Palm Springs
| La trascendental tarea de levantarse cada día

Estados Unidos, 2020 | Dirección: Max Barbakow | Título original: Palm Springs | Género: Comedia, Romance, Fantástico | Productora: Culmination Productions, Limelight, Party Over Here | Guion: Andy Siara (Historia: Andy Siara, Max Barbakow) | Fotografía: Quyen Tran | Edición: Andrew Dickler, Matt Friedman | Música: Matthew Compton | Reparto: Andy Samberg, Cristin Milioti, J.K. Simmons, Meredith Hagner, Tyler Hoechlin, Camila Mendes, Peter Gallagher, Dale Dickey, Chris Pang, Erin Flannery, Mark Kubr, Roxanne 'Rocky' Meyers, Tongayi Chirisa | Duración: 90 minutos | Festival de Sundance: Sección Oficial (2020) |

Estados Unidos, 2020 | Dirección: Max Barbakow | Título original: Palm Springs | Género: Comedia, Romance, Fantástico | Productora: Culmination Productions, Limelight, Party Over Here | Guion: Andy Siara (Historia: Andy Siara, Max Barbakow) | Fotografía: Quyen Tran | Edición: Andrew Dickler, Matt Friedman | Música: Matthew Compton | Reparto: Andy Samberg, Cristin Milioti, J.K. Simmons, Meredith Hagner, Tyler Hoechlin, Camila Mendes, Peter Gallagher, Dale Dickey, Chris Pang, Erin Flannery, Mark Kubr, Roxanne 'Rocky' Meyers, Tongayi Chirisa | Duración: 90 minutos | Festival de Sundance: Sección Oficial (2020) |

Cristin Milioti y Andy Samberg protagonizan esta nueva versión del viejo motivo del bucle temporal. Ayudados de un guion inventivo y original, dan forma a un relato refrescante sobre las relaciones, la soledad y la anhedonia.

Corren tiempos confusos para el cine. Por un lado, el auge de cada vez más servicios de streaming ha generado un escenario de constante producción de nuevo contenido de creciente presupuesto y calidad, pero que en ocasiones resulta un tanto saturado y monótono. Por el otro, el buen rendimiento de la nostalgia y la reproducción de fórmulas conocidas nos ha conducido a un desolador panorama donde escasea la originalidad y proliferan los remakes, los reboots, las secuelas, las precuelas y todo tipo de contenido recocinado. En este escenario, una propuesta fílmica comercial que resulte verdaderamente original parece imposible, pero no tanto como que el homenaje y recuperación ciertas fórmulas viejas muy concretas resulten en nuevas y refrescantes películas.

Curiosamente es el tema del bucle temporal, donde uno o varios personajes atrapados en un mismo día tienen que aprender a escapar, uno de los pocos motivos que ha gozado de una buena posteridad. Con todo, este McGuffin parecía propiedad exclusiva de Atrapado en el tiempo (Harold Ramis, 1993), donde género y ejemplar eran prácticamente sinónimos. Pero recientemente hemos visto reactivado con éxito este tropo en el contexto de la ciencia ficción con la formidable Al filo del mañana (Doug Liman, 2014) y en el caso del terror, con Feliz día de tu muerte (Christopher Landon, 2017). Algo un tanto más atrevido sería, sin embargo, tratar de revisitar de forma original el bucle temporal en el género propio de la película eternamente relacionada con este dispositivo narrativo, el de la comedia romántica. Tal es la pretensión de Palm Springs (Max Barbakow, 2020) y, a modo de sorpresa feliz, es también su resultado.

Andy Samberg interpreta a Nyle, un recluso del bucle temporal que ha caído en la total indiferencia hacia todo lo que le rodea.

Es importante reseñar las diferencias de planteamiento que tiene Palm Springs con su abuela de 1993. Para empezar, y de forma no poco significativa, es una un personaje femenino, interpretado por Cristin Milioti, la que se encontrará en un principio atrapada en el bucle temporal. Cuando se da cuenta que no puede evitar despertar cada mañana en el día de la boda de su hermana, Sarah acude echa una furia a Nyle (Andy Samberg), quien cree que es responsable de su recién conocida condena eterna. Pero Nyle, quien lleva incontables repeticiones atrapado en aquel día, ha evolucionado a un estado de apatía e indiferencia general. Aunque conoce todos los recovecos y eventualidades como para obtener prácticamente todo lo que quiere de los eventos del día, la incapaz metafísica de escapar del bucle temporal le ha condenado a la pérdida absoluta de todo significado. Obligado a seguir viviendo, ha renunciado a encontrarle sentido.

