Nunca seremos novias
| Mejor soltera que mal acompañada

La nueva película de Nia Di Nata aborda una temática utilizada en diversos productos audiovisuales recientes. La distopía de un futuro cercano donde las relaciones afectivas se convierten en meros instrumentos del sistema capitalista y patriarcal.

La feminista bell hooks en su libro Todo sobre el amor (2021) reflexiona sobre la carencia de amor en la sociedad del siglo XXI —la fecha de publicación original es el año 2000—, impregnada con las concepciones y valores capitalistas que fomentan el individualismo y la mercantilización de cualquier objeto y sujeto perteneciente al sistema. De este modo, la falta de empatía hacia las otras personas así como el respeto a los derechos humanos se han convertido en protagonistas de numerosas producciones audiovisuales que reflejan la preocupación por la situación actual y venidera a la que la sociedad podría estar abocada. Una de las claves del filme de Nia Di Nata reside en la reivindicación del papel de los propios medios de comunicación y del cine en particular, centrándose en la responsabilidad que estos ostentan a la hora de configurar el imaginario colectivo de la sociedad, así como los comportamientos a través de las representaciones proyectadas. En su momento, series como Black Mirror (Charlie Brooker, 2011-2019) abordaron de forma exitosa la narrativa distópica basada en un futuro donde las tecnologías terminarían por convertirse en la peor pesadilla para la sociedad, llevándola a situaciones extremas que en la actualidad, por desgracia, parecen más posibles de lo que se podría pensar. Otra de las series de este corte más aclamadas y sobrecogedoras que habría que destacar como inspiración clara para la película indonesia es El cuento de la criada  (Bruce Miller, 2017), donde las mujeres cisgénero se convierten en meros aparatos reproductores al servicio de los matrimonios ricos que se sitúan en lo más alto de la jerarquía. Del mismo modo, Nunca seremos novias (Nia Di Nata, 2021) construye un universo distópico no muy alejado de la realidad actual donde se hace referencia a situaciones como la pandemia y la contaminación que han terminado por eliminar parte de la humanidad y la naturaleza, algo que ya hizo de forma brillante y a su vez inquietante Years and Years (Russell T. Davies, 2019). En el presente filme, contextualizado en una Indonesia desolada, una agrupación denominada The Light se encarga de escoger a jóvenes para emparejarlos de forma heteronormativa con el objetivo de casarse y reproducirse. Una línea narrativa que bien recuerda también a la reciente serie estadounidense Nine Perfect Strangers (David E. KelleyJohn Henry Butterworth, 2021).

Amanda Rawles interpreta a Salina.

No obstante, a pesar del argumento acertado de la cineasta, el resultado de la película se convierte en un pastiche de ideas recicladas que no terminan de cuajar en el relato presentado. Más allá de la estética extravagante y la dirección de fotografía destacable por sus juegos cromáticos, la trama del filme avanza de forma atropellada por el bombardeo de ideas desordenadas e inconclusas. Respecto al argumento, el cual hace una crítica manifiesta hacia la violencia de género existente, así como la heteronormatividad de las relaciones, se echa en falta una referencia al colectivo LGTBIQ+ que queda totalmente invisibilizado a lo largo de todo el filme. Esto es especialmente llamativo a la hora de leer el título traducido al español No seremos novias, que hace poner las expectativas de la audiencia en la representación de una pareja homosexual, siendo finalmente una referencia a las novias de una boda, que en este caso además, se casan con hombres cis. En este sentido, el filme de Nia Di Nata promueve la idea de que, para alejarse del sistema, la mujer tiene que rechazar casarse y quedarse soltera, siendo esta la única solución aparente para poder sortear las imposiciones del patriarcado. A favor del filme, uno de los pilares que sustentan y hacen posible esta huída del patriarcado es la relación de sororidad y amistad entre las protagonistas. 

Tal y como se transmite en la película, lo sutil nos parece que no existe y lo evidente nos parece exagerado.

Por otro lado, es destacable que producciones asiáticas como la presente película empiecen a cobrar mayor protagonismo en plataformas de streaming como Netflix, algo que se ha he hecho evidente tras el éxito de Parásitos (Bong Joon-ho, 2021) y más recientemente con series como la surcoreana El juego del calamar (Hwang dong-hyuk, 2021) o la japonesa Alice in Borderland (Shinsuke Sato, 2020), producciones que además abordan temáticas muy similares con el capitalismo e individualismo como eje transversal. Así, se puede observar una evolución en las representaciones donde la narrativa colonialista desde las producciones estadounidenses, aunque sigue siendo protagonista, puede verse al menos matizada por la aparición y popularidad en cartelera y streaming de producciones de origen asiático. En un universo cinematográfico plagado de narrativas y estéticas similares, se torna todavía más complejo abordar temáticas como las distopías y las relaciones afectivas desde un enfoque novedoso y acertado. En el caso de Nunca seremos novias se dejan entrever unas ideas potencialmente atractivas pero que terminan por quedar relegadas a la sombra de gigantes audiovisuales como las series mencionadas anteriormente. El empoderamiento de la mujer que huye en coche de la mano de su mejor amiga es una imagen que se proyecta de forma nítida en el imaginario colectivo a través de dos nombres como son Thelma & Louise (Ridley Scott, 1991), dos mujeres que en el siglo XX decidieron escapar juntas de lo establecido. Lo más alarmante que Nia Di Nata busca transmitir en su filme es que aquella historia de los años 80 continúa inmutable en el presente y podría revertirse en el futuro hacia una realidad mucho más extrema que la actual. Porque tal y como se transmite en la película, lo sutil nos parece que no existe y lo evidente nos parece exagerado, pero no existe término medio cuando se habla de violencia de género, y una de las herramientas que más poder tienen para efectuar el cambio reside en los medios de comunicación y las imágenes que se proyectan. 


Artículo perteneciente a la serie: EN FEMENINO   



Texto de Sofía Otero Escudero | © laCiclotimia.com | 16 octubre, 2021



Texto de Sofía Otero Escudero
© laCiclotimia.com | 16 octubre, 2021

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