Memorias de África
| «Doncellas de rosados labios, muchachos de ligeros pies»

Estados Unidos