Tokyo Godfathers
| Cálida nevada en navidad

El malogrado Satoshi Kon realiza, en su tercer trabajo, una oda al amor, a la reconciliación y a la familia. Una poética reflexión acerca de la situación que nos ha tocado vivir que dista bastante de la oscura temática habitual de sus películas.

La navidad es para pasarla en familia, ¿pero qué es la familia? Según su definición más básica, la familia es un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas, ¿es eso estrictamente cierto? En ocasiones, en la familia no se nace, sino que se hace. En ocasiones las circunstancias personales de cada uno le hacen salirse del camino establecido y tener que labrarse por uno mismo una familia. Triste, pero cierto. El malogrado Satoshi Kon, en su tercer trabajo —en el que comparte el puesto de director con Shôgo Furuya en su único crédito en este cargo—, ligeramente inspirado en el clásico de John Ford Tres padrinos (1948) —que a su vez es remake de Tres desalmados (Richard Boleslawski, 1936) y este a su vez  de Santos del infierno (William Wyler, 1929)— , ha creado un clásico cuento navideño en el que reflexiona acerca del amor, la familia, la soledad, el dolor; acerca de sentirse desplazado y marginado, acerca de aquello que nos hace humanos. Siguiendo la odisea de tres vagabundos de la capital nipona con el objetivo de encontrar a la familia de un bebé abandonado en la basura, seremos los espectadores de un breve pero maravilloso momento de sus vidas, en el que sus más oscuros problemas del pasado saldrán a flote, pero en el que, por fin, podrán formar una familia.

Como es ya habitual en las cintas de Satoshi Kon, las composiciones con espejos tan características del maestro David Lynch hacen acto de presencia.

Si bien es cierto que el humor no es un elemento habitual en la filmografía del cineasta de Hokkaidō, su maestría a la hora de narrar hacen de él un artista camaleónico, con una gran capacidad para explorar nuevos horizontes sin perder su esencia, a la vez que engrosa su imaginario y lo perfecciona a partes iguales. Con su oscura ópera prima: Perfect Blue (1997), Kon quería hablar acerca de los abusos de poder, del turbio submundo del modelaje y de la corrupción de una mente inocente, recién llegada y sin malas intenciones. Por otro lado, en su segundo trabajo: Millennium Actress (2001), su cinta más romántica sin lugar a dudas, realiza un homenaje al cine detrás del cine aderezado con uno de esos romances que calan hondo. El director explora en cada filme nuevas formas de expresarse al mundo, y Tokyo Godfathers (2003) no iba a ser la excepción. Saliendo de su zona de confort en la que presentaba la narración de forma desordenada y caótica, el cineasta muestra los acontecimientos de forma clara y directa, eliminando casi por completo —pero no del todo, ya que es marca de la casa— las situaciones surrealistas o la confusión entre realidad y fantasía. Gracias a esto, esta cinta resulta sin lugar a dudas una de las más accesibles del autor y un gran punto de entrada a su tristemente corta filmografía.

Satoshi Kon usa la precaria situación de los protagonistas para indagar en su pasado, además de reflexionar acerca de la culpa y del perdón, añadiendo su habitual dura crítica para con la sociedad japonesa moderna.

Los vagabundos son un colectivo del que se ha reflexionado mucho en estos últimos tiempos, sobre todo en tierras niponas. Recientemente, el aclamado estudio de videojuegos japonés Ryu Ga Gotoku Studio, con último trabajo publicado: Yakuza: Like a Dragon (2020), realiza una reflexión acerca de este colectivo y sobre su situación en el país. En Tokyo Godfathers, Satoshi Kon usa su gran habilidad para meditar sobre la vida misma de un vagabundo, sobre cómo llega una persona a dicha situación y sobre el trato que muchas veces se les da. La contraposición de lo amargo y lo alegre es una máxima a lo largo de la cinta. Los acontecimientos más sobrecogedores, en los que los personajes se sinceran y se abren en una interminable búsqueda de consuelo —ya que están rotos por dentro— se contrarrestan con algún que otro momento cómico que rompe la tensión creada y hace que el mensaje transmitido sea mucho más fácil de digerir. Por otro lado, la religión cristiana —sobre la cual reflexionó largo y tendido Kazuyoshi Katayama en su enigmática King of Thorn: El rey del espino (2009)—, que desde el inicio mismo del metraje tiene una presencia mayoritaria, en gran medida debido a la festividad navideña en la que transcurre la cinta, encarna ese optimismo que necesitan los desamparados protagonistas para continuar su periplo hacia las profundidades de una ciudad que no les regala nada en ningún momento. De hecho, se lo quita todo.

La familia, ¿bonito no? Qué es una persona sin una familia. Qué hace alguien que no tiene nadie que le importe, nadie que se preocupe por él. Los humanos necesitamos querer y ser queridos, va en nuestra naturaleza, en nuestro código genético. Nuestros seres queridos son, en muchas ocasiones, los que nos hacen seguir adelante, sin importar lo que haya ocurrido. Por lo tanto, ¿qué haría alguien para salir de una situación realmente complicada sin nadie que le apoye en esos duros momentos? Kon usa la precaria situación de los protagonistas para indagar en su pasado, además de reflexionar acerca de la culpa y del perdón, añadiendo su habitual dura crítica —puede que más presente que nunca en esta cinta— para con la sociedad japonesa moderna, más concretamente realizando especial énfasis en determinado sector descerebrado de la juventud que, al caer la noche, pierde todo atisbo de humanidad y es capaz de cualquier cosa. Sin ninguna duda, esa sensación de unión familiar se ve reflejada, con el paso de los minutos, en el acercamiento que van teniendo entre sí Gin, Hana y Miyuki —los tres sintecho—, puede que debido exclusivamente a la presencia del bebé, ya que representa el amor incondicional; o puede que el mero hecho de su presencia ablande los curtidos corazones de los protagonistas y les facilite sincerarse los unos con los otros. Abrir el corazón, por muy duro que resulte, une, y lo hace para siempre. Por todo esto, Tokyo Godfathers es la cinta de anime que mejor representa las vicisitudes y dificultades por las que pasan personas que no tienen nada.

Los que queremos nunca nos abandonan, ni aunque pensemos que lo han hecho. Satoshi Kon, maestro de lo macabro y lo grotesco, muestra con especial gusto y gran lírica los aspectos más duros de la vida de un colectivo al que muchas veces damos la espalda. El de Hokkaidō no busca adoctrinar, ni mucho menos; simplemente tiene por objetivo mostrar, a aquellos que le dediquen parte de su tiempo a visionar su trabajo, algunos de los aspectos más oscuros de la sociedad humana, seguidos de un pequeño ápice de esperanza que parece sacado de los filmes del maestro Hayao Miyazaki. Dicha esperanza nunca se desarrolla del todo, simplemente se pone sobre la mesa que, si todo se hace como se debería, esa esperanza dejará de serlo y se convertirá en una realidad. La más fría nevada de navidad puede tornarse cálida si se está rodeado de aquellos a quienes se ama.


Artículo perteneciente a la serie: ANIME    CICLO SATOSHI KON   



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Texto de Diego García Miño | © laCiclotimia.com | 11 julio, 2021
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Texto de Diego García Miño
© laCiclotimia.com | 11 julio, 2021

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