Dirty Dancing
| 32 años fuera del rincón

Estados Unidos, 1987 | Dirección: Emile Ardolino | Título original: Dirty Dancing | Género: Romance, Drama, Musical | Productora: Great American Films Limited Partnership / Vestron Pictures. Distribuida por Vestron Pictures | Guion: Eleanor Bergstein | Fotografía: Jeff Jur | Edición: Peter C. Frank | Música: John Morris | Reparto: Jennifer Grey, Patrick Swayze, Jerry Orbach, Cynthia Rhodes, Jack Weston, Jane Brucker, Kelly Bishop, Lonny Price, Max Cantor, Charles «Honi» Coles, Neal Jones | Duración: 97 minutos | Óscar a mejor canción original (1987) | | Disponible en:  Netflix  Movistar+  HBO  

Estados Unidos, 1987 | Dirección: Emile Ardolino | Título original: Dirty Dancing | Género: Romance, Drama, Musical | Productora: Great American Films Limited Partnership / Vestron Pictures. Distribuida por Vestron Pictures | Guion: Eleanor Bergstein | Fotografía: Jeff Jur | Edición: Peter C. Frank | Música: John Morris | Reparto: Jennifer Grey, Patrick Swayze, Jerry Orbach, Cynthia Rhodes, Jack Weston, Jane Brucker, Kelly Bishop, Lonny Price, Max Cantor, Charles «Honi» Coles, Neal Jones | Duración: 97 minutos | Óscar a mejor canción original (1987) |

La sensualidad y valentía descubierta en aquel verano en las Catskills sigue haciéndonos vibrar con cada baile. Datos sobre un clásico.

97 minutos de mambo, disputas familiares y laborales, culminaban en junio de 1988 con uno de los bailes más icónicos que el cine ha dejado para el recuerdo. La temporada en las montañas de Catskills del verano del 63, supuso un antes y un después para toda una generación, pues gracias a Dirty Dancing (Emile Ardolino, 1987) la pasión, el coraje y la gallardía adolescente superaron con creces toda esa casposa indiferencia con la que las autoridades miraban hacia otro lado.

Bajo el guion de la contundente Eleanor Bergstein, este largometraje musical estuvo a punto de ser estrenado directamente en videoclubes. A unas primeras visualizaciones nada halagüeñas, se unió la retirada de uno de los patrocinadores principales —Clearasil— ante la negativa de eliminar el aborto como trama secundaria. Defendido con solidez en varias declaraciones, Bergstein lo mantendría tanto por la visibilidad del estigma como por la experiencia personal que conllevaba. La inspiración de la profesión médica de su padre y una lista de amantes en prisión o en libertad condicional, dieron forma al papel de Johnny, a la par que el compromiso Baby-Penny instituiría el ambiente propicio para su correcto desarrollo.

«Nobody puts Baby in a corner».

Ante la carnicería a la que la pobre Penny (Cynthia Rhodes) se ve sometida, una ingenua Baby (Jennifer Grey) no puede sino ofrecer su ayuda como garante de una justicia social en la que siempre había creído. Perpetuamente fiel, la joven e intrépida Baby la sustituye como pareja de baile de Johnny Castle (Patrick Swayze). La sincronía y compenetración entre ambos evoluciona de la mano al distanciamiento de la pequeña con su padre, el Dr. Jake Houseman (Jerry Orbach). Asimismo, la opinión que éste tiene respecto a las intenciones de Johnny con su hija, cambian según se van esclareciendo los responsables de la situación de Penny.

La estructura laboral de las Catskills sirve también como reflejo de algunos estratos sociales de la época. La clase media-alta, entre ellos la familia Houseman, veranea en un complejo hotelero en las montañas. Los trabajadores, a su vez, se dividen en dos: por un lado, la clase media, estudiantes de Yale y Harvard, sirven como camareros para hacer contactos y ganar un sueldo extra; por otro, la clase baja la representan los músicos, bailarines y demás soplos de aire fresco que atienden a las familias acomodadas.

Al comienzo de las vacaciones, cuando el Sr. Kellerman (Jack Weston) explica las normas de funcionamiento del verano, se advierte que hay varios tipos de mujeres: las que no se tocan, las jóvenes futuras esposas de los estudiantes y las «gatitas». Este último grupo, denigrante en todo su esplendor, si bien pone de manifiesto las necesidades sexuales femeninas ante unos maridos ausentes, no deja de cuestionar su libertinaje al mostrarlas finalmente como las malas vengadoras de la película. Paralelamente, es esta vez el cuerpo masculino el que se cosifica como instrumento de satisfacción adulta —reflejado cuando Johnny le confiesa a Baby que «son ellas quienes le utilizan»—.

Teniendo la clandestinidad del aborto como nexo de unión y la estratificación social representada en el hotel, la danza  se sitúa como elemento de fusión entre clases.

Por consiguiente, aunque a primera vista puede parecer que se trata de una pastelada más entre la «buena chica rica» y el «malote chico pobre», es la lealtad de Baby hacia Penny lo que diferencia el baile. Cualquier acusación pretenciosa sobre su interés por conseguir acercarse a Johnny a cualquier precio, se desestima al comprobarse la inocencia y bondad de la pequeña de los Houseman en toda y cada una de sus acciones. Representa la justicia y la solidaridad al tratar a todos por igual.

Por lo tanto, teniendo la clandestinidad del aborto como nexo de unión y la estratificación social representada en el hotel, la danza  se sitúa como elemento de fusión entre clases. Al permitirse gozar de madurez y elegancia a ritmo de salsa, la interacción entre Johnny y Baby trasciende la pista, y el amor invade un vínculo personal más allá del verano.

Escena en el Lago Mountain (Virginia).

32 años han pasado ya desde su estreno en España, y uno más desde que aquel 21 de agosto de 1987, se proyectara en la gran pantalla un salto de impacto que acompañara al espectador al salir del cine. Sin embargo, la historia tal y como la conocemos podría haber sido diferente…

Comenzando por los protagonistas principales, los cuales no se llevaban del todo bien tras haber trabajado previamente juntos en Amanecer Rojo (John Milius, 1984): el cautivador Johnny Castle estuvo a punto de ser interpretado por Billy Zane o Val Kilmer. Tras haber representado Grease (Randal Kleiser, 1978) en el teatro, Patrick Swayze no quería encasillarse como bailarín. Así todo, a pesar de las lesiones de rodilla —causadas por las escenas peligrosas que él mismo ejecutaba—,  su falta de convicción ante algunas líneas del guion, y su incomodidad ante las constantes cosquillas y el carácter emocional de Jennifer Grey, su perseverancia se asentó al no permitir que «nadie dejara a Baby en un rincón». Por su parte, Sarah Jessica Parker o Sharon Stone pudieron haber encarnado a Baby. Al caracterizar a una adolescente de 17 años y tener Jennifer Grey, por aquel entonces, diez años más que su personaje, solamente dispuso de quince minutos para rejuvenecer en la audición y dejar a todos boquiabiertos con su capacidad de adaptación.

Respecto a los decorados, aunque el idilio trascurre en época estival, fue rodado a mediados de octubre, por lo que las hojas de los alrededores del Mountain Lake Hotel (asentado en el pueblo de Pembroke, Virginia) tuvieron que ser pintadas con spray verde. Mención especial requiere la escena del lago, carente de primeros planos debido al azul que teñía los labios de los actores a consecuencia de los 4ºC del agua. Si bien el complejo hotelero, situado en Virginia, y no en Nueva York como se relata en la trama, sigue en activo y ofrece varios paquetes temáticos en alusión a la película, el Lago Mountain se secó en 2015.

Vínculo Penny-Baby.

No obstante, para secuencia maestra: el salto final. Una coreografía al mando de Kenny Ortega consiguió simbolizar en un brinco toda la esencia del Dirty Dancing, emulándose éste en infinitas ocasiones. Ryan Gosling, como cenit a su primera cita infructuosa con Emma Stone, lo practica en Crazy, Stupid, Love (Glenn Ficarra, John Requa, 2011); en Dos hombres y medio (Two and a Half Men, Chuck Lorre, Lee Aronsohn, 2003), es Alan Harper (Jon Cryer) quien lo rememora constantemente como onírico recuerdo de bodas. Sin embargo, Jennifer Grey confesó a The Guardian que tal célebre salto fue «un gesto único e irrepetible» pues, al considerarlo demasiado temerario, solo lo realizó en su primera actuación y en el momento de grabar la escena. La confianza que requería, dependía en gran parte de la seguridad de sus artífices. Por consiguiente, sirva la improvisada «escena del suelo» como contrapunto a la mala sintonía Swayze-Grey, donde un juego a gatas se inmortalizó como guiño a la picardía juvenil.

Pero, para eterno, (I´ve had) The Time of My Life. Con las voces de Bill Medley y Jennifer Warnes, esta melodía, publicada originalmente en 1981 en un álbum de Franke Previte, ganaría en 1987 el Óscar y el Globo de Oro a mejor canción original; en 1988 el premio Grammy a la mejor actuación pop vocal de grupo o dúo, y, junto con el resto de la banda sonora, once discos de platino (más de 40 millones de copias vendidas en todo el mundo).

Así las cosas, con un presupuesto inicial de 6 millones de dólares, y rodada en apenas 4 semanas, terminó recaudando 214 millones de dólares y convirtiéndose en la película más alquilada en los videoclubes. El estrellato de Johnny llevó a Swayze a dar «vida», entre otros, al amante Sam Wheat en Ghost (Jerry Zucker, 1990). Y, a pesar de la desastrosa acogida de Dirty Dancing 2 (Dirty Dancing: Havana Nights, Guy Ferland, 2004), Patrick recibió 5 millones de dólares (simplemente) por aparecer. Cinco años después, su sonrisa deja de brillar al vérsele su vida arrebatada por un cáncer de páncreas. Por su parte, el éxito de Baby relegó a Grey a un segundo plano ya que, tras una poco acertada operación de nariz, Jennifer perdió su identidad y se volvió invisible ante las cámaras —no la reconocían—.

Titulada como Baile Caliente en México y Argentina, y Bailando Suave en Cuba, Dirty Dancing no ha perdido rigor como musical de referencia. En España, bajo la compañía Lestgo, y la producción de Iñaki Fernández (Lionsgate, Show Bees), desde 2004 la obra sigue sumando adeptos gracias a su intacta y prácticamente perfecta adaptación teatral. Y no es para menos… tras más de tres décadas, la piel continua erizándose con la brisa del lago, la adrenalina sube en cada salto, la vehemencia se confirma en cada frase, y con lágrimas termina un final para aplaudir de pie.




  • 79
  •  
  •  
  •  
Texto de Bárbara Fernández Mastache | © laCiclotimia.com | 24 junio, 2020
  • 79
  •  
  •  
  •  



Texto de Bárbara Fernández Mastache
© laCiclotimia.com | 24 junio, 2020

¿Quieres recibir semanalmente nuestro nuevo contenido?