The Dark and the Wicked
| ¿Prefieres no mirar el horror? Pues toma dos tazas

Estados Unidos, 2020 | Dirección: Bryan Bertino | Título original: The Dark and the Wicked | Género: Terror | Productora: The Travelling Picture Show Company, Unbroken Pictures, Shotgun Shack Pictures, Inwood Road Films | Guion: Bryan Bertino | Fotografía: Tristan Nyby | Edición: William Boodell, Zachary Weintraub | Música: Tom Schraeder | Reparto: Marin Ireland, Michael Abbott Jr., Xander Berkeley, Lynn Andrews, Julie Oliver-Touchstone, Tom Nowicki, Ella Ballentine, Mel Cowan, Mindy Raymond, Chris Doubek, Michael Zagst | Duración: 94 minutos | Festival de Sitges: Sección Oficial (2020) |

Estados Unidos, 2020 | Dirección: Bryan Bertino | Título original: The Dark and the Wicked | Género: Terror | Productora: The Travelling Picture Show Company, Unbroken Pictures, Shotgun Shack Pictures, Inwood Road Films | Guion: Bryan Bertino | Fotografía: Tristan Nyby | Edición: William Boodell, Zachary Weintraub | Música: Tom Schraeder | Reparto: Marin Ireland, Michael Abbott Jr., Xander Berkeley, Lynn Andrews, Julie Oliver-Touchstone, Tom Nowicki, Ella Ballentine, Mel Cowan, Mindy Raymond, Chris Doubek, Michael Zagst | Duración: 94 minutos | Festival de Sitges: Sección Oficial (2020) |

Bryan Bertino homenajea a toda mujer que carga con los cuidados de sus mayores enfermos. Y lo hace cortando la respiración con imágenes que se grabarán a fuego en nuestras pesadillas más duras. Lo terrible no solo asoma: acosa las retinas sin tregua.

Una granja en plena naturaleza, apartada del gentío y en paisajes rurales y semidesérticos, puede ser un lugar de retiro idílico. Pero los rebaños nerviosos siempre son un mal presagio. Es un clásico: siempre se ha dicho que los animales perciben ipso facto lo que nuestro instinto desvirtuado ignora hasta que le está aporreando la puerta con extrema violencia. O hasta que hace sonar el timbre una y mil veces.

Todos estos recursos sonoros, por muy trillados que estén en las historias que juegan con las presencias fantasmales o demoníacas, se administran en su justa medida y funcionan. Una atmósfera que marida muy bien con eso de tener a una persona acostada e intubada, entre la vida y la muerte. Un drama diario que va a eclosionar en sustos de muerte, rematados con un llevarlo más allá. Porque lo que muestra es real y factible, incluso cuando es imposible. No se apoya en unos recursos técnicos que tengan que estar extremadamente bien afinados para esquivar el riesgo de imagen cutre y mal lograda. Por lo tanto, mostrarlo no pone en riesgo la credibilidad. Juega con todo lo que sabemos que escapa a nuestro control. Es una especie de Ari Aster.

Querrás que pare de hacer lo que te está enseñando

Así, tirando de manual, nos va metiendo en ambiente, con gran eficiencia, The Dark and the Wicked (Bryan Bertino, 2020). Y cuando ya tenemos el entumecimiento de la tensión bien agarrado, el golpe es brutal. Es como recibir un chorro de agua hirviendo y que encima venga la cámara a retorcerte de un pellizco la picadura. Esta película es un «¿te va a dar algo?, ¿te he puesto los pelos de punta ya? Pues súmale ahora esta visión aún más horrible, por si aún te latía el corazón». Y todo esto con la elegancia de apenas manejar casquería.

Por buscar algún referente más, podríamos decir que alguna aparición podría recordarnos a esa utilización de lo inevitable y omnipresente en el terror japonés. Cierto momento puede recordar inicialmente a The Eye (Oxide Pang, Danny Pang, 2002), pero Bertino es hábil de sobra como para llevarlo un nivel más lejos y más hiriente.

Lo familiar se torna ajeno y amenazador

El dolor y el trauma de las pérdidas llevan a los supervivientes a los terrenos de mayor vulnerabilidad. Al temor real de estar perdiendo la cabeza. También surge el sentimiento de incomprensión, sobre todo cuando siempre son las mismas quienes asumen la carga de tener que enfrentarse a las curas, los cuidados, el sostén psicológico y el cariño, pero también a la decrepitud y a la muerte.

Con todos estos ingredientes, el clima es propicio para dejarse llevar por la paranoia y percibir que nadie es quien aparenta ser. Y lo más terrorífico: que en realidad todos estamos y morimos solos, por más compañía física que podamos tener alrededor. Es un miedo primario y universal, y cohesiona todos los demás terrores aquí evidenciados.

El terror sobrenatural, en esta ocasión, amplifica el sufrimiento implícito en aceptar esta tarea desde la devoción amorosa que a menudo se torna en una soga y que casi siempre recae en las mujeres.

La situación es lo suficientemente dramática y cercana como para tender un puente de empatía entre espectadores y personajes. No necesita profundizar en estos últimos más allá del arquetipo de la hermana mayor responsable y el hermano menor, criado entre algodones, y haciendo su vida lejos sin haberse tenido que preocupar por sus padres ancianos más que lo mínimo. El personaje que sistemáticamente niega la veracidad de lo que comienza a vislumbrar, que maquilla lo que no le gusta para no tener que aceptar su existencia y aprender a gestionarlo. Porque, al margen de lo sobrenatural, la imagen idealizada de los padres incurre en el riesgo de ser humanizada. Y por lo tanto, de ser defectuosa y derrumbar lo más tierno de la infancia, e incluso los cimientos del modelo a seguir en la nueva estructura familiar que se ha construido. Sin necesidad de grandes ambages, los sentimientos encontrados de estos hermanos nos resultan conocidos y cercanos, por su universalidad.

La pesada carga del amor y los cuidados en la enfermedad

El terror sobrenatural, en esta ocasión, amplifica el sufrimiento implícito en aceptar esta tarea desde la devoción amorosa que a menudo se torna en una soga y que casi siempre recae en las mujeres. En las hijas, en el mejor de los casos, si no en una extraña que debe protegerse del dolor y la soledad de las vidas ajenas que le apuñalan los ojos. Además, en un gremio injustamente remunerado. Y si algo nos debería enseñar esta pandemia, es que eso hay que remediarlo de inmediato.

Pero también ilustra la agonía de querer retener a nuestros seres queridos hasta el extremo. Incluso cuando lo menos egoísta sería dejarlos marchar por fin en paz.


Artículo perteneciente a la serie: SITGES FILM FESTIVAL 2020   



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Texto de María José Orellana Ríos | © laCiclotimia.com | 10 octubre, 2020
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Texto de María José Orellana Ríos
© laCiclotimia.com | 10 octubre, 2020

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