Nora
| Rosas de los vientos

Un homenaje al arte en todos los sentidos donde la audiencia viaja sin un rumbo marcado. Lara Izaguirre esboza un hermoso recorrido a través de la protagonista y cierra un filme íntimo y fresco repleto de sentimientos que fluyen a través de las imágenes.

Cuando las personas aventureras se disponen a emprender un viaje no pueden prescindir de la herramienta principal, la brújula. Gracias a la rosa de los vientos que marca los distintos rumbos —norte, sur, este y oeste— la exploración puede organizarse de forma ordenada con el fin de llegar a un punto final. Pero, ¿qué ocurre cuando la persona que emprende la travesía no sabe a dónde quiere dirigirse? O quizá lo sabe pero no quiere que nada ni nadie marque su camino. Nora, la protagonista del último filme de Lara Izagirre decide llevar a cabo un recorrido por el País Vasco tras el fallecimiento de su abuelo Nicolás. No obstante, dicho viaje se convierte en una odisea introspectiva a través de la cual Nora se deja llevar por la entropía y el azar para ir forjando las historias y ramificaciones que irán creando las raíces de un futuro robusto, alejado de la incertidumbre en la que vive en la actualidad debido, en parte, a su aspiración artística. Esta incertidumbre e inestabilidad vital es algo que la cineasta ya representó en su debut Un otoño sin Berlín (2015), donde la protagonista regresaba a su lugar natal para reencontrarse con la familia, amistades y pareja que había dejado atrás. En el presente filme continúa con la misma idea subyacente pero la esboza desde una perspectiva totalmente opuesta, mucho más fresca y luminosa.

Una de las virtudes más destacadas de la cinta es el recurso del humor en los pequeños detalles. Ya películas como Vivir dos veces (2019) de María Ripoll exploraron una misma línea tierna, cómica y familiar, desarrollada también a través de un road trip. No obstante, el humor abordado en Nora brilla por su sutileza y por su fuente de origen en los detalles más triviales que generan risas naturales y espontáneas, sin ningún artificio u ostentación. No hay nada más auténtico y sencillo que la risa sincera ante situaciones que cualquier persona podría experimentar en la vida real. Y es que esta cinta, al igual que muchas otras películas contemporáneas del cine español que siguen una línea más realista como son las de Carla Simón o Carlos Marqués-Marcet, buscan lo genuino en lo trivial, dando forma a una ficción sustentada por piezas documentales e incluso tintes biográficos, dado que la propia actriz que interpreta a NoraAne Pikaza, es una ilustradora en la vida real. Además de ilustradora, la actriz muestra sus dotes interpretativas encarnando un papel imprescindible de forma espléndida, haciéndose indispensable para el éxito del filme.

La película se convierte en una pieza clave donde el arte fomenta el arte y la sororidad hace que entre todas nos demos la mano para elevar nuestras voces.

Las ilustraciones de Ane Pikaza funcionan además como piezas esenciales del metadiscurso cuando la protagonista dibuja algunos planos de la película, enriqueciendo así las imágenes filmadas junto a su excelente y delicada fotografía. Junto a la iluminación, la cineasta también recurre al uso del formato 4:3 como gesto cinematográfico romántico, al igual que hizo en su primera película. Gracias a dicho recurso el relato se enmarca de forma mucho más íntima y cuasi documental, como se puede observar en obras familiares y sobresalientes como Muchos hijos, un mono y un castillo (2017). El estilo más costumbrista también es compartido con su ópera prima, algo que se refleja en Nora a través de secuencias pacientes donde la audiencia puede deleitarse con la recogida de verduras o incluso un concierto íntimo en un pequeño bar de costa. En dicho concierto además tiene lugar la actuación de la cantante vasca Izaro y su vivaz y optimista canción hecha para el filme con nombre homónimo.

Con las ilustraciones de Ane Pikaza así como el concierto de Izaro la cineasta aporta un mayor sentido a la historia representada en el filme, brindándole la oportunidad a estas artistas de tener un espacio donde poder alzar la voz y darse a conocer. La película se convierte en una pieza clave donde el arte fomenta el arte y la sororidad hace que entre todas nos demos la mano para elevar nuestras voces, un círculo artístico donde no se juzga que ciertas mujeres puedan sentirse desorientadas, puedan perder el norte o prefieran darle rienda suelta a su hemisferio derecho. Esta sororidad además es representada en el filme a través de la figura de la mejor amiga, Meri, interpretada por Naiara Carmona, la cual también encarnó el mismo papel en Un otoño sin Berlín, así como con otras mujeres que Nora se encuentra en su camino y que enriquecen la historia. Un hermoso homenaje a esas rosas de los vientos que acompañan a otras en su camino de cerca o de lejos y que son figuras esenciales aun en la distancia para que mujeres como Nora puedan tomar decisiones complejas o emprender y continuar viajes sin rumbo con mayor serenidad.


Artículo perteneciente a la serie: EN FEMENINO   



  •  
  •  
  • 1
  •  
Texto de Sofía Otero Escudero | © laCiclotimia.com | 7 septiembre, 2021
  •  
  •  
  • 1
  •  



Texto de Sofía Otero Escudero
© laCiclotimia.com | 7 septiembre, 2021

¿Quieres recibir semanalmente nuestro nuevo contenido?