Possessor
| El poso recíproco entre quien penetra y quien es penetrado

Canadá, 2020 | Dirección: Brandon Cronenberg | Título original: Possessor | Género: Terror, Ciencia ficción, Thriller | Productora: Rhombus Media, Rook Films, Particular Crowd | Guion: Brandon Cronenberg | Fotografía: Karim Hussain | Edición: Matthew Hannam | Música: Jim Williams | Reparto: Andrea Riseborough, Christopher Abbott, Sean Bean, Jennifer Jason Leigh, Tuppence Middleton, Kaniehtiio Horn, Hanneke Talbot, Rossif Sutherland, Christopher Jacot, Raoul Bhaneja, Gage Graham-Arbuthnot | Duración: 104 minutos | Festival de Sitges: Mejor película (2020) |

Canadá, 2020 | Dirección: Brandon Cronenberg | Título original: Possessor | Género: Terror, Ciencia ficción, Thriller | Productora: Rhombus Media, Rook Films, Particular Crowd | Guion: Brandon Cronenberg | Fotografía: Karim Hussain | Edición: Matthew Hannam | Música: Jim Williams | Reparto: Andrea Riseborough, Christopher Abbott, Sean Bean, Jennifer Jason Leigh, Tuppence Middleton, Kaniehtiio Horn, Hanneke Talbot, Rossif Sutherland, Christopher Jacot, Raoul Bhaneja, Gage Graham-Arbuthnot | Duración: 104 minutos | Festival de Sitges: Mejor película (2020) |

Brandon Cronenberg subvierte el protagonismo de la posesión, centrado en la experiencia de quien se instala en otro cuerpo. Su horror-ciencia-ficción se recrea en decorados palaciegos e intercala videoclips simbólicos que ilustran viaje y fusión de seres.

Andrea Riseborough —Mandy (Panos Cosmatos, 2018)—, lleva camino de convertirse en reina del terror. Interpreta a Tasya Vos, una mujer dura, curtida, que no está pasando por su mejor momento. Está recién separada, en ese punto en que, en realidad, su marido y su hijo desearían que volviera a casa. Pero está totalmente absorbida por su carrera profesional, que se le mete, literalmente, bajo la piel. Y es que trabaja viajando al interior de otros cuerpos: los posee para imponerles su voluntad y utilizarlos como meras herramientas de la asesina a sueldo que es.

Quien posee, viola; se impregna de residuos de sus actos. Se hace monstruo

Cronenberg hijo muestra los mismos intereses freudianos, en este caso, insistentemente alrededor de la idea de penetración forzada. Tasya hace eso: viola mentes, se mete en ellas sin permiso y las pervierte. Deja a esas personas con la sintomatología de shock postraumático de manual de una horrenda violación. Y luego los desecha. Es la cima de la cosificación.

Tras cada estancia en cuerpo ajeno, la protagonista deberá someterse a tests psicológicos que intentarán detectar qué residuo le ha podido ir dejando cada persona. Su poso en ellas es, evidentemente, mucho más grave. Y es que la fusión de los cuerpos, entendido como algo sexual o emocional o ambas a la vez, transforma a ambas partes. En diferentes grados: sea con alguien que te importa o que te da un poco más igual pero a quien deseas. Vaya ligado a una utilización, o en el caso más traumático, cuando es forzado. Siempre, sin excepción, ambos cuerpos y mentes toman y, a la vez, dejan huella.

Este relato encierra también un mensaje relativo a los sufrimientos que a menudo conlleva la identidad trans y la búsqueda del propio cuerpo, en el que el verdadero yo se sienta exactamente reflejado.

Los asesinatos iracundos a cuchilladas, que van subiendo de intensidad, se ensañan especialmente con cada personaje masculino del que tenga que ir prescindiendo. Ni siquiera tiene órdenes de proceder así: según su jefa, «se está saliendo del guion». Y ése es un comentario muy meta, que refleja, principalmente, lo violada que se siente la protagonista por una vida familiar que frena su carrera, que es lo que más le importa en realidad. Y en ese nivel literal de la frase, el saltarse las normas impuestas por el texto de una película, el director puede estar queriendo decir que él mismo sentía el deseo de romper los esquemas de las historias de posesiones. O bien reflejar cuánto puede poner en riesgo la película que su reparto decida cambiar escenas por su cuenta.

