, presentamos una breve retrospectiva de la saga.

Ip Man  (2008)

La primera entrega de la saga cuenta con el incierto privilegio de ser considerada, de manera prácticamente unánime, como la mejor con diferencia. Aunque este curioso estatus hace que la saga sea más accesible que otras del género, ensombrece innecesariamente el resto de entregas. Ahora bien, no podemos sino reconocer que todos los elementos que amamos y adoramos de la saga Ip Man se encuentran en su primera película con la mayor fuerza y frescura. Este no es sólo el punto de partida de la tetralogía, sino el resultado de una larga carrera de Donnie Yen en el cine de artes marciales, quien pone por primera vez su talento, su experiencia y su considerable carisma a funcionar a todo rendimiento en su emblemática interpretación del maestro del Wing Chun, que hará imposible por mucho tiempo separar las figuras de Donnie Yen y de Ip Man.

Las escenas de lucha, coreografiadas por el legendario Sammo Hung, deslumbran con un espectáculo de violencia y acción que inspiró al género de nueva vida unos años antes de que La redada (Gareth Evans, 2011) revolucionara por completo el panorama. Cabe destacar la inspirada aparición de Louis Fan, quien da vida a uno de los mejores personajes secundarios de la saga. Incluso la propia historia principal, aunque cargada del melodrama cuasi telenovelesco al que nos acabarán por acostumbrar las películas de Ip Man, logra representar a unos villanos imponentes en los japoneses e hila con habilidad la lucha personal del maestro con la pelea desigual del pueblo chino contra el Japón imperialista de los años 30, por muy exagerado y chovinista que nos resulte este retrato.

Ip Man 2  (2010)

Es imposible negar que la secuela inmediata a la saga retrocede con respecto a la primera en algunos puntos clave. Los británicos y su boxeo, para empezar, resultan un villano menos interesante que los japoneses, y a pesar de la hilarante interpretación de Darren Shahlavi, la pelea climática resulta quizás de las más decepcionantes de la saga entera (aunque aún tenemos que hablar del papelón de Mike Tyson en Ip Man 3).

Sin embargo, afortunadamente, es aquí donde los defectos de la película terminan. Tenemos para empezar el regreso de Louis Fan, a quien tristemente no volveremos a ver en la saga. Pero, más que nada, Ip Man 2 se beneficia de la presencia de Sammo Hung, quien ya no solo está a los mandos de la coreografía de la película sino que encarna a Hung Chun-nam, maestro de kung-fu que protagoniza una serie de emblemáticas escenas de pelea. Como quizás no sea de extrañar, es la confrontación entre Sammo Hung y Donnie Yen en Ip Man 2, que incluye una serie de alocadas acrobacias sobre una mesa, la que no tenemos duda en nombrar como la mejor escena de pelea de toda la saga, pero que además hoy día sigue siendo celebrada como una de las grandes momentos del cine de artes marciales contemporáneo. Nada de esto es casualidad para dos estrellas como Hung y Yen, quienes ya habían protagonizado en Duelo de dragones (Wilson Yip, 2005) una de esas peleas eternamente compartidas y comentadas por los aficionados del género. El reencuentro no decepcionó.

Ip Man 3 (Dragon Master)  (2015)

Es curiosamente la tercera entrega de Ip Man, donde el éxito internacional de la franquicia se solidificó y nos sirvió a muchos de entrada en la saga (Ip Man 3 triplicó los beneficios de taquilla de Ip Man 2), la que es generalmente considerada como la más floja. Es aquí donde el melodrama al que nos tiene acostumbrados la saga, que en ocasiones puede resultar incluso un inesperado alivio cómico, se intensifica y exagera hasta tal punto que da la sensación que la mitad del metraje de la película consiste en escenas sobre el cáncer terminal de la mujer de Ip Man (interpretada por Lynn Hung). Tampoco ayuda la inclusión con calzador de Mike Tyson, donde el alcance internacional del que se benefició el film se cobró su precio con una pelea donde Tyson, ningún experto en el cine de artes marciales (algo que nadie le ha pedido), se mueve con la gracia de un palo de escoba en la que es, con total seguridad, la escena de pelea más desastrosa y lamentable de la saga. Diríamos que Tyson está mayor, de no ser por que Donnie Yen, quien sigue siendo el motor principal de la película, le lleva dos años al boxeador.

Pero, al igual que con Ip Man 2, gran parte de los defectos de la tercera entrega son ampliamente recompensados por una serie de virtudes que, aunque no le quitan de ser el peor ejemplo de la franquicia, la convierten en una reseñable película de artes marciales. Cabe destacar especialmente una serie de asombrosas peleas grupales, así como la inclusión en el reparto de Max Zhang, quien afortunadamente salva el tropiezo de Tyson con una grandiosa pelea final con Yen, y quien se ganó un spin-off de su personaje, junto con Michelle Yeoh y Dave Batista en Master Z: The Ip Man Legacy (Yuen Woo-Ping, 2018). A pesar de la ausencia de Yen, cabe admitir que Master Z es una sub-entrega sólida a la altura general de la saga, pero curiosamente reproduce el mismo traspié de Tyson con la inclusión de Batista, en cuyas escenas de pelea parece tan solo interesado en batir a Tyson como la aparición más desafortunada la serie de películas.

Ip Man 4: El final  (2019)

Si bien hasta ahora parecería que las entregas de Ip Man han ido describiendo un arco descendente, Ip Man 4: El final nos proporcionó una agradable sorpresa al elevarse por encima de la tercera película y situarse más cerca de los gloriosos inicios de la saga. Si bien el melodrama del cáncer de la mujer de Ip Man (cuesta decirlo, pero afortunadamente fuera de la escena) es sustituido por el pasteloso conflicto paterno-filial del maestro con su hijo y otro cáncer terminal (esta vez, el del propio Ip Man), las escenas de drama telenovelesco se superpondrán con gracia con una escena más general que abandona la temática del imperialismo de las dos primeras entregas y la ausencia de temática de la tercera, con un retrato de la discriminación de la inmigración china de los EEUU, cambiando el escenario por San Francisco. Ahora los villanos son los norteamericanos, reducidos a un puñado de llorones exageradamente racistas que, a pesar de ser un evidente estereotipo deformado, no nos da mucha pena verlos probar su propia medicina.

Pero quizás de lo que mejor se beneficie la cuarta y definitiva entrega de la saga será precisamente de su grandioso carácter de conclusión de la épica historia. El propio Donnie Yen, notablemente envejecido tras una década de incansable trabajo, encara sus largos 50 años con la misma dignidad y humildad que Ip Man encara su muerte. Es precisamente esta sabiduría y convicción de que es mejor acabar bien las cosas cuando aún se está a tiempo la que otorga a Ip Man 4 de un aura de madurez y cierre. También ayudan, y no poco, la difícil pero exitosa interpretación de Daniel Chan como Bruce Lee y la elección como villano, esta vez sí, de un auténtico artista marcial, doble de acción y reconocido representante del género en Occidente como es Scott Adkins, quien, aunque quizás menos conocido que Tyson o Batista, sí que es capaz de encajar una gran escena de pelea final con Yen que sirve de digno colofón a la saga. A lo largo de este gran salto, son muchas las acrobacias de Donnie Yen que podríamos destacar, pero la que resulta más destacable es algo tan poco común en la vida de las franquicias y las sagas del cine actual: un limpio y elegante aterrizaje.




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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 27 julio, 2020
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 27 julio, 2020

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