Destripando a Peter Jackson
| Los grotescos orígenes del director neozelandés

Consagrado por la dirección de El señor de los anillos, el pasado de Peter Jackson parece reservado al aficionado de culto. Hoy arrojamos luz sobre su fase más visceral, donde se encumbró como uno de los maestros de lo delirante y lo asqueroso.

Hoy en día parece que el nombre de Peter Jackson es indisociable de la trilogía de El señor de los anillos (2001-2003), cuyo impacto por sí sola en la historia del cine ha contribuido a elevar el nombre del director en lo más alto. Esto le ha permitido en los últimos años dedicarse a sus proyectos más personales y ambiciosos con irregular resultado, pero probablemente poca relevancia para su legado. Pese a todo, escarbando en sus primeros años como cineasta es difícil ver quién podía haber previsto su el estilo visionario que desplegó al filmar la Tierra Media, pues hasta entonces Jackson se había consagrado, gracias a sus primeros tres largometrajes, como un cineasta de culto del splatter y la comedia de terror, donde había vertido más sangre y vísceras sobre la pantalla de la que nos parecería posible. Volviendo sobre los primeros pasos del director en el humor más atroz y salvaje, la joven versión de Peter Jackson merece ser reconocida como el origen de una fabulosa obra de culto, que desprende creatividad y genio.

Todo comenzó con Mal gusto (Bad Taste) (Peter Jackson, 1987), una película independiente de apenas 25.000$ de presupuesto donde Jackson y sus amigos se ocuparon de la mayoría de los roles técnicos y del elenco. El film sigue a un grupo paramilitar mientras investiga un desolado pueblo neozelandés cuya población ha sido cosechada como alimento por una violenta y desagradable raza extraterrestre con cabeza de patata. Enfrentados a una serie de escenas delirantes, Jackson y sus camaradas habrán de abrirse paso entre una tormenta de tripas, balas y sangre para derrotar la amenaza alienígena, donde no importa tanto qué está en juego como el siguiente efecto práctico y la nueva cabriola del guion.

En Mal gusto ya está claro el genio de Jackson por el splatter, y muchos de sus trucos para hacer de un pequeño presupuesto una fuente interminable de asombro, sustos y repugnancia. Aunque la película sufre de todas las carencias habituales de una producción independiente poco profesional, casi más allá de las fronteras del cine de serie B, la pobreza visual y las malas actuaciones son compensadas con abundancia por un despliegue de prótesis que recorre todo el abanico de consistencia y color desde la carne flácida de los alienígenas hasta la sangre que desborda por todos lados. Coronada por una formidable aunque casi interminable escena de acción final, Mal gusto resulta ser una comedia de ciencia ficción chorra muy por encima de lo que promete, continuamente mostrándonos algo más originalmente asqueroso que lo que creíamos que era capaz, un rasgo en común con las dos siguientes películas de su director.

Por suerte o por desgracia, el éxito para un director de splatter tiene que ver con su habilidad para surfear la polémica, y Mal gusto levantó suficiente controversia, y por tanto conversación, como para que Jackson pudiera regresar con una producción algo más profesional y un enfoque más ambicioso en lo que sería su segunda película, El delirante mundo de los Feebles (Peter Jackson, 1989). Optando esta vez por rodar exclusivamente con marionetas y trajes robotizados, El delirante mundo de los Feebles es el resultado de la mezcla explosiva entre el mundo de la farándula animal y un torbellino de violencia, sexo, vómito, purpurina, sangre, humo de ametralladoras y sadomasoquismo.

Los primeros años de Peter Jackson merecen un puesto privilegiado como algunos de los mejores ejemplos históricos donde la alianza entre la creatividad y la asquerosidad ha dado sus más horripilantes resultados.

