Mrs. Wilson
| Acostumbrarse a la mentira

Es esta historia basada en un hecho real un ejemplo de la elegancia y pundonor con que los ingleses son capaces de abordar producciones de época y por las que sus familiares, que siguen investigando lo ocurrido incansablemente, siguen actuando.

Ya Mike Leigh en 1996 en su filme interpretado entre otros por Brenda Blethyn, Timothy Spall o Phyllis Logan nos contaba a los espectadores de cine de por aquel entonces que en toda familia de bien que se precie se cuecen los mejores Secretos y mentiras. Esta gran verdad o idea es algo que obsesiona a veces desde la flema y otras desde la melancolía a todo británico que se precie. En esta ocasión, la batuta del proyecto, miniserie de tres capítulos de sesenta minutos cada uno la cogió Richard Laxton, un director poco conocido en España, que rodó en su día películas como Effie Gray (2014) o An Englishman in New York (2009), cuyo título y no sabemos si también su contenido recuerda tanto a la canción de Sting de su álbum …Nothing Like the Sun. De un mismo modo, Laxton, posteriormente a esta Mrs. Wilson estrenó Honor el pasado año de inauguración de la pandemia, otra miniserie esta vez de dos capítulos, que narra la investigación policial del asesinato de una joven kurda en el Reino Unido, teniendo previamente una larga y consolidada carrera en televisión (ya averiguamos de paso que la BBC le tenía en nómina de su departamento de series de ficción desde el estreno en 1995 de Band of Gold, serie de mayor metraje, junto a siete grandes realizadores/as más) digna de ser considerada internacionalmente.

Tiene la peculiaridad esta serie homenaje a un personaje real, que la actriz principal (Ruth Wilson, que realiza un prodigioso trabajo, naturalista y efectivo) es la nieta de la verdadera Alison Wilson, que vivió una historia cargada de traiciones y ocultamientos premeditados sentimentales, que no obvia en su sensibilidad el amor que sintió por Alexander Wilson, en principio y teoría un espía del MI6 que conoce a Alison ya que ella trabaja mecanografiando mensajes del servicio secreto de inteligencia inglés durante la Primera Guerra Mundial y parte de la dura posguerra, en la práctica un novelista y profesor de literatura también en la India, que confunde la ficción con la realidad. Tras un inicio de relación con duras carencias económicas, Alec y Alison tienen dos hijos: Nigel (nombre que literalmente quiere decir «del vacío, o de la nada») y Gordon. La premisa en la que se basa el guion de Anna Symon, Tim Crook y la propia protagonista Alison Wilson parte de, tras la muerte de Alec por un infarto, el descubrimiento de Gladys, una ex esposa que llama a su puerta para recoger lo que le corresponde de su legado.

No es solo una visión de época no tan conocida por todos, sino un ejemplo de buen cine, en el sentido más amplio del término.

Como decíamos la interpretación de Ruth Wilson en el papel de Alison probablemente sea lo mejor de este producto y en ella vemos, a partir de la muerte natural de Alec, cómo la necesidad de saber la va machacando hasta extremos delirantes, pasando de los típicos sapos y culebras naturales que la atenazan a querer buscar por todos los medios posibles una respuesta que no existe, que esté de parte de su desestimado por todos, Dios. La producción austera de Amanda Black y Rupert Bray entre otros, o el montaje basado en flashbacks de aquella terrible época que fue otra cosa distinta a la que imaginaba Ruth, pergeñadaopor un equipo de edición en estado de gracia capitaneado por Stephen Haren, logra que el espectador se centre siempre en lo importante, y nos haga comprender en todo momento desde la empatía no solo a Alison, sino también a Gladys, Dorothy y Elizabeth (y a los hijos de estas) así como al mismísimo Alec (interpretado por Iain Glen en ese papel de mentiroso compulsivo), en sus miserias. Debemos destacar asimismo y dentro de esa austera producción, el trabajo de vestuario de Lorna Marie Mugan (que hace conservar en todo momento la elegancia física del personaje de Alec, así como el inacabable luto de Alison) o el maquillaje realizado con sus sombras en los ojos de Ruth, llevado a cabo por Lauren Baldwin y Konnie Daniel. La fotografía de Hubert Taczanowski logra además aprovechar más que adecuadamente estas zonas de sombra y la música de Anne Nikitin tiene la virtud también en su composición, de no dejarse apenas notar.

Nominada en cuatro categorías a los premios BAFTA de televisión ingleses en 2018, cosechó en su momento elogiosas críticas por parte no solo de medios como Variety o The New York Times, también lo hizo en medios como Indiewire, donde hicieron destacar no solo la capacidad familiar de domesticar unos recuerdos que siguen investigándose por parte de sus miembros, sino también el trabajo de Laxton y de la mencionada cantera de guionistas de la BBC. Por otro lado, Robyn Bahr desde Hollywood llegó a decir algo así como que esta era una historia de autoengaño de Ruth, palabras igual algo gruesas para definir todo un sentimiento de amor ciego a un hombre, sí, pero también de determinación ante la desesperación y desilusión de lo que venía siendo lo que imaginamos, su realidad. Volviendo a Mike Leigh y sus Secretos y mentiras, Alison se acostumbra a ser engañada, y siendo el tono de una película y esta serie tan distintas (centrándose la que nos ocupa más quizá en el aspecto trágico dado el curso de los tiempos pasados y presentes) parecen querer tener en común, al menos la premisa con que empiezan. Reino Unido, tan dotado para la flema en las comedias típicas de Stephen Frears de aquellos 90 (con Colm Meaney, de actor trágico normalmente) da con este sobrio y elegante producto, no solo una visión de época no tan conocida por todos, sino un ejemplo de buen cine, en el sentido más amplio del término.




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Texto de Daniel González Irala | © laCiclotimia.com | 22 abril, 2021
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Texto de Daniel González Irala
© laCiclotimia.com | 22 abril, 2021

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