Solo el fin del mundo
| Dolan y el dilema de la soledad como solución

Canada, 2016 | Dirección: Xavier Dolan | Título original: Juste la fin du monde | Género: Drama | Productora: Sons of Manual, MK2 Productions, Téléfilm Canada | Guion: Xavier Dolan | Fotografía: André Turpin | Edición: Xavier Dolan | Música: Gabriel Yared | Reparto: Gaspard Ulliel, Nathalie Baye, Vincent Cassel, Léa Seydoux, Marion Cotillard, Antoine Desrochers, Sasha Samar | Duración: 97 minutos | Festival de Cannes: Gran Premio del Jurado (2016) | Premios César: Mejor director, Mejor Actor, Mejor Montaje (2017) | | Disponible en:  Filmin  

Canada, 2016 | Dirección: Xavier Dolan | Título original: Juste la fin du monde | Género: Drama | Productora: Sons of Manual, MK2 Productions, Téléfilm Canada | Guion: Xavier Dolan | Fotografía: André Turpin | Edición: Xavier Dolan | Música: Gabriel Yared | Reparto: Gaspard Ulliel, Nathalie Baye, Vincent Cassel, Léa Seydoux, Marion Cotillard, Antoine Desrochers, Sasha Samar | Duración: 97 minutos | Festival de Cannes: Gran Premio del Jurado (2016) | Premios César: Mejor director, Mejor Actor, Mejor Montaje (2017) |

Louis es un escritor de prestigio que decidió dejar atras su pueblo natal y vivir su vida. Ahora, tras 12 años de ausencia, vuelve a su hogar para comunicar a su familia que su vida está a punto de acabar.

El siglo XXI y el desarrollo de las nuevas tecnologías no han hecho más que potenciar en nuestra sociedad actual la idea del pleno individualismo. No necesito la ayuda de nadie, porque toda solución a nuestros problemas está a la vuelta de un clic. No necesito hacer amigos en el patio del colegio, porque ya tengo en casa un ordenador con el cual jugar y unos «ciberamigos» con los cuales chatear. Y a veces el mundo es el que nos manda mensajes que nos hacen caer en la conclusión de que, tal vez, tú mismo eres el único apoyo que vas a tener en tu vida y que «igual mejor solo que mal acompañado». El día pasado una reportera de los informativos recogía las declaraciones de una madre preocupada porque «todo este asunto del coronavirus va a hacer que a los niños se les olvide la importancia de compartir». Como si aún eso existiese. Y este individualismo –y en gran medida, egoísmo– ha traído cosas muy positivas y otras muy negativas, pero es indudable que es uno de los grandes pilares que definen esta sociedad contemporánea, tan preparada para defenderse a sí misma pero que a veces no reconoce vivir en algo que va más allá de ellos mismos: una comunidad. Una sociedad. En Solo el fin del mundo (Xavier Dolan, 2016), el director canadiense nos muestra a un hombre solitario que tras escapar en su juventud de un lugar donde no se sentía comprendido decide regresar a su hogar, a su familia, para comunicarles que su vida está a punto de terminar.

Gaspard Ulliel encarná a Louis, un joven taciturno y solitario que no sabe cómo confesar la verdad a su familia.

Basada en la obra de teatro homónima del dramaturgo francés Jean-Luc Lagarce —con Juste la fin du monde (Jean-Luc Lagarce, 1990) como título original—, Solo el fin del mundo cuenta la historia de Louis, un escritor de prestigio que tras doce años de ausencia decide volver a su pueblo natal para anunciar a su familia que se está muriendo. Protagonizada por el premiado actor Gaspard Ulliel –acompañado de la crème de la crème del cine francés, como Marion Cotillard o Vincent Cassel, entre otros–, la película disecciona los conflictos de una familia disfuncional en donde cada uno tiene sus problemas y «movidas» y nadie está preparado para tragar con las de los demás.

Dolan cae en sus vicios de siempre haciendo que la película, a pesar de tener muchísimo potencial, se quede en tierra de nadie a la hora de desarrollar las múltiples ideas que va lanzando al espectador.

A sus 31 años, se puede decir que Xavier Dolan ya es un autor con un estilo muy definido. Ese modo tan arty y esteticista de reflejar dramas tan duros, con un tono que casi siempre tira al más puro melodrama junto a la fuerte representación de la temática LGTBI, se han convertido en bandera de una forma de hacer cine que cada vez tiene más adeptos. Esa puede ser la razón por la que, a pesar de su corta edad, haya conseguido convertirse en el niño mimado de Cannes consiguiendo, entre otras condecoraciones, el del Gran Premio del Jurado del Festival del 2016 con este Solo el fin del mundo. Y es que aquí Dolan sabe crear una atmósfera casi asfixiante, trasladándote a la ansiedad y la tristeza que siente el protagonista de esta historia. El uso de esos colores azulados y marrones, persistentes durante casi todo el metraje, transmiten la melancolía con la que ve la vida Louis y contrastan con los vivos colores con los que colorea Dolan los recuerdos de Louis, aquellos momentos de amor adolescente en los que se sentía feliz.

