Pequeños detalles
| Un desangelado thriller con buenas intenciones

Estados Unidos, 2021 | Dirección: John Lee Hancock | Título original: The Little Things | Género: Thriller, Policíaco | Productora: Warner Bros | Guion: John Lee Hancock | Fotografía: John Schwartzman | Edición: Robert Frazen | Música: Thomas Newman | Reparto: Denzel Washington, Rami Malek, Jared Leto, Sofia Vassilieva, Natalie Morales, Terry Kinney, Michael Hyatt, Kerry O'Malley, Sheila Houlahan, Joris Jarsky, Dimiter D. Marinov, Jason James Richter | Duración: 127 minutos |

Estados Unidos, 2021 | Dirección: John Lee Hancock | Título original: The Little Things | Género: Thriller, Policíaco | Productora: Warner Bros | Guion: John Lee Hancock | Fotografía: John Schwartzman | Edición: Robert Frazen | Música: Thomas Newman | Reparto: Denzel Washington, Rami Malek, Jared Leto, Sofia Vassilieva, Natalie Morales, Terry Kinney, Michael Hyatt, Kerry O'Malley, Sheila Houlahan, Joris Jarsky, Dimiter D. Marinov, Jason James Richter | Duración: 127 minutos |

John Lee Hancock ejecuta un thriller donde el cliché es el pilar de la narración pero gracias a la forma y al cómo consigue ofrecer una película virtuosa en lo técnico, acertada en ocasiones en el relato y cargada de referencias audiovisuales del género.

La película, consciente de su género, inicia su metraje en el corazón de la noche. Una chica conduce por una carretera alejada de la mano de Dios. Parece tranquila y relajada mientras escucha música. Son los años 90. De pronto, un coche de color oscuro, con una forma más agresiva —clara demostración de masculinidad— aparece detrás del vehículo de la joven que, asustada, inicia una secuencia de persecución elegante y sin prácticamente cortes que evoca directamente a los inicios del reconocido cineasta Steven Spielberg con su película El diablo sobre ruedas (1971) . Dos coches se persiguen en la nocturnidad y la soledad de las míticas carreteras al más puro estilo de la exquisita y refinada Animales nocturnos (Tom Ford, 2016) enmarcan los primeros pasos de la cinta. Una época, un tono, un antagonista y una víctima.

Los ingredientes ya están servidos y las pretensiones parecen estables, lo suficiente como para asegurar una película entretenida, con referencias visuales atractivas y bien ejecutadas, además de momentos de tensión parsimoniosos que tanto se añoran en esta tipología de filmes. Sin embargo, a medida que avanza el metraje de Pequeños detalles (Jonh Lee Hancock, 2021) el homenaje se convierte en intento de superación de los progenitores claros de esta película como puede ser la filmografía de suspense y policíaca de Fincher, Hitchcock o el creador de la serie True Detective (2014), Nic Pizzolatto. En ese instante la cinta, que sin duda necesita una lección de humildad, pierde sus estribos pero intenta recuperarlos con éxito gracias a algunos aciertos de guion, al tímido y eficaz compositor Thomas Newman —reciclando estilos musicales que resuenan en el espectador de oído fino—,  junto con un Denzel Washington que se dedica a dar lecciones de interpretación a un sobreactuado Jared Leto y a Rami Malek, todavía resacoso por el éxito de su última imitación.

En Pequeños detalles Washington interpreta a un sheriff, cuya responsabilidad policial roza la jubilación, que ayuda a un joven inexperto como Rami Malek, un detective de homicidios, a encontrar a un asesino en serie que, aparentemente, se ha mostrado en los inicios de la película. Y ahí es donde reside la fuerza principal de la película, en las apariencias, en el engaño, en el constante juego de miradas y en los detalles que tanto se repiten a lo largo del filme, intentado jugar con el espectador para establecer un código policial, un lenguaje no hablado entre el público y el director.

