Re-Animator
| Mata, resucita, mata

Gore, desnudos, desmembramientos y cadáveres poseídos se dan la mano en esta frenética joya del cine de serie B. Hilarante, morbosa y terrorífica por igual, escandalizará a los incautos y encandilará a los enfermizos, pero no dejará a ninguno indiferente.

Hay pocas cosas que suenen tan paradójicas como una obra maestra del cine de serie B. Caracterizada por sus tácticas de cine de guerrillas y su bajo presupuesto, la serie B suele tener la misma relación con la calidad que los productos de marca blanca: no te creas que es muy bueno a ver si te vas a olvidar que lo importante es que es barato y sencillo. Pero si hay un nombre capaz de elevar los presupuestos más reducidos, los actores más primerizos y los efectos más rudimentarios a auténticas joyas de cine de género, ese es el de Stuart Gordon. Y Re-Animator (1985) es, no cabe demasiada duda, la obra maestra del director.

Para ello Gordon hace uso de un genial conjunto de estrategias inteligentes. La primera es su acertada adaptación y actualización del clásico relato de H.P. Lovecraft, Herbert West: Reanimador (1922), trayendo las premisas del horror cósmico lovecraftiano pero añadiendo un tono surrealista y cómico que no las socavan, sino las reformulan en quizás los únicos términos en los que una producción con estos medios podría.

Jeffrey Combs como Herbet West firma una de las interpretaciones más emblemáticas del cine de terror.

En Re-Animator estamos frente a la historia del joven y furibundo médico Herbert West, interpretado por Jeffrey Combs, que llega a la Universidad de Miskatonic trayendo consigo sus polémicas teorías sobre la reanimación de los cadáveres. West se alberga con su ingenuo e inocente compañero de clase Dan (Bruce Abbott), el cual pronto empieza a sospechar de las truculentas actividades de West. Pero cuando West demuestra a Dan los efectos de su nuevo suero reanimador, éste queda tan impresionado que pronto se une al primero en su alocada empresa científica de demostrar la capacidad de los muertos de volver a caminar. Juntos se embarcan en una alocada serie de experimentos que conducen cada vez a consecuencias más cómicas, truculentas y monstruosas.

Quizás no haya mayor acierto en Re-Animator que su magistral forma de aunar en un solo relato lo hilarante y lo espantoso de sus imágenes surrealistas, haciéndonos reír y temblar a partes iguales.

Y quizás no haya mayor acierto en Re-Animator que su magistral forma de aunar en un solo relato lo hilarante y lo espantoso de sus imágenes surrealistas, haciéndonos reír y temblar a partes iguales mientras se van desencadenando acontecimientos más desopilantes y aberrantes. A medida que nuestros protagonistas van reanimando más cadáveres con un impulso casi psicopático por hacer andar a todo lo que está muerto, estos cadáveres revividos pronto desatan el caos y provocan más muertos. Y, por supuesto, más muertos significa más cuerpos que reanimar y de vuelta al delirante ciclo de muertes y resurrecciones. Pronto este torbellino de reanimación, a través de una trama tan absurda como genial, culmina en la creación de un aberrante villano tan icónico que no queremos destriparlo.

David Gale interpreta al Doctor Carl Hill, el antagonista de West y, tras ciertos acontecimientos catastróficos, el eventual villano de la película.

Re-Animator, al fin y al cabo, se beneficia más que nada de cuanto menos sepa quien la ve. Con sus recaídas cada vez más profundas en lo grotesco y lo explícito, la película claramente no está hecha para todo el mundo, y buena parte de la audiencia se escandalizará justificadamente con más de una escena subida de tono y más de una burrada sanguinolenta, o podrá apuntar inútilmente a sus interpretaciones rudimentarias y sus simplones aspectos técnicos. Pero es posible que haya diferentes formas de ser una obra maestra, y en eso consista serlo para una producción de serie B que, con un presupuesto mínimo y un elenco inexperimentado se hace con un guion retorcido, y gigantescas dosis de ingenio para dar lugar a esta locura colectiva deliciosa y ferozmente original.

Es posible que no haya una mejor forma de describir Re-Animator que «icónica». Desde la mirada poseída de Jeffrey Coms, el repetitivo e hilarante «¡Herbert West!» que todo el mundo no para de gritar y sus fabulosos efectos prácticos, la película se imprimirá con fuerza en la memoria. Aunque no para todos por igual, es imposible olvidarse de Re-Animator. Para quienes accedan a sumergirse con asentimiento en la película, ese recuerdo desprenderá una originalidad rabiosa y una hilaridad desternillante.




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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 31 enero, 2021
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 31 enero, 2021

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