Un hombre lobo entre nosotros
| Espabila o se te comen

Basada en el videojuego homónimo, esta comedia tipo Cluedo con licántropo infiltrado ironiza sobre con qué fiereza la sociedad empuja a la minoría que se resiste a adquirir mal carácter a una hombría mal entendida para exigir el debido respeto.

Sitges no sería el mismo si no acogiera alguna comedia-terror, destinada a un mayor abanico de público. En recientes ediciones hemos reído y sonreído con obras como Little Monsters (Abe Forsythe, 2019) o Noche de bodas (Tyler Gillett, Matt Bettinelli-Olpin, 2019). Misterio y crimen en tono desenfadado, irónico, incluso disparatado, aunque no carente de cierta mala leche enriquece este formato Cluedo, que suele funcionar como la seda a poco que el guion se tome la molestia en jugar al despiste con el elenco de personajes, que estos sean lo suficientemente caricaturescos y colocar algunos chascarrillos en su justo momento. Premisa que, en el caso que nos ocupa, se cumple decentemente. Si bien el humor, como los miedos verdaderamente paralizantes, son muy personales, se puede decir que, sin ser desternillante, esta pieza es sencillamente divertida, más que entretenida. La combinación de dichos elementos con un reparto de sobras carismático —mención especial merece Chachi, el perrillo faldero—, hacen de este filme una apuesta segura para salir de la sala y del festival con buen sabor de boca.

Michaela Watkins es Trisha Anderton.

Quienes conozcan el videojuego homónimo, o su más rudimentario precursor, el juego de mesa Hombres lobo de Castronegro (o vayamos más allá, prescindiendo de lo material: el tradicional Un pueblo duerme), ya sabrán la dinámica. Como ejemplo fílmico reciente está Puñales por la espalda (Rian Johnson, 2019), sin contar la presente con semejante brocado de guion y giros. Mucho más sencilla, sin dejar de ser resultona. El punto de partida es el habitual en las historias en que lo paranormal irrumpe en la rutina aparentemente tranquila de una aldea: fase de negación de la existencia de un fenómeno o criatura sobrenatural para adjudicárselo a fieras —el paraje natural en una zona aislada y cumbres nevadas con presencia de alimañas, fomenta eso— para luego desconfiar del entorno o de una farsa a lo Scooby Doo. Se nos presenta el elenco de vecinos que, desde el principio, son caricaturizados como esperpentos sin necesidad de profundizar, porque las cuatro pinceladas de cada uno son suficientemente reconocibles en nuestro imaginario de estereotipos como para que les demos la bienvenida. Entrañables y miserables en suficiente grado como para que atraigan tanto como son susceptibles de albergar esa bestia interior —lema de la presente edición del festival, y por tanto, obra muy definitoria del espíritu de este año— que queremos descubrir antes de los créditos finales. La presencia del Harvey Guillén Guillermo de la Cruz en Lo que hacemos en las sombras (Jemaine Clement, 2016)— ya apela a verla. Y aporta elementos meta que marean el radar de licantropía. Se trata de una comedia ligera con algo de casquería sin recrearse en el gore: juega más con el fuera de plano y desenfoca lo asqueroso para recalcar la reacción cómica de quien se encuentre el percal. Y eso resta cutrez a los efectos especiales, pero al apostar por el humor, cuando por fin se nos revele lo siniestro, va a rebozarse en el disfraz de lobo irreal, de dibujos animados. ¿Para qué algo pavoroso, orgánico y creíble? No es ese el tono de la obra. Aquí, menos es más que suficiente.

Una comedia ligera con algo de casquería que, sin recrearse en el gore, juega más con el fuera de plano y desenfoca lo asqueroso.

En cuanto al subtexto, es un sobrevivir al homo homini lupus. En el género, sabemos que el bicho, la amenaza, es una herramienta que retrata y hace aflorar cómo es cada cual, lo vil del ser humano para con sus iguales. La bucólica vida en el monte se esfuma en convivencia forzada, confinada —de nuevo, el trauma global de 2020— en un círculo con roces. Y quien se aísla se vuelve huraño. Defiende lo rural, lo salvaje que debe ser preservado ante el capitalismo que drena tierras y pueblos. Reparte karma proporcionado, y eso lleva al público a aprobar el destino de cada personaje. Ya lo dice Ana Lily Amirpour en su última maravilla: «es difícil que te guste la gente», y aún así, esta divierte. El mensaje clave cuestiona la utilidad de ser viril mediante el forestal protagonista, un Sam Richardson adorable: esa amistad tuya que, «de buena, es tonta». Y si no la tienes, eres tú, dicen. Esta película plantea: ¿qué hay de malo en ser amable en una sociedad de bestias? Mantén tu autenticidad, que no te pudran.


Artículo perteneciente a la serie: SITGES FILM FESTIVAL 2021   



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Texto de María José Orellana Ríos | © laCiclotimia.com | 12 octubre, 2021
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Texto de María José Orellana Ríos
© laCiclotimia.com | 12 octubre, 2021

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