La comida familiar en la que transcurre la película abrirá heridas del pasado y sacará a la luz diferentes formas de ver la vida.

«Lo más cautivador del texto de Lagarce es lo nerviosos que están todos los personajes y cómo expresan muchas veces cosas que son superfluas y sin importancia. Hablan sobre cualquier cosa menos sobre lo que sienten». Xavier Dolan

Una de las cosas más interesantes de Solo el fin del mundo es la manera en la que refleja ese mismo individualismo del que hablábamos al principio, y cómo ese individualismo se puede llegar a acentuar cuando te sientes alguien diferente en un pueblo sumido en un repetitivo costumbrismo. Ese costumbrismo puede hacer feliz a algunos –como el modo en el que cuenta la madre de Louis la felicidad que le producían aquellas excursiones de domingo, gracias a los cuales ya no necesitaban salir más de vacaciones fuera–, pero pueden traer la más mísera desgracia a otros, como es el caso del propio Louis. El guion –adaptado por el propio Dolan– transmite perfectamente esa sensación de desapego por todo lo que rodea al protagonista, ese sentimiento de que «nadie realmente te entiende» que todo el mundo hemos tenido alguna vez. No abrirte a los demás porque no quieres preocuparles y además crees que no te pueden ayudar. Sabe encontrar el equilibrio en describir cómo ese espíritu independiente puede resultar a su vez una personalidad totalmente egoísta para tu propia familia. Se enfrentan así dos formas de ver la vida totalmente contrarias: una, la de ir por libre y no cargar a los demás con mis propios problemas y sin que yo tome responsabilidad por los de los demás –el «hará lo que tenga que hacer» como dice la madre de Louis–. La otra, la de afrontar la vida como una comunidad en la que más allá de los problemas de cada uno existe un ente más importante que todo: el de la familia –el personaje de Marion Cotillard representa a la perfección esto: una mujer anulada por su marido, que casi ni siquiera es capaz de hablar por sí misma pero que tiene claro que su familia es lo más importante–.

Otra de las cosas que recoge muy bien la película de Dolan es la añoranza por la vuelta a lo que antes era el hogar del protagonista. Una de las primeras escenas en la que Louis –interpretado por un fantástico Gaspard Ulliel– recorre en taxi el pueblo transmite a la perfección la sensación de volver a ver aquellos lugares que ya reconoces, lugares que han cambiado con el tiempo pero que siguen teniendo un significado especial para ti.

La confrontación entre Louis y su hermano, encarnado por Vincent Cassel, es un de los puntos álgidos de la película

Sin embargo, Solo el fin del mundo dista mucho de ser perfecta. Dolan cae en sus vicios de siempre haciendo que la película, a pesar de tener muchísimo potencial, se quede en tierra de nadie a la hora de desarrollar las múltiples ideas que va lanzando al espectador. Se agradece la presencia de un protagonista LGTBI en la que sus tendencias sexuales no se conviertan en el centro de la trama, pero a la vez no se entiende por qué Dolan trata de mostrarte la figura de un amor del pasado más allá de hurgar aún más en la tristeza del protagonista. Por otro lado, Solo el fin del mundo peca de melodramática, sobre todo en su clímax final. La película se vuelve excesiva, «chillona», y te expulsa en el momento más importante. Esto, junto una absurda metáfora con un pájaro hacen que, a pesar de todas las hazañas de la puesta en escena, no llegues a comprar del todo lo que te vende el enfant terrible canadiense.

En definitiva, Solo el fin del mundo es una película muy interesante sobre la soledad y la familia, pero que no llega a cumplir sus expectativas al final de todo. Lo mejor, la construcción de un protagonista tan taciturno como este y que se sienta aún así tan cercano. Lo peor, la cantidad de buenas ideas desaprovechadas que lanza el filme que acaban dejando un gusto agridulce. Eso sí, a veces se agradece cuando los grandes autores no se alargan demasiado y saben hacer películas de 100 minutos.




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Texto de Mikel Viles | © laCiclotimia.com | 19 octubre, 2020
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Texto de Mikel Viles
© laCiclotimia.com | 19 octubre, 2020

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