La película, que puede ser razonablemente resumida como una nauseabunda parodia de Los teleñecos (1955-Actualidad), presenta a un amplio elenco de personajes entre los que resaltan Heidi, una temperamental vocalista hipopótama; Wynard, una rana toxicómana y veterana de Vietnam encargada del número de lanzamiento de cuchillos y Robert, un erizo idealista que ingenuamente se enrola en la compañía de los Feebles. Con peligrosas alusiones al sida (no tan fáciles de hacer en su época), escenas sexuales entre los animales y otro tipo de ocurrencias vulgares, El delirante mundo de los Feebles compone un universo cargado de surrealismo aberrante y absurdo y eleva aún más el ingenio de Jackson por lo desagradable.

Pero el éxito y la atención internacional no llegaron para el joven director neozelandés hasta el estreno de Braindead: Tu madre se ha comido a mi perro (Peter Jackson, 1992), también popularizada como Dead Alive, su título de estreno en EEUU. La más conocida de las obras de los primeros años de Jackson, Braindead sigue al joven Lionel y a su novia española Paquita en su batalla sangrienta contra la madre del primero, convertida en un atroz monstruo cadavérico a causa de la mordedura de un mono-rata de Sumatra en el zoo. Dotada del mayor valor de producción, Braindead contiene sin duda los efectos prácticos más salvajes y de mayor envergadura de las tres películas.

Sin embargo, cabe argumentar que Braindead no está a la altura de ser considerada el ejemplo más sobresaliente de la era splatter de Peter Jackson. Mientras que no podemos olvidarnos de la fabulosa escena del bebé, o del apocalíptico final con la madre de Lionel surgiendo en plena forma atroz del tejado de la casa y devorando a su hijo con sus tripas, los enormes efectos de Braindead se ven perjudicados por una historia plana y un humor un tanto ganso que la convierten en poco más que una sucesión de sketches cómicos de gore y violencia, por muy excelentes que sean. El delirante mundo de los Feebles, por el contrario, es capaz de proporcionar un telón de fondo compuesto tanto con la consistencia de un mundo coherente y poblado de personajes interesantes como con el brillo de la irrealidad de las marionetas y los espacios oníricos entre los bastidores, sobre el cuál los vicios desagradables y las desproporcionadas escenas de violencia resaltan con mayor toxicidad y repugnancia.

El formidable talento y la grandiosa originalidad de Peter Jackson a la hora de imaginar efectos y escenas cada vez más creativamente repugnantes, lo que es el centro de nuestro artículo, resalta de igual forma en las tres obras mencionadas, de forma quizás más sobresaliente con bajo valor de producción en Mal gusto. Pero con lo que El delirante mundo de los Feebles cuenta, en primer lugar, es con un mundo donde no hay humanos, y donde por tanto sus personajes pueden ser corporalmente deformados y manipulados con ese mismo ingenio que brilla en su entorno y en sus escenas más viscerales, literalmente. Por otro lado, la inocencia y el romanticismo pueril de Robert, el erizo, o la furia vengativa de Heidi, una estrella en decadencia, hacen que la película contenga paradójicamente a los personajes más humanos de las tres, y dan más sentido y carga emocional a los desproporcionados fuegos artificiales de sangre y vómitos que, seamos sinceros, es lo que veníamos a ver en primer lugar.

Por alguna razón que no merece nuestra atención, Jackson dejaría el splatter para dedicarse a proyectos dramáticos como Criaturas celestiales (Peter Jackson, 1994), aunque seguiría mostrando su ingenio y su inconfundible sentido del humor en obras como el maravilloso mockumental La verdadera historia del cine (Peter Jackson, 1995). Puede que resulte desconcertante preguntarse qué vieron los productores de El señor de los anillos en las primeras películas de Jackson para encomendarle una tarea que parece reservada a un visionario, aunque quizás este desconcierto sea más probable para quienes conocemos el resultado final y el impacto que provocó la trilogía. Sea como fuere, los primeros años de Jackson merecen un puesto privilegiado, quizás también como visionario de su género, como algunos de los mejores ejemplos históricos donde la alianza entre la creatividad y la asquerosidad ha dado sus más horripilantes resultados.


Artículo perteneciente a la serie: GRANDES CINEASTAS   



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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 31 octubre, 2020
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 31 octubre, 2020

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