Tenet
| A veces sobran las explicaciones

Reino Unido, 2020 | Dirección: Christopher Nolan | Título original: Tenet | Género: Thriller, Acción, Ciencia ficción | Productora: Distribuida por Warner Bros. Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; Syncopy Production, Warner Bros. | Guion: Christopher Nolan | Fotografía: Hoyte van Hoytema | Edición: Jennifer Lame | Música: Ludwig Göransson | Reparto: John David Washington, Robert Pattinson, Elizabeth Debicki, Kenneth Branagh, Dimple Kapadia, Aaron Taylor-Johnson, Michael Caine, Clémence Poésy, Martin Donovan, Himesh Patel, Andrew Howard | Duración: 150 minutos |

Reino Unido, 2020 | Dirección: Christopher Nolan | Título original: Tenet | Género: Thriller, Acción, Ciencia ficción | Productora: Distribuida por Warner Bros. Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; Syncopy Production, Warner Bros. | Guion: Christopher Nolan | Fotografía: Hoyte van Hoytema | Edición: Jennifer Lame | Música: Ludwig Göransson | Reparto: John David Washington, Robert Pattinson, Elizabeth Debicki, Kenneth Branagh, Dimple Kapadia, Aaron Taylor-Johnson, Michael Caine, Clémence Poésy, Martin Donovan, Himesh Patel, Andrew Howard | Duración: 150 minutos |

Lo último de Nolan dispone de los elementos necesarios para ser una impresionante película de espías, poderío audiovisual y arrollador sentido del espectáculo por medio, aunque tiende a la sobreexplicación de su innecesariamente enrevesada trama.

Si habéis visto algún capitulo de Rick y Morty sabréis que lo complejo no tiene por qué estar reñido con lo divertido. Dan Harmond y Justin Roiland han creado tal universo narrativo que les permite fácilmente maniobrar en la dirección que quieran, hacia la temática que quieran y manejando la perspectiva que quieran. Lo mismo te cuelan un simple viaje a una aldea medieval, una lucha interdimensional entre diferentes versiones de sus protagonistas o un desdoblamiento espaciotemporal en la que varias realidades alternativas coexisten (y no) al mismo tiempo. Como aquel gato. Porque en Rick y Morty todo y nada importa, permitiendo que cada capitulo sea un lienzo en blanco en el que sus guionistas vierten más o menos pintura proveniente de sus pajas mentales, a sabiendas de que al final, en gran medida, acabará siendo desechado. Y, por tanto, habría que disfrutar más del proceso que de la conclusión.

Elegante, llamativo pero razonado es el estilo visual de Tenet.

A Christopher Nolan no se le ve disfrutando con Tenet. Puede que curiosee, que se deleite con según qué momento del metraje, pero se le nota tenso. Quizás porque ha llegado a ese punto en el que su nombre significa algo y el público lo asocia a un estilo concreto. Porque pretende superarse a sí mismo aumentando la escala de sus películas. O porque en ese titánico esfuerzo de sobredimensión note que se está haciendo la picha un lío y ahora teme que no se entienda su obra. Serenidad, por favor. Y confianza. Confianza también. Christopher Nolan, durante gran parte de su carrera, se ha caracterizado, además de por su exquisito gusto audiovisual en términos estéticos, por la elección de temáticas técnicamente complejas abordadas desde un estilo directo y una narrativa convencional, salvo excepciones. Haciendo accesibles al público en general conceptos que usualmente no serian digeribles, de ser pormenorizados. Así Origen (Christopher Nolan, 2010) hace del ámbito de los sueños una película de atracos o Interstellar (Christopher Nolan, 2014) convierte (o reduce) la física cuántica y los viajes espaciales en un drama familiar en el que un padre quiere reencontrarse con su hija. Y aunque el espectador medio, abrumado por tanto concepto novedoso, mire a sus compañeros y se sonría diciendo «no entiendo nada», sabe que en el fondo está experimentado una sensación lo suficiente familiar como para que no le resulte desagradable.

A Nolan no se le ve disfrutando con Tenet. Puede que curiosee, que se deleite con según qué momento del metraje, pero se le nota tenso. Quizás porque ha llegado a ese punto en el que su nombre significa algo y el público lo asocia a un estilo concreto

Tenet, su última pelicula, parte de un planteamiento similar utilizando los viajes temporales y un imaginario en el que, para que nos entendamos, el botón de play y el de rebobinado se pulsan a la vez; para mezclarlos con el ambiente y la estructura propia de una película de espías al uso, con visitas a localizaciones exóticas, villanos maníacos y alguna que otra cuenta atrás (que, en este caso, también iría hacia delante).

Esto, que se intuía desde aquel primer tráiler que emanaba esencia nolanita por todos sus poros, en teoría no tendría por qué fallar, dado que la jugada ya había sido realizada previamente. Pero como decíamos, se le ve tenso. Y a Nolan, que tiene complejo de profesor, eso se le nota. De buen profesor, ojo, porque realmente, aunque se exceda en dar explicaciones, se hace entender de buena manera, al menos en lo fundamental. Sin embargo, en esta película se tiende en exceso al peor tipo de explicación de la que se puede abusar en el ámbito audiovisual: la verbal. Las cuales, puntualmente y bien organizadas puede sostener tramas, como las de sus obras anteriores, en una determinada medida, pero aquí solo hacen del tema un concepto mas difuso y enrevesado de lo que en realidad es. O al menos, de lo que tendría que ser para una película de espías.

Y creed que Tenet tiene a su disposición todos los elementos necesarios para ser una magnifica e impresionante película de espías. Desde un poderío audiovisual arrollador y merecedor de la reapertura de los cines tras una pandemia mundial, pasando por contar con intérpretes de todo tipo, incluyendo algunos de cierto renombre como Kenneth Branagh que intenta profundizar y humanizar un villano terriblemente egocéntrico o un reformado a pulso Robert Pattinson que construye un compañero de armas que cae simpático a base de carisma; hasta lucir (quizás en exceso) una banda sonora meditada y con personalidad de manos de Ludwig Göransson, que recibe ahora la batuta del usual de Nolan, Hans Zimmer. Todo acaba concibiendo un verdadero espectáculo en una dirección única e interesante, casi artesanal, que no permite al espectador salir de su asombro.

En ese sentido, Tenet fluye que da gusto. Pero, al igual que en la película, no todo lo que coexiste fluye exactamente en el mismo sentido. Y si bien la acción y el entretenimiento por lo general llevan un ritmo decente durante gran parte del metraje, la falta de definición de sus personajes y de sus implicaciones en la historia además de las sobreexplicaciones impersonales de tal o cual paradoja de no sé qué niño muerto, arremeten violenta y contrariamente, ya sea al principio, a mitad o incluso al final de la película, donde supuestamente todo debería caer por su peso. Lo que tampoco significa, ni mucho menos, que esas fuerzas sean suficientes para desbordar la estructura que la mantiene en pie, pero si que, en muchos sentidos, hacen de Tenet una película menos disfrutable, dado que en muy breves ocasiones deja que el espectador simplemente se adentre en la película y la experimente, mas allá de que la entienda.

Porque, incluso cuando tratamos términos científicos, frecuentemente sobran las explicaciones para poder llegar a entender, por ejemplo, el impacto de un rayo o la fatalidad de la muerte. Tal y como decía Rick Sanchez: «a veces la ciencia es mucho más un arte que una ciencia».




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Texto de Luis Glez. Rosas | © laCiclotimia.com | 28 agosto, 2020
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Texto de Luis Glez. Rosas
© laCiclotimia.com | 28 agosto, 2020

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