Miss Hokusai
| Flotando en el mar

Utilizando como ambientación una época remota, Keiichi Hara representa bajo la afilada mirada de una artista incomprendida las dolencias más comunes de nuestro tiempo, aprovechando para visibilizar el trabajo de las mujeres en el ámbito artístico.

Perseguir lo espiritual o quedarse en lo mundano. Buscar la eternidad o disfrutar de las pequeñas cosas de la vida cotidiana. Uno nunca sabe lo que va a ocurrir al día siguiente, puesto que ni siquiera somos capaces de predecir los acontecimientos que tendrán lugar en la próxima hora, en el próximo minuto o segundo. Solamente el arte es atemporal. La pintura aúna todo aquello que la humanidad persigue, ya que en su mundanalidad hay espiritualidad. En su representación de la vida cotidiana hay eternidad. Keiichi Hara es consciente de ello, pues volviendo a un terreno ya explorado en su más que interesante Colorful (2010), presenta un filme en el que el arte está bajo el foco de nuevo, aunque con una ambientación y tono completamente distintos. Así seguimos a O-Ei, la tercera y tristemente ignorada hija del maestro Katsushika Hokusai, en su día a día en la ciudad de Edo —actual Tokio—, siendo espectadores de aquello a lo que se tenía que enfrentar una mujer que se dedicaba al arte en el Japón del siglo XIX.

No es un secreto que los nipones tienen especial predilección por representar el mundo bajo la lente del realismo mágico, como bien se puede ver en las temáticas habituales de las novelas del archiconocido Haruki Murakami, entre otros. Debido a su naturaleza, el género permite cargar de poesía la realidad en la que vivimos, haciendo uso de elementos sobrenaturales entremezclados con la más simple cotidianidad. Es gracias a ello que conceptos tan abstractos e irreales que se representan habitualmente en las estampas japonesas pueden tomar partido en el mundo real, siendo en muchas ocasiones personificaciones de algunas de las más arraigadas supersticiones de la cultura del país del sol naciente. De este modo, Hara representa bajo los ojos de Katsushika Hokusai —adalid del ukiyo-e– y de su hija O-Ei una realidad en la que el folclore más puro y la tradición más arraigada van de la mano, traspasando el umbral del lienzo para convivir con nosotros. Gracias a la estética adoptada para el filme, la cual hace uso de unos trazos realmente gruesos para perfilar los personajes que pueblan la pantalla, la diferenciación entre aquellos que son «reales» y aquellos que forman parte del mundo mágico es prácticamente imposible, lo cual le abre al cineasta un abanico de posibilidades realmente amplio para sobrellevar la narración de la historia con una lógica interna apabullante. Por otro lado, claro está que entre toda la poesía visual que acapara la pantalla a lo largo del metraje, el hecho de visibilizar el trabajo realizado por las mujeres —especialmente en el ámbito artístico— y criticar a la sociedad machista y cerrada de mente que tenía Japón en el siglo XIX toma una especial importancia en el filme del de Tatebayashi. El carácter arisco y solitario de la protagonista se equipara al de su padre Testsuzo —nombre por el que se le conocía al maestro en el ámbito doméstico— y muestra de esta forma que al hombre se le permitía comportarse así, pero a ella, por el contrario, no.

Por supuesto, tal y como comentábamos en la introducción de este texto, Keiichi Hara es consciente del solvente trabajo realizado en Colorful y vuelve a la carga con la pintura como estandarte. La gran belleza de los paisajes y los encuadres que evocan a xilografías del maestro nipón se suceden de forma genialmente cohesionada, puesto que en ningún momento se sienten como una referencia forzada; todo lo contrario. Entre ellas cabe destacar la presencia de la famosa e inspiradora La gran ola de Kanagawa  —perteneciente a las famosas Treinta y seis vistas del monte Fuji (1830-1833)—, la cual, en el año en el que está ambientada la historia no había sido grabada todavía. ¿Puede que por el hecho de que O-Ei protagonice la escena en la que aparece la gran ola, el cineasta nos esté queriendo decir algo? ¿Es posible que fuese realmente la hija la que, de forma directa o indirecta, crease dicha obra? Las incógnitas acerca de este personaje son múltiples, ya que poco después de la muerte de su padre, en 1849, se le perdió la pista por completo. Pero como en muchas ocasiones, no siempre es oro todo lo que reluce. Debido a una excesiva cantidad de temas a tratar, el filme pierde ritmo y consistencia, ya que en muchas ocasiones se dispersa y pretende tocar tantos palos que resulta abrumador. Es por ello que su retrato de los otros discípulos de Hokusai, o las relaciones de O-Ei con otros personajes se ven relegadas a un segundo plano que, por momentos, quiere tomar más protagonismo del que debería.

Miss Hokusai es un filme que, aun perdiéndose en ciertos momentos, es capaz de representar desde una época remota las dolencias más comunes de nuestro tiempo.

Las apariencias engañan, mucho más de lo que a veces pensamos. Habiendo pasado de hacer películas de corte humorístico e infantil protagonizadas por el famoso Shin-Chan, Keiichi Hara encuentra en sus temas predilectos —depresión, arte, soledad y culpa— su fórmula para visibilizar su visión del mundo que lo rodea. Miss Hokusai (2015) es un filme que, aun perdiéndose en ciertos momentos, es capaz de representar desde una época remota las dolencias más comunes de nuestro tiempo. Un ejercicio de documentación exhaustivo que da lugar a una película realmente interesante. Así pues el mar, alborotado y furioso, es el principio y el final del horizonte. Con una majestuosa ondulación con forma de garra alzándose hacia el cielo, arrastrando todo aquello que se encuentra a su paso, nos insta a tratar con el respeto que se merece a nuestro entorno. No seamos el huracán que destroza una casa. No seamos la tormenta que arrasa todo a su paso. No seamos la ola que rompe y que destroza a quienes se encuentran frente a ella.


Artículo perteneciente a la serie: ANIME   



Texto de Diego García Miño | © laCiclotimia.com | 21 noviembre, 2021



Texto de Diego García Miño
© laCiclotimia.com | 21 noviembre, 2021

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