Palm Springs parte de un escenario de nihilismo trascendental, dentro de un tropo de la ciencia ficción, para comentar de forma original y certera sobre el nihilismo social que arrasa en nuestros días.

Palm Springs entonces se desarrolla fundamentalmente en dos niveles. En uno literal, asistimos a un repertorio inventivo y refrescante de giros de guion a medida que la pareja de protagonistas se va acostumbrando a su nueva condición de eternos reclusos. Un sinfín de gags y momentos de gran genialidad cómica, presididos por la memorable aparición secundaria de J. K. Simmons, infunden la trama de vida y comicidad. Pero en el metafórico, donde la película contiene su mayor poder, el guion sirve de relato ilustrativo sobre la depresión, la conformidad y la posibilidad de redención y cambio. En un contexto donde toda evolución parece imposible y la disposición eterna de todo lo que hay en el presente se paga con la cancelación del futuro, la expulsión del riesgo, la vida puede ser divertida y medianamente agradable, pero fundamentalmente plana y condenada al sinsentido. Palm Springs parte de un escenario de nihilismo trascendental, dentro de un tropo de la ciencia ficción, para comentar de forma original y certera sobre el nihilismo social que arrasa en nuestros días.

Por muy ingenioso que sea su guion, Palm Springs debe gan parte de su potencial a la compenetración de sus dos estrellas protagonistas, Milioti y Samberg.

Y aunque sea una fábula atrapada en el tiempo, y conscientemente esté obligada a homenajear a las películas de las que es heredera, Palm Springs es ante todo una obra rabiosamente actual. Aunque toca y juguetea con algunos clichés del género, supera con habilidad los estereotipos anticuados de la comedia romántica y conduce a una resolución humana e imperfecta, y por ello óptima en comparación con la depresiva repetición eterna de lo mismo. Ni que decir tiene que el gran acierto del film se encuentra en la química de sus dos actores protagonistas, que se elevan por encima de sus respectivos bagajes previos como actores para conformar una de las más especiales parejas románticas del cine actual. Y aunque la mayor parte del peso de la trama recae sobre el personaje de Cristin Milioti, nos vemos obligados a reseñar el encomiable y sorprendente talento dramático de un Andy Samberg, que sorprende agradablemente al alejarse y sobreponerse a un pasado excesivamente marcado por sus apariciones en Saturday Night Live y como miembro de The Lonely Island, una carrera que le habría asegurado un lugar seguro que Samberg ha tomado la buena decisión de replantear.

Palm Springs no es tampoco una película demasiado complicada, y en ocasiones, como decimos, recae y se entretiene en exceso en fórmulas un tanto gastadas y conocidas. Pero el film también encuentra virtud en su sencillez, y es su capacidad de transportar unas premisas poco pretenciosas a un comentario agudo sobre problemas tan resilientes y actuales como la anhedonia y el conformismo, lo que la hace superficial y profundamente humana, sencilla y a la vez oportuna, tan predecible como necesaria. Palm Springs es, sencillamente, una expresión sincera de optimismo en tiempos oscuros y de sobrecarga de cultura basura, evitando exitosamente tanto las trampas de la ingenuidad como de una excesiva confianza en su mensaje. Buscando su inspiración en los pequeños placeres cotidianos que nos hacen más humanos, comenta sobre la necesidad de deshacernos de cuando en cuando de la comodidad de nuestros espacios seguros para abrirnos a la posibilidad aterradora, pero electrizante, de la novedad. Se trata de la decisión de dar sentido a nuestros días, a nuestras vidas, algo tan cotidiano como trascendental. Tan común a todos como enteramente propio de cada uno.




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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 27 septiembre, 2020
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 27 septiembre, 2020

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