Todas las ideas juegan en torno a lo mismo: invadir el espacio del otro sin permiso, y tratar su alma y su intimidad de manera aberrante; por lo que las asociaciones de pensamiento entre penetración vaginal y cuchillo son frecuentes. Una de las más claras es la equiparación entre el torero con el poseedor suicida, que viola el cuerpo vulnerable, se clava en él exponiéndose también a un cierto riesgo —ni por asomo tan destructor como el que sacude a quien es penetrado, herido de muerte—. Este detalle es una sublime manera de poner sobre la mesa lo que medio mundo civilizado opina sobre la más aberrante tradición hispana. Y más adelante veremos que no ha sido el único filme que lo ha declarado.

En cambio, a las mujeres las ejecuta de manera más respetuosa —si es que se puede decir eso de un asesinato—. Comprende lo que sienten, lo que sufren. Más práctica que sádicamente. Hasta que por fin se sienta en comunión con un cuerpo y mente de hombre que se sale de las masculinidades tóxicas. Ahí va a producirse un cambio más profundo en Tasya, que llegará a empatizar con el anfitrión de ese cuerpo del sexo opuesto que, curiosamente, no se le hace tan ajeno.

Extrañar el propio cuerpo: una metáfora de la transición de género

Este relato encierra también un mensaje relativo a los sufrimientos que a menudo conlleva la identidad trans y la búsqueda del propio cuerpo, en el que el verdadero yo se sienta exactamente reflejado.

Cuando la protagonista se ve, de pronto, poseyendo un cuerpo masculino, lo explora con curiosidad. Más que con deseo, se gusta. Se acomoda. Y eso filtra más información sobre su malestar en la vida familiar, su desinterés por el sexo con un marido con el que, en cambio, sí tiene un apego emocional. Pero al que irá descubriendo que, realmente, no ama. Pues ve la vida hogareña como un lastre para su propia evolución.

Más que digno hijo de su padre

Queda claro que Brandon siente la misma pasión por la neurociencia y la psicología que el señor David Cronenberg. De él ha heredado, sin duda, toda esa fijación con la nueva carne, las malformaciones, las prótesis e implantes. Los laboratorios, las batas blancas y camillas, los cables. Los cuerpos que mutan.

Pero él no se queda corto en el aporte personal. Su fotografía pretende —y logra— ser mucho más preciosista que la de su padre, mostrando una clara inclinación por las manifestaciones artísticas de la humanidad. Especialmente reflejado en sus decorados y arquitecturas, que van de lo renacentista a lo barroco, neoclásico y también contemporáneo y ciberpunk.

Y en este sentido más moderno, pone en el asador toda la tecnología de su época. Explica los procesos científicos del viaje entre cuerpos, o de los fallos de fusión que se están produciendo, con metáforas coloristas e inquietantes propias de un videoclip. Cera que se derrite, cuerpos de dos rostros que se parten el dos, etc. Se percibe cierta reminiscencia de las imágenes que acompañan el Love for sale de Talking Heads, aquél chocolate derretido… Pero llevándolo a un terreno infinitamente más perverso, oscuro e incómodo. También acude a la mente la imaginería de las grabaciones para temas de Jean-Michel Jarre. Influencia de finales de los ochenta o principios de los noventa, claramente.

Todo ello se apoya en fotografías macro de colores básicos sólidos, y también en sonidos potentemente amplificados que se meten en los poros del espectador. Hemos tenido el honor de atestiguar la premier de una obra de arte. Brandon Cronenberg es un genio y eso ya lo intuíamos en Antiviral (2012).


Artículo perteneciente a la serie: SITGES FILM FESTIVAL 2020   



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Texto de María José Orellana Ríos | © laCiclotimia.com | 16 octubre, 2020
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Texto de María José Orellana Ríos
© laCiclotimia.com | 16 octubre, 2020

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