Santos criminales
| Prométete no volver a hacerlo

Esta precuela de «Los Soprano», aun estando orquestada por los mismos que dieron luz a la serie original, se siente como un complemento a la misma. Una obra curiosa y entretenida para su selecto público, pero anecdótica y plana incluso para los muy fans.

Hablar de Los Soprano (David Chase, 1999) abarca demasiado. No es solo tocar la serie esa de mafiosos que cautivó a millones de espectadores allá por los 2000, que lanzó al estrellato a una bestia interpretativa (y literal) como James Gandolfini o que inspiró a Los Simpson (Matt Groening, 1989) a la hora de dar forma a su Tony «El Gordo»Los Soprano fue un nuevo acercamiento al cine de gánsteres desde una perspectiva diferente. Si bien Coppola ya había alcanzado las cotas más altas del género desde la épica de la trilogía de El padrino (Francis Ford Coppola, 1972-1990), Scorsese abrió posteriormente el camino del rock, la picaresca, la falsa camaradería o la crudeza salvaje que rodea a este mundillo. Sin embargo, David Chase encontró un recoveco en el que colar y ensalzar su obra, cercano pero alejado del terreno que dominaron los grandes maestros. Hablamos del terreno de la cotidianidad, la introspección y el realismo de unos personajes que, hasta entonces, solo habían sido, pues eso, personajes. Los Soprano destacaba por convertir a estos arquetipos en personas con todas las de la ley, con sus luces y sombras, sus traumas y virtudes y sus preocupaciones mundanas en un ambiente insólito pero en el que era fácil situarse. En último término, Los Soprano hablaba de la vida, en general.

Esta serie excepcional estuvo, además, marcada por un talante indiscutiblemente cinematográfico, en el que se apostaba por el cuidado de la fotografía, la iluminación, el montaje o la calidad interpretativa. Lo que hoy en día nos parece la norma, no habría sido posible sin producciones como esta o a títulos como Twin Peaks (David Lynch, Mark Frost, 1990) o Perdidos (J.J. Abrams, Damon Lindelof, Jeffrey Lieber, Carlton Cuse, 2004). Como se puede ver, hay demasiado donde abarcar. Y todavía queda: casi quince años después de aquel «apagón inesperado», a David Chase le parece buena idea retomar la historia que le dio un nombre. Desconocemos sus verdaderas motivaciones —con un italoamericano nunca se sabe— pero Chase opina que su obra aún tiene de dónde exprimir. Aunque en este caso, por razones obvias, tendrá que ser de su principio. Santos criminales (Alan Taylor, 2021) nace pues como una precuela de la serie que narra la aciaga juventud del carismático Tony Soprano, así como también ahonda en la vida de su tío Dickie Moltisanti, el padre de Christopher. Como aquella oferta imposible de rechazar, los fans y el estudio dieron luz verde a este proyecto, no solo por tener detrás a su creador original como guionista, sino también por elegir el formato de película para narrarla y estar dirigida por un habitual y destacado de la serie: Alan Taylor. Pero después, y como suele pasar con todos los proyectos de esta índole por otra parte, toca hacerse inevitablemente la pregunta: ¿estará a la altura?

Una película sin momentos cumbres, pero tampoco decadentes. Entretenida y simpática para todo aquel que conozca su contexto.

Siendo concisos y breves: no. Básicamente por todas y cada una de las razones que hemos enumerado al principio del artículo. Los Soprano constituye un ente inalcanzable y por lo tanto también sería injusto por nuestra parte el comparar esta nueva producción con las dimensiones colosales de su progenitor. Sin embargo, y como espera cualquiera de un descendiente, se busca que este contenga su esencia o recuerde vagamente a quien lo engendró. En primera instancia, sorprende que Santos criminales no destaque por su formato, puramente cinematográfico. Puede que sea por aquello comentado antes de que la serie ya estaba adaptada a dicho formato o simplemente porque la película solo cumple esas funciones en lo referente a su duración. Si Los Soprano era una serie que se sentía película, Santos criminales es una película que se siente serie. Que cree que tiene más tiempo del que tiene para desarrollar según qué tramas o tocar determinados temas. Y eso se nota terriblemente. Porque si por algo destacaba Los Soprano era por su capacidad de extrapolación, de llegar tan a fondo en sus personajes que, a la hora de la verdad, la trama mafiosa importaba más bien poco. Pero en esta nueva película es al contrario. Refleja de forma fidedigna una época atractiva en lo convulso como son los años sesenta —Vietnam, conflictos raciales, inestabilidad política— pero desde la perspectiva habitual, la que todos conocen. Y el ejercicio de sentarse a charlar y ahondar en la cara humana de estos individuos marcados por su estilo de vida y su contexto queda echado a un lado. Sin más. Vale, se abre una veda muy grande para la minuciosa recreación de una época concreta y en ella situar escenas que se sumen al «lore sopranil», pero hasta ahí.

Realmente cuesta defender a esta película más allá de su carácter de «objeto para coleccionistas», con todo lo malo y lo bueno que conlleva. Porque aquel que haya disfrutado la serie disfrutará también con el magnífico trabajo de casting de este filme que cuenta con rostros que nos plantan ante verdaderas versiones rejuvenecidas de los intérpretes originales y sin necesidad de CGI como en El irlandés (Martin Scorsese, 2019). Especial mención a Michael Gandolfini, cuya imagen asusta por ser, como se dice, la viva imagen de su padre. Los muy doctos también disfrutarán con la presencia de clásicos del género como Ray Liotta, uno de los nuestros, o con la representación de determinadas anécdotas que se mencionaban de pasada en la serie. Pero ya decimos. Los muy doctos. Aún con todo Santos criminales no es un mal producto. Es una película que no se entiende en absoluto por solitario y cuya narración se mantiene plana en todo momento. Sin momentos cumbres, pero tampoco decadentes. Anecdótica a fin de cuentas. Pero entretenida y simpática para todo aquel que conozca su contexto. Olvidable, sí, pero ayuda a recordar.




Texto de Luis Glez. Rosas | © laCiclotimia.com | 8 noviembre, 2021



Texto de Luis Glez. Rosas
© laCiclotimia.com | 8 noviembre, 2021

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