John Lee Hancock es consciente de las películas que tiene a sus espaldas y crea un filme protagonizado por otro detective atacado por su pasado, pues investigó un caso similar, que con varias manías —como la muy curiosa y poco explotada de ponerse cacao en los labios— intenta superar el día a día a través de la obsesión con el caso,  las miradas lejanas o las actividades fuera de los marcos de la ley. Todo ello, pese a ser también una evocación más refinada de Harry el sucio (Don Siegel, 1971), no deja de ser un continuo cliché en lo que a desarrollo de personaje se refiere.  Sin embargo, si ese personaje lo interpreta Denzel la cosa cambia, y es que sin duda el plantel de la película existe para atraer a un público determinado que busca una simbiosis de tres estilos interpretativos distintos. Aún así, la obra no tiene en ningún momento la necesidad de contar con tales nombres para conseguir aquello que desea y el director, que confía demasiado en la eficacia de su guion y estilo, relega demasiada responsabilidad a los actores, en especial a Washington, que se dedican a salvar la película en más de una ocasión. 

Sin desmerecer los aciertos de Pequeños detalles cabe subrayar que el cineasta, con una breve filmografía, consigue crear una atmósfera noventera de una forma muy eficaz con un personaje que, pese a ser un cliché, recuerda a películas como El coleccionista de huesos (Phillip Noyce, 1999) —tal vez por eso sea Washington el protagonista— o a la mítica serie Twin Peaks (David Lynch, Mark Frost, 1990). En más de una ocasión la cinta concede momentos visuales muy ingeniosos que tienen que ver con el uso del montaje, los fundidos entrelazados entre un tiempo y otro o la calma con la que decide filmar una persecución, por decirlo de una forma, que se resuelve con un cenital justificado —la religiosidad está muy presente en el trayecto la obra— y un breve diálogo que involucra a los personajes de Denzel Jared Leto

John Lee Hancock es consciente de las películas que tiene a sus espaldas y crea un filme protagonizado por otro detective atacado por su pasado, que con varias manías intenta superar el día a día a través de la obsesión con el caso.

Siguiendo con los regalos visuales de la película, otro de los puntos más remarcables del filme tiene que ver con el sheriff y su obsesión que le lleva incluso a imaginarse las víctimas, pasadas y presentes, y a charlar con ellas de una forma fantasmagórica en su motel. En dicha secuencia el cineasta, ingenioso y clásico, utiliza un iluminación verdosa y oscura —un claro homenaje a Vértigo (De entre los muertos) (Alfred Hitchcock, 1958)— junto con una interpretación desolada de Washington, una bomba de relojería a nivel dramático, mostrando al público otra incógnita del guion sobre el caso que tuvo que resolver hace años y que, entre cadáveres y criminales, siempre vuelve, y como diría el sheriff: «no se acaba nunca».

Hacia el final del metraje del filme, la película adquiere un tono del que desearías ver mucho más pues ofrece una versión pintoresca y amargada de los dos detectives —invocando la esencia de Sherlock y Watson— opuestos en sus métodos de trabajo que, en la desesperación, intentan salvarse a ellos mismos a través de una detención de la que ni siquiera parecen seguros, uno de los momentos más brillantes de la película pues muestra la principal intención del cineasta a la hora de hacer un filme policíaco, es decir, decidir si resolver o no el crimen o jugar con las conciencias de cada uno y su tranquilidad para superarlo. El juego del saber donde el tablero es una película con aires de grandeza y buenas intenciones que fuerza un final simbólico, de incógnitas y cargado de sentimentalismo que, pese a ser creativo y humano, pues juega con el engaño para ofrecer la calma, no consigue llegar a él de forma natural y se ve forzado a crear una situación ilógica de gran fuerza visual pero perdida en lo narrativo. 

Pequeños detalles es un filme que quiere destacar en el género policíaco, busca revivir filmes como Seven (1995) o Zodiac (2007) , ambas de Fincher, y en ese intento de evocación, el director consigue un ambiente, un cierto virtuosismo visual y algún que otro detalle de guion que aporta un dramatismo formal y estético correcto pero poco eficaz ofreciendo un viaje de reciclaje noir atractivo para los amantes del cine de Melville o Nicholas Ray pero con poca alma. Denzel Wasghinton en la película y en referencia al acto de dar caza a un criminal dice que «hay que besar un par de sapos para encontrar al príncipe» y puede que Pequeños detalles sea el primer paso del director, quien tal vez ha querido avanzar más de la cuenta en su carrera en el género policíaco, pero todavía le quedan sapos que besar para después, cuando siga regalando películas al espectador, observar como no importa ser un príncipe sino nunca dejar de hacer cine y crecer con cada película. 




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Texto de Joan Maura | © laCiclotimia.com | 4 marzo, 2021
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Texto de Joan Maura
© laCiclotimia.com | 4 marzo, 2021

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