Efectos secundarios
| Ablixa, asesinato en primer grado como daño colateral

Estados Unidos, 2013 | Dirección: Steven Soderbergh | Título original: Side Effects | Género: Thriller | Productora: Di Bonaventura Pictures / Endgame Entertainment / Filmnation Entertainment | Guion: Scott Z. Burns | Fotografía: Steven Soderbergh | Edición: Steven Soderbergh | Música: Thomas Newman | Reparto: Rooney Mara, Jude Law, Catherine Zeta-Jones, Channing Tatum, Vinessa Shaw, David Costabile, Andrea Bogart, Polly Draper, Mamie Gummer, Carmen Pelaez, Marin Ireland, Ann Dowd, Haraldo Alvarez, James Martinez, Vladimi Versailles | Duración: 105 minutos | | Disponible en:  Netflix  Amazon Prime Video   | Comprar Blu-ray

Estados Unidos, 2013 | Dirección: Steven Soderbergh | Título original: Side Effects | Género: Thriller | Productora: Di Bonaventura Pictures / Endgame Entertainment / Filmnation Entertainment | Guion: Scott Z. Burns | Fotografía: Steven Soderbergh | Edición: Steven Soderbergh | Música: Thomas Newman | Reparto: Rooney Mara, Jude Law, Catherine Zeta-Jones, Channing Tatum, Vinessa Shaw, David Costabile, Andrea Bogart, Polly Draper, Mamie Gummer, Carmen Pelaez, Marin Ireland, Ann Dowd, Haraldo Alvarez, James Martinez, Vladimi Versailles | Duración: 105 minutos | | Comprar Blu-ray

Rooney Mara y Jude Law representan una relación psicofarmacológica entre tribunales, psiquiátricos e índices bursátiles.

La filosofía Mr. Wonderful, cuyos mensajes idílicos han plagado los huecos más recónditos de un número de hogares mayor del que a muchas familias les gustaría confesar, contrasta con la desproporcionada ingesta de antidepresivos, ansiolíticos, somníferos y demás drogas que se consumen cuando tales estándares de bienestar no son conseguidos. La felicidad química ha superado con creces la introspección, dando la lamentable sensación de que, finalmente, Prozac le ha ganado la guerra a Platón.

Dentro del mundo de la psicofarmacología, Efectos secundarios (Side Effects, Steven Soderbergh, 2013) relata la historia de Emily (Rooney Mara), una mujer depresiva cuya ansiedad aumenta con la salida de prisión de su marido, Martin Taylor (Channing Tatum). Un reparto excepcional, con Jude Law y Catherine Zeta-Jones como representantes de la industria farmacéutica y su aplicación práctica, caracteriza un largometraje que desarrolla un triángulo amoroso a través de dos historias principales, paciente y médico juntos de nuevo.

La primera parte de la trama muestra a una Rooney Mara melancólica, ausente, sin ganas de dar un paso más. Tras varios meses de vis a vis, su marido vuelve a casa y la existencia cobra algo de sentido. Tenían una vida de ensueño que se vio hecha trizas por cuenta del tráfico de influencias en que el Sr. Taylor se había visto inmerso. Y es que la información privilegiada no es algo que agrade a la competencia. De este modo, el lujo pasó a ser sustituido por la banalidad cotidiana que el resto de mortales entendemos por «normal», y eso pone triste a cualquiera. Pero el amor prevalece; lo que Dios ha unido, ni Wall Street puede separarlo. Sin embargo, las alarmas por temor a perder el cariño del amante se activan cada vez con más frecuencia, el dolor de pecho se agudiza con cada ataque… la ansiedad se vuelve insoportable.

Descubriendo Ablixa.

Un fallido intento de suicidio pone a Emily en contacto con el Dr. Jonathan Banks (Jude Law). Ante tales circunstancias, teniendo en cuenta que ya había sido diagnosticada por la Dra. Siebert (Catherine Zeta-Jones), y que la frágil Emily no deja de suponer un peligro para sí misma, ambos acuerdan canjear internamiento por terapia. A lo largo de las sesiones, los Señores Taylor charlan sobre los cambios de sus vidas y lo mucho que a Emily le cuesta todo, en especial la sociabilidad y los espacios en abierto. Pero han oído hablar de una ayuda encapsulada, de nombre Ablixa, que resolvería sus problemas.

