Un lugar tranquilo 2
| Levantando la voz

John Krasinski rueda una secuela que, aunque rebaja las potentes premisas de su predecesora y abandona su tono íntimo, es capaz de renovar la frescura del subtexto de protección filial mientras abre la puerta a nuevas fronteras narrativas.

El joven Matt Murdock, un pobre muchacho de Hell’s Kitchen criado en los valores de la educación y la no violencia, sufre un accidente en el que una sustancia corrosiva le deja ciego por completo. Lastrado de por vida por esa discapacidad y el posterior asesinato de su padre en un combate de boxeo, este huérfano solo encuentra consuelo en dos pilares: la fe y las artes marciales. Ayudado por su maestro Stick y movido por su inquebrantable concepto de lo que es la justicia, Matt consigue potenciar todos sus sentidos restantes, hasta tal límite que estos superan a los de cualquier humano. Convirtiendo discapacidad en superpoder y a Matt en Daredevil.

No es la única historia en la que menos se acaba tornando en más. Allá por 2018, John Krasinski, al que todos conocemos por haber sido el rostro de lo afable en The Office (Greg Daniels, Ricky Gervais, Stephen Merchant, 2005), nos presentaba su nuevo proyecto como escritor, director y también actor principal. Semejante compromiso integral solo puede surgir con obras que evoquen a lo personal y es que Krasinski acababa de volver a ser padre y eso, se quiera o no, acaba marcando. Así, Un lugar tranquilo (John Krasinski, 2018), que partía de una idea original de Bryan Woods y Scott Beck, nos narraba la historia de una familia clásica desolada por unas circunstancias excepcionales: la invasión de una raza alienígena depredadora que se guía exclusivamente por el sentido del oído; obligando a que estos padres defiendan a sus hijos exclusivamente a base de la norma de «comer y callar». Fuera de bromas, la película de Krasinski, también protagonizada por su mujer Emily Blunt, se autoimponía la norma de prescindir del sonido como premisa principal, creando un ambiente de tensión en el que primaba el ingenio y donde cada sutileza, cada acto, cobraba una relevancia impropia. Algo muy trabajado y poco frecuentado por las cintas de terror comunes, aunque esto tampoco la alejaba del mainstream, consiguiendo recaudar más de 188 millones de dólares en EE.UU. y Canadá. Y como el dinero llama al dinero, la Paramount solo necesitó de un par de semanas para comprobar el éxito de la cinta y poner en marcha una secuela. Así de rápido funcionan las cosas. Lo cual es también comprensible, por lo de ser una continuación directa y necesitar que los críos que aparecían en ella no se transformen súbitamente en adolescentes de la noche a la mañana. Que también pasa.

Emily Blunt repite su papel de madre protectora.

Consecuentemente y tras un año de permanecer en silencio por culpa de cierta pandemia, Un lugar tranquilo 2 (John Krasinski, 2021) ha llegado a nuestros oídos para ponernos de nuevo en alerta y temer por la valía de las segundas partes. Porque las segundas partes, y en realidad todo aquello que tenga «segundo» como atributo, trae consigo el lastre de unas expectativas. De dimensiones, de coordinación o de fluida continuidad. La secuela ha de ser equivalente en calidad a su antecesora, pero a la vez diferente en espíritu. Abordar más sin segar lo sembrado. Y suponer un espejo a lo pasado con la capacidad de corregir defectos. Krasinski, con todo ese peso encima, decide que la continuación de su obra suponga una expansión de esta: el mismo juego pero con el tablero más grande. Dispuesto a introducir nuevas normas y variantes que le permitan renovar la frescura de su historia de protección filial. Así nos habla del mundo que ha surgido a raíz de los ataques de los alienígenas y de la moral y el talante de los pocos supervivientes que han conseguido mantenerse en silencio. Y si bien es cierto que esta expansión abre muchísimas fronteras narrativas posiblemente interesantísimas de abordar, a su vez cierra las puertas a ese tono íntimo y minimalista de la primera entrega que tanta incertidumbre conseguía crear. «¿Dónde está la gente?, ¿de dónde viene la amenaza?, ¿cómo se puede combatir?» son preguntas que generaban inquietud al quedar al cargo de la imaginación del espectador pero que ahora encuentran su respuesta con tal de dar base a un mundo, todavía por explorar.

Krasinski decide que la continuación de su obra suponga una expansión de esta: el mismo juego pero con el tablero más grande.

Y no es este el único cambio que fuerza esta expansión. Si bien las limitadas localizaciones de la primera potenciaban una dinámica evasiva ante una amenaza imparable, aquí el campo queda abierto y las debilidades al descubierto, lo que fomenta la acción y el cañonazo limpio. Algo así como lo que pasó con Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979) y su secuela Aliens: El regreso (James Cameron, 1986). Lo cual, como sabemos, no es necesariamente malo, menos aun cuando Krasinski decide rodar la acción priorizando los planos de larga duración y con cámara en mano, siguiendo en muchas ocasiones las propias perspectivas de los personajes e impidiendo así predecir de dónde puede surgir la amenaza. Especial mención a su prólogo, que hace honor a todas esas virtudes, encontrándose similitudes varias con otras obras del género survival como el archiconocido videojuego The Last of Us (Bruce Straley, Neil Druckmann, 2013), a quien le debe muchas de sus referencias visuales a la hora de construir su mundo posapocalíptico.

Cillian Murphy abre el abanico de personajes de Un lugar tranquilo, limitado previamente a la familia.

¿Significa eso que esta renovación ha perdido por el camino sus anteriores puntos fuertes? Pues realmente no. Aun con toda la acción y la rebaja que se le realiza al mantenimiento del silencio, la película guarda como oro en paño todos aquellos momentos de tensión en los que mantener la lengua mordida y los puños apretados para no perder presión. Si ya en su primera parte triunfaba en su manejo de la anticipación, como el mejor Spielberg, el de Tiburón (1975) o Parque Jurásico (Jurassic Park) (1993), aquí además se permiten la acrobacia de mantener la tensión de varias escenas en paralelo, gracias a un montaje sumamente cuidadoso y medido con su ritmo narrativo. También cabe recordar que la banda sonora sigue perfectamente sincronizada con un diseño de sonido que trata de crear atmósferas, potenciar los clímax y reforzar conceptos de la narración. Al igual que la fotografía sigue recordando a una postal añeja y desgastada que rememora tiempos difíciles pero también de fortaleza.

No es cuestión pues de debilidades, sino de prioridades. En sus entrevistas John Krasinski hablaba de Un lugar tranquilocomo una película que trataba esencialmente de la paternidad y del reto aterrador que este supone para todos aquellos que tengan críos a su cargo. Esta secuela, más entendida como hija de la anterior, trata de ser más lista y profunda que sus progenitores, a base de demostrar lo bien aprendida que tiene la lección, a veces incluso con verdaderas proezas técnicas. Sin embargo y como error habitual en el principiante, tiende a verbalizar actos que antes ganaban más siendo simplemente realizados, a dar detalles que restan más que suman o a valorar el qué antes que el cómo. Tampoco hay razones para culparla, dado su esfuerzo de intentar alcanzar límites a los que sus padres no pudieron llegar, aunque para ello haya que levantar la voz.




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Texto de Luis Glez. Rosas | © laCiclotimia.com | 18 junio, 2021
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Texto de Luis Glez. Rosas
© laCiclotimia.com | 18 junio, 2021

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