Prisoners of the Ghostland
| Poco Nicolas, mucho Cage

La nueva marcianada de Sion Sono se une al plantel de filmes que conforman el «género Nicolas Cage». Con mucha fanfarria, extravagancia y pasión por la estética pero muy falta de desarrollo en unas ideas que generen un interés mínimo por sus personajes.

Es casi culturilla general saber que Nicolas Cage en realidad no se llama así. Su verdadero nombre es Nicolas Coppola pero este, que conocía la enorme influencia de su tío Francis, decidió labrarse su carrera por sus propios méritos, alejado de las ventajas que le pudieran conferir su apellido. Es por esto que Nic, puesto a renombrarse, decidió agenciarse el apellido de su superhéroe favorito de Marvel Cómics: Luke Cage. No es ni la primera ni la última excentricidad de un hombre que tiene el honor de ser el propietario de una tumba piramidal en Louisiana o de haber comprado un cráneo de un dinosaurio. Como decimos, viene de lejos, pero resulta llamativo cómo su talante —excesivo, exagerado, esperpéntico, sobreactuado en lo interpretativo— ha ido progresivamente encauzándose en proyectos hechos a su medida, especialmente en los últimos años. Generando, casi podríamos decir, un género propio. El «género Nicolas Cage», único en su especie, en el que podríamos encontrar obras como Mandy (Panos Cosmatos, 2018), Color Out of Space (Richard Stanley, 2019) o Pig (Michael Sarnoski, 2021), a las que podríamos definir como películas «más fuera que dentro del tiesto». Y por favor, que no se entienda esto como un defecto, sino como un extraño al que solo tendrían acceso almas perdidas como la de Sion Sono, por ejemplo, que en esta ocasión le propone a Cage formar parte de su Prisoners of the Ghostland, una película que mezcla lo apocalíptico con lo medieval, los atracos con la aventura clásica y los cowboys con los samuráis. Vivir para ver. Ante semejante marcianada nos es imposible no imaginarnos al bueno de Nicolas diciendo: «you son of a bitch, I’m in!».

Prisoners of the Ghostland tiene todo ese pastiche de géneros que prometía. Que haya sabido compaginarlos, ya es harina de otro costal.

Nicolas Cage en Prisoners of the Ghostland.

Lo primero de todo decir que sí, Prisoners of the Ghostland tiene todo ese pastiche de géneros que prometía. Que haya sabido compaginarlos, ya es harina de otro costal. Su trama se desarrolla en un mundo devastado por la catástrofe nuclear en el que un malvado Gobernador subyuga a una población cuyos habitantes lucen desde el clásico sombrero vaquero a la pulcra túnica japonesa, pasando por atavíos tribales y el rollo punk a lo Mad Max 2. El guerrero de la carretera (George Miller, 1981). Y su director, un obsesionado esteta se intuye, no deja pasar la oportunidad de remarcar todo este despilfarro de extravagancia y locura, con abundancia de planos en slow motion y reiteración de determinadas escenas. Que, a ver, no están mal desde ahí enfocadas y manejan conceptos interesantes como ver a un grupo de hombres tirando de la manecilla de un reloj para que el tiempo no pase. Pero con eso no basta. Prisoners of the Ghostland queda bastante huérfana en lo que a fondo se refiere, cebando constantemente su forma. Su trama es simplona, algo esperable, pero aun así rechaza la posibilidad del divertimento y el espectáculo gamberro en pos de diálogos vacíos que explican promesas argumentales que nunca se llegarán a cumplir. Y ante estas circunstancias la verdad es que ya se pueden presentar los sets más espectaculares, la fotografía más desenfadada o el vestuario más llamativo, que si no interesa mínimamente la historia que hay detrás, apaga y vámonos. Ni siquiera las risas que desencadena Cage con sus gritos desmedidos o sus aires de «me importa todo una mierda» consiguen insuflar aire a este monstruo que impresionaba de colosal y voraz. Se podría decir que Prisoners of the Ghostland es como un anime pero en acción real. Un anime malo, eso sí. Con su tendencia a la excesiva intensidad, las propuestas más estrafalarias y el ambiente más marciano, pero sin un desarrollo de las ideas, simples o no, que lo impulsan. Dando mucha forma pero poco fondo. Poco Nicolas y mucho Cage.


Artículo perteneciente a la serie: CINE ASIÁTICO    SITGES FILM FESTIVAL 2021   



Texto de Luis Glez. Rosas | © laCiclotimia.com | 17 octubre, 2021



Texto de Luis Glez. Rosas
© laCiclotimia.com | 17 octubre, 2021

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