Una maravilla, mano de santo. La «panacea universal» embotellada de El médico de Noah Gordon (1986) no lo hubiera podido superar. Ablixa te hace normal, consigue desvanecer el problema que el Joker (Todd Phillips, 2019) plantea: «lo peor de tener un trastorno mental es que las personas esperan que actúes como si no lo tuvieras». Ahora bien, todo tiene un precio… La debilidad por las soluciones rápidas mediante transmisores neuroquímicos consiente que los delirios empaticen con la exaltación de la verdad. Hipérbole matutina en contraste con la decadencia nocturna.

Y los efectos no incluidos en el prospecto explotan con un terrible accidente que destruye la unión de los Taylor. Sin testigos y con las evidencias más que claras, el único recurso de la viuda ante la acusación de la fiscalía es solicitar la ayuda de su médico. En el juicio, planteándose varias incógnitas sobre el sonambulismo, destaca la paradoja sobre la responsabilidad en ausencia de consciencia en la ejecución de los actos; ergo, medicina como culpable.

En Efectos secundarios, Soderbergh intercala magistralmente tres historias de forma que sola una sobresale, al hilarse todas ellas bajo los beneficios que la información privilegiada otorga a aquel que mejor manipula.

Con la mediatización del caso y Ablixa en el punto de mira, la segunda parte de la trama se vive en la primera persona de Jonathan. El carismático doctor había dejado Reino Unido, país en el que solo los locos y la gente con problemas acuden a un psiquiatra, para ejercer en Los Estados Unidos de América, donde esta profesión goza de gran popularidad. Varias secuencias muestran la plenitud de su vida: familia estable, trabajo doble en los sectores público y privado, y colaborador de investigación en el campo de estudio. Un colega respetado.

No obstante, mientras los reportajes televisivos sobre drogas excluyen a Emily como yonqui, mientras la ausencia de cónyuge la lleva a sus infiernos más profundos, la vida de Jonathan se hunde con ella. Su rigor se pone en entredicho al no haber sabido prever determinadas reacciones, y recetar sin el previo contraste de los efectos secundarios de su firma. Así, al tiempo que le comunican que sus servicios ya no son requeridos, las acciones de la competencia de Ablixa, llámese nuevamente Prozac, suben.

De este modo, lo que parecía ser una conspiración contra el poder farmacéutico, cual si El jardinero fiel se tratara (The Constant Gardener, Fernando Meirelles, 2005), se convierte en la lucha de un hombre por lavar su nombre. A nadie le gusta ser la cabeza de turco de turno, y menos aún, que ya no solo se cuestione la profesionalidad de uno, sino la disciplina en su conjunto. El Doctor Banks va más allá de su caso y, tras una investigación entre su paciente y la consecuencia, se detiene en la causa: la Doctora Victoria Siebert como detonante y nexo de unión.

Jude Law y Catherine Zeta-Jones como representantes de la industria farmaceútica.

Emily representa la inestabilidad contemporánea y la obsesiva compulsión de patologizar hábitos corrientes. Al tratar la vida como si fuera una enfermedad, la influencia que la Dra. Sieberts ejerce sobre Emily retrata un trastorno moral socialmente tolerado. No deja de infundir confusión sobre lo real y lo fingido al sustituir la retrospectiva individual en favor de la manipulación comercial.

Puesto que la exteriorización de la tristeza es algo muy personal, y a pesar de que puede haber rasgos comunes que permitan identificar ciertas «danzas fantasmales» que consigan suavizar episodios, la agonía y el pesar es algo que cada uno siente distinto. Si la risa y el llanto forman parte del temperamento subjetivo de cada cual, ¿cómo es posible hallar dos reacciones objetivamente iguales ante situaciones aparentemente distintas? ¿Cómo se puede resumir el estado anímico de alguien en una frase, que esa frase la conozca todo el mundo, y que se te identifique a ti con ella?

En Efectos secundarios, Soderbergh intercala magistralmente tres historias de forma que sola una sobresale (Dr. Banks sobre la triquiñuela Siebert-Taylor), al hilarse todas ellas bajo los beneficios que la información privilegiada otorga a aquel que mejor manipula. La complejidad psíquica contrasta con delusión, engaños y «el mito de la enfermedad mental». El tesón de Jonathan por recuperar lo que le es propio regala al espectador una historia llena de mentiras legalmente solidificadas que hacen que cada minuto sea indispensable. Traición y celos por partida doble culminan con un aturdimiento de por vida como la mejor de las venganzas.




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Texto de Bárbara Fernández Mastache | © laCiclotimia.com | 12 junio, 2020
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Texto de Bárbara Fernández Mastache
© laCiclotimia.com | 12 junio, 2020

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