Dies irae
| La caza de brujas en Europa y la persecución judía

Dinamarca, 1943 | Dirección: Carl Theodor Dreyer | Título original: Vredens dag | Género: Drama | Productora: Palladium Productions | Guion: Carl Theodor Dreyer, Poul Knudsen, Mogens Skot-Hansen (Obra: Hans Wiers Jenssen) | Fotografía: Carl Andersson | Edición: Anne Marie Petersen, Edith Schlüssel | Música: Paul Schierbeck | Reparto: Thorkild Roose, Lisbeth Movin, Sigrid Neiiendam, Preben Lerdorff Rye, Anna Svierkier, Albert Hoeberg | Duración: 105 minutos | | Disponible en:  Filmin   | Comprar DVD

Dinamarca, 1943 | Dirección: Carl Theodor Dreyer | Título original: Vredens dag | Género: Drama | Productora: Palladium Productions | Guion: Carl Theodor Dreyer, Poul Knudsen, Mogens Skot-Hansen (Obra: Hans Wiers Jenssen) | Fotografía: Carl Andersson | Edición: Anne Marie Petersen, Edith Schlüssel | Música: Paul Schierbeck | Reparto: Thorkild Roose, Lisbeth Movin, Sigrid Neiiendam, Preben Lerdorff Rye, Anna Svierkier, Albert Hoeberg | Duración: 105 minutos | | Comprar DVD

Dreyer firmaba en 1943 «Dies irae» bajo la ocupación alemana nazi, donde expone un paralelismo entre la caza de brujas llevada a cabo en Europa y la persecución judía, exponiendo los tintes intolerantes característicos de ambas épocas.

«¡Cuánto terror habrá en el futuro! ¡Cuando el juez haya de venir a juzgar todo estrictamente!»
Dies Irae, Mozart.

Coincidiendo con el auge de la expansión de Europa desde sus distintas coordenadas (el imperio español en decadencia, y posterior auge del imperio holandés y británico) surge el concepto de «propaganda», no precisamente al modo publicista de mostrar un lado amable de un producto, sino precisamente como una manera de desprestigiar al enemigo, cualquiera que lo fuera.

Por otro lado, la desolación en el llamado «antiguo mundo» no es un tema novedoso. Las guerras prácticamente estuvieron siempre presentes en Europa. Además, después vinieron las plagas, y una vez superadas, las persecuciones colectivas por distintas causas tanto judiciales como étnicas. La intolerancia religiosa desgraciadamente es inevitable, pero lo que sí se puede moldear, como diría Roca Barea, es «la manera de gestionar esa intolerancia religiosa». Resulta desolador además que dichos crímenes surgieran en un periodo humanista, acabando con la Edad Media, y además, cuando se cuestionaba la veracidad de las sagradas escrituras, hecho que debiera haber acrecentado la tolerancia entre distintas creencias religiosas, suponiendo tristemente, todo lo contrario. Los estudios más objetivos estiman que entre el siglo XV y mediados del siglo XVIII se produjeron unas 40.000 causas de muerte por este concepto (si no más).

Dinamarca ocupada bajo el régimen Nazi.

Bajo esta perspectiva Carl Theodor Dreyer lanzaba Dies irae en 1943 (Vredens dag en su título original —el día de la ira, traduciendo al castellano—, obra teatral de Anne Pedersdotter, del autor noruego Hans Wier-Jenssen) en una Dinamarca ocupada por el régimen alemán, situándose ésta en 1623. Bastante tiempo ha pasado desde que se condenara a las mujeres a la hoguera por brujería, pero si algo tuvo de especial esta cacería, es que se prolongó en el tiempo de manera excesiva, puesto que su fin era indeterminado (¿cómo averiguas realmente que ya no existen brujas?) respecto a otros tribunales europeos, como pudiera ser la inquisición española. No sería casualidad que fuera rodada bajo un régimen totalitario con la plena Dinamarca invadida, puesto que el régimen nazi, halagó y tuvo entre sus figuras creadoras de su ideal a Martín Lutero.

De nuevo la temática religiosa sería el punto de mira en la obra del director, así como el papel y la representación de la mujer en el cristianismo, como puede verse en La pasión de Juana de Arco (1928). Bastaba un atisbo de mínima sospecha para ser prendado y llevado frente a un tribunal: ser una mujer soltera o pobre era una causa más que común. Así como padecer cualquier trastorno mental. Por lo demás, solo era necesario que el rumor se dispersara y que las sospechas crecieran entre los allegados. Al igual que con la persecución antisemita, ayudaba enormemente la pasividad de los conocedores del  propio asunto, al igual que hicieron la vista a un lado los distintos estados durante la ocupación alemana.

Lisbeth Movin en Dies irae.

«Hay niños de tres y cuatro años, hasta 300, de los que se dice que han tenido tratos con el Diablo. He visto cómo ejecutaban a chicos de siete años, estudiantes prometedores de 10, 12, 14 y 15 años. También había nobles». Testimonio de los procesos de Würzburg.

Según la historiadora Ángela Pellicciari sobre Lutero: «Es un absolutista, un totalitario […] Lutero defendía que todo el poder debía ser para el príncipe. Es el fundador de la nación alemana. Alemania era un imperio, no una nación. […] Al no suceder la conversión de los judíos a la nueva fe protestante, Lutero enuncia una serie de acciones a realizar sobre «el odioso y maldito pueblo judío»».

Frente a la barbarie que sufrió Europa, Dinamarca supo plantar cara a las autoridades nazis en torno al atroz salvajismo que sufrieron los judíos. Desde el rey hasta la población, los daneses se negaron a ostentar la distinción judía. Por lo que Alemania allí no pudo continuar con el exterminio nazi. El rey de Dinamarca entregó el país a los alemanes a cambio de no derramar sangre y mantener vigentes las institucionales nacionales, hecho que hizo que el país fuera una especie de protectorado para Hitler (tanto para lo bueno como para lo malo) y en cualquier caso, una rendición «camuflada».

Carl Theodor Dreyer.

Dreyer realiza un paralelismo entre la angustiosa caza de brujas, que se llevó sin sentido alguno (salvo concesiones municipales, privilegios estatales, o convenios puramente económicos) la vida de muchas mujeres, con la persecución del pueblo judío, cuestionándose la validez del amor verdadero entre un pastor protestante y una joven, bella y sobrecogedora Lisbeth Movin —quien sería capaz de someterse al tribunal antes que renunciar al amor de su vida—. Contra toda corriente de intolerancia y persecución, la cinta fue obviamente censurada por el tribunal nazi, hecho que hizo que durara pocos días en cartelera, aparte también por el estrepitoso fracaso en su estreno, donde Dreyer no supo conectar con el público danés.

De manera similar a los hechos narrados en Las brujas de Salem (Arthur Miller, 1953), el desconcierto en una pequeña localidad crece al acusarse a una vieja anciana de brujería. Inspirándose en cuadros de Vermeer y Rembrandt con una estética altamente expresionista, Dreyer juega con ambientes sombríos y planos muy largos, con escasez de adornos, para retratar la austeridad pertinente de la época, —donde cualquier movimiento de libertad es plenamente coartado inmediatamente— sin caer en excesos de duración y manteniendo el ritmo de la cinta, con una potencia narrativa excelente.

Sin más preámbulos, y de manera conclusiva, Dreyer nos sumerge en la Europa del siglo XVII y nos muestra como en realidad, a pesar del paso del tiempo, y aunque los nombres de los perseguidos hayan cambio, el continente sigue agonizando por las mismas causas en el siglo XX que hace 400 años.




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Texto de Adolfo M. Rodríguez | © laCiclotimia.com | 19 agosto, 2020
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Texto de Adolfo M. Rodríguez
© laCiclotimia.com | 19 agosto, 2020

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