The Innocents
| Cambio de lente

El director noruego Eskil Vogt orquesta de forma magistral uno de los reflejos más certeros de la infancia. Una obra que consigue transportarnos de nuevo a los ojos de un niño para mostrarnos lo que ignoramos, lo que anhelamos y lo que tememos.

Los niños no son estúpidos. Desde la altura de nuestros hombros es lo que nos gusta creer o, al menos, lo que nos resulta más fácil de asimilar. Pero no son tontos. Nada de eso. No son versiones pequeñas de los adultos en las que el razonamiento, algo que supuestamente nos caracteriza, queda mermado. Y aun así seguimos hablándoles como si no entendieran, como si no pudieran entender. Porque a fin de cuentas es más sencillo. ¿Para qué interesarse en comprender el complejo lenguaje, la manera de pensar de un niño paralela a nuestras deducciones, cuando tenemos la condescendencia siempre a mano? Comodidad. Muy pocos han hecho el esfuerzo y han salido airosos. Nos paramos a pensar y llegamos a nombres como Stephen King, M. Night Shyamalan o Steven Spielberg. Nombres que deben gran parte de su tamaño a haber sido capaces en algún momento de su vida de reflejar en sus obras lo que es la infancia realmente: esa lente con la que una vez enfocamos la vida, capaz de objetivar, desenfocar o expandir la realidad, fruto de unos ojos recién abiertos al mundo. Como decimos, tal proeza solo queda al alcance de unos pocos. Pero ahora el director noruego Eskil Vogt puede presumir de haberse unido al club porque su última película The Innocents, un relato sobre cómo cuatro niños van descubriendo incidentalmente sus poderes paranormales, es todo un estudio sobre la mentalidad infantil y un ejemplo soberbio sobre cómo manejar esa lente primigenia.

Un estudio sobre la mentalidad infantil y un ejemplo soberbio sobre cómo manejar esa lente primigenia.

Rakel Lenora Fløttum es Ida.

Lo más curioso de The Innocents es el tono que llega a conseguir. Como decíamos, Vogt ha hecho los deberes y muestra un nivel de entendimiento tal de la psique de un crío que, desde el minuto cero hasta el final, mantiene dicha perspectiva. Es decir, te lleva de lleno a los ojos de un niño y a cómo este interpreta el descubrimiento, el dolor, la alegría o la maldad, sin simplificar conceptos. Estás en el mundo de los infantes y lejos de ideas preconcebidas de arcoíris y caritas sonrientes, aquí las cosas son bien turbias. Sus personajes, que se saltan más de una norma en torno a «cómo deberían ser los niños en el cine» rebosan profundidad y remueven los recuerdos y los sentimientos más nucleares del espectador. En gran medida, por su condición de rotos. Y esa es otra, porque la forma que tiene Vogt de manejar el trauma infantil y cómo el niño lidia por primera vez con emociones y poderes hasta ahora fuera de su alcance, es de aplaudir hasta reventar. Por su sencillez en la puesta en escena, por la intensidad que le da a lo íntimo del dolor o por cómo acompaña cada secuencia de un elemento tangible, ya sea sonoro o visual. Además, aunque la película apueste siempre por la perspectiva de un niño, cuenta con escenas que, por contraposión, asaltan directamente a tu condición de adulto. Creando una distancia creíble y razonable entre ambos mundos, el de los mayores y los menores de edad, te hace reflexionar sobre lo que acontece cada día a ojos de un niño y decidimos ignorar porque de ser conscientes, estaríamos aterrorizados. The Innocents es el reflejo de la infancia, ni más, ni menos. Con sus fantasias y sus monstruos. Sus descubrimientos y desencantos. Sus risas y sus llantos. Una pelicula halagüeña y desesperanzadora a partes iguales. Como decíamos, como la infancia.


Artículo perteneciente a la serie: SITGES FILM FESTIVAL 2021   



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Texto de Luis Glez. Rosas | © laCiclotimia.com | 13 octubre, 2021
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Texto de Luis Glez. Rosas
© laCiclotimia.com | 13 octubre, 2021

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