Sin señas particulares
| Cuando no hay camino de vuelta

Podemos ver el dolor de los demás como un modo de estar en el mundo, de lucha constante. Podemos canalizarlo a través de la justicia, que no siempre lleva a ningún lugar. A veces no hay forma de pelear contra quien te obliga a olvidar.

La inmigración es una constante en nuestro mundo, historias que se repiten una y otra vez: tragedias, deshumanización por parte de ciertos estados, falta de ayudas, ausencia de empatía para el que sufre la pérdida, sea humana o material. El dolor de esa pérdida no es fácil de llevar, pero en especial, perder a alguien sin tener ni idea de su paradero se vuelve algo angustioso. Eso es lo que sufren muchas madres y padres mexicanos al perder a sus hijos físicamente pero no en la memoria, porque en la memoria perdura todo: unos muertos, otros desaparecidos. Fernanda Valadez nos trae en su ópera prima una de esas historias que invaden México de uno a otro rincón. Magdalena, madre de un hijo que las autoridades mexicanas dan por muerto, es la protagonista que pone voz a todas esas madres desoladas que no saben nada de sus hijos cuando cruzan la frontera hacia Estados Unidos, jugándose la vida ante un sistema tremendamente injusto que golpea al más pobre, y en especial, al que procede de algún país del sur. Magdalena, no contenta con la respuesta de las autoridades ante la desaparición de su hijo —dándolos ellos por muerto sin pruebas de que sea así— piensa que lo han raptado, y ante la indiferencia del gobierno de México comienza una búsqueda de respuestas que le hacer recorrer todo el país, adentrándose en los lugares más oscuros y marginales. La obra de Fernanda Valadez no responde, pero crea preguntas tan sólidas como necesarias en un silencio que se vuelve hondo, que perdura.

Mercedes Hernández en la piel de Magdalena.

Miguel, el otro protagonista de este drama intergeneracional es la voz joven y migrante de un país que no lo quiere. Miguel redescubre un México cambiado, diferente del que abandonó en su momento: más violento, más olvidado por las instituciones. Esta película da voz a los nadie, aquellos abandonados por uno y otro país. En ese viaje se encuentra con Magdalena y nace entre ellos esa necesidad de diálogo, de respuestas y de empatía. Cada uno vive el camino inverso pero que comparte la misma sensación de desesperación. El relato es sincero, evita los sentimentalismo y un dramatismo innecesario que otorga más realidad a la obra. Gracias a los personajes se vuelve una historia genuina, cruda y realista, no hay artificios, nada sobra. Los silencios se vuelven un vacío. Miguel y Magdalena sufren la dureza de un sistema deshumanizado y frío; una no recibe más que negativas por la comisaría, otro vuelve a su comarca, una de las más acuciadas por la mafia de personas de todo México.

La obra de Fernanda Valadez no responde, pero crea preguntas tan sólidas como necesarias en un silencio que se vuelve hondo, que perdura.

Calmada pero emotiva, Sin señas particulares (2020) se adentra en lo despiadado del abandono, del crimen o del tráfico de personas, denunciando la total indiferencia del sistema hacia los más desfavorecidos, los que no tienen nombre. El valor de una madre que no tiene nada que perder y que necesita una respuesta, pero esa respuesta le da de frente con la realidad, una realidad en la que los valientes que tienen todo que perder o mucho que ganar (depende de cómo se vea) no son conscientes, y con la dureza que muchas veces trae la vida se dan cuenta de que a veces es mejor quedarse con el relato oficial, con el que el sistema es cómplice pero que es el más cómodo y, en ocasiones, fácil de llevar. El dolor nunca se irá, pero la entereza de una mujer no siempre es suficiente para devolver a su hijo, para hacer justicia.


Artículo perteneciente a la serie: EN FEMENINO   



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Texto de Elena Trinidad Gómez | © laCiclotimia.com | 18 mayo, 2021
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Texto de Elena Trinidad Gómez
© laCiclotimia.com | 18 mayo, 2021

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