Shiva Baby
| Impostora por necesidad

De filo cortante e intenciones explosivas, la festiva y maravillosa película de Emma Seligman toca las teclas necesarias para divertir y alterar a partes iguales mientras transita temas que van desde la libertad sexual hasta la hipocresía religiosa.

La comedia incómoda, si la podemos definir así, siempre ha sido un modo tan válido como otro cualquiera de pasar un rato divertido, aunque con el impulso constante de apartar la mirada o con el reflejo de salir corriendo. Quizá es por eso que despierta que llamamos vergüenza, u otra cosa parecida, que las situaciones sociales en las que algo está un poco fuera de lugar —en el caso que nos ocupa, mucho más que eso— generan una comicidad calamitosa y solitaria, de la que uno se siente un poco extraño al reírse, pero al mismo tiempo de la que es imposible apartar la vista, por muchos reveses que reciba la protagonista de la función —introduzcamos en este punto a Rachel Sennott interpretando a Danielle, la accidentada joven que lucha por superar una jornada familiar imposible— y momentos embarazosos se vea obligada a enfrentar. De este modo, Shiva Baby (Emma Seligman, 2020) es, reduciendo mucho la definición, una maravillosa comedia de enredo, de verbo rápido y puntería fina, que se atreve con temas enormes como la misoginia latente, el cinismo religioso, el paternalismo hacia la juventud, el peso de las expectativas infundadas, la frivolización absoluta de los trastornos de alimentación y la libertad sexual. Pero lejos de provocar una ola de reacciones en el espectador y en las antípodas de la controversia fácil, se las apaña para meterse dentro de una shiv’ah (un funeral judío en el que las personas se reúnen en la casa del finado y llevan grandes cantidades de comida) y apuntar con descaro y un gusto exquisito por el humor negro y la desvergüenza juvenil todas las horribles situaciones que familiares de todo tipo y calaña le imponen a la pobre Danielle, que comienzan en el comentario constante hacia su delgadez —«no sé qué estarás haciendo, pero comer no»—, la crítica frontal hacia su posición social y estudiantil y la intromisión bochornosa en su vida sentimental, todo ello sin apartar la vista de la comedia y en apenas una hora y cuarto. Casi nada.

La bisexualidad tiene un lugar primordial en Shiva Baby

El filme, además de a la imponente Rachel Sennott —si me permiten, una actriz que va a dar mucho que hablar en el circuito independiente americano—, se le debe en su totalidad a Emma Seligman, directora y guionista debutante de esta Shiva Baby que parte de su propio cortometraje homónimo. Pasando por alto las obvias limitaciones de presupuesto, logra en apenas una localización montar un festival de la bajeza humana, hasta el punto de que en determinados momentos puede llegar a traer a la mente, incluso, a la ínclita Celebración (1998) de Thomas Vinterberg. Su estudio en clave humorística del constante cuestionamiento al que es sometida Danielle lleva a entrar en la propuesta del filme a través de la comedia, sí, pero también de la razón: es la comunión de la ligereza del enredo que propone, que de tan risible es a veces kafkiano, con la profundidad de los temas que subyacen en todo momento bajo su puesta en escena sencilla pero consistente, la que saca a relucir una miríada de micromachismos, tanto personales como institucionales, que se saltan la barrera de lo estético o lo burlesco para entrar directamente en una denuncia social decidida, aunque con un punto inocente que la convierte en aún más incisiva y aguda.

Una de las películas más estimulantes de la temporada, un desenfadado drama cómico que estampa sus premisas sencillas sobre la hipocresía social.

La realidad es que sus virtudes cinematográficas se pueden degustar con la misma intensidad tanto si se entra en su parte crítica como si se decide pasar por alto para dejarse llevar únicamente por la comedia que desprende en todo momento. Aunque demuestra una capacidad transformadora y una sutileza en sus temas ante los que solo es posible aplaudir, el magnífico equilibrio entre la de cal y la de arena que pone sobre la mesa es quizá su mayor logro: descuartiza la hipocresía del adúltero que actúa con una vehemencia apestosa hasta que las cosas se le ponen en contra, a los que chismorrean sin disimulo con más intención de herir que de ayudar, a los que se escandalizan al ver unas piernas sin medias como si hubieran visto al demonio emergiendo entre llamas pero no demuestran el más mínimo respeto por nada ni por nadie —recordemos que el relato transcurre en un funeral—, y también al fundamentalismo religioso que está más preocupado de aparentar que de ser, de atacar que de cuidar. Shiva Baby es una de las películas más estimulantes de la temporada, un desenfadado drama cómico que estampa sus premisas sencillas sobre la hipocresía social, un recordatorio de que el mejor cine no entiende de presupuestos ni de campañas de marketing. Al final, todos habremos sido Danielle en algún momento, pero lo que realmente nos enseña Shiva Baby es a evitar, con todo lo que tengamos a nuestro alcance, ser cualquiera de los demás.


Artículo perteneciente a la serie: EN FEMENINO    AMERICANA FILM FEST 2021   



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Texto de David García Miño | © laCiclotimia.com | 16 mayo, 2021
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Texto de David García Miño
© laCiclotimia.com | 16 mayo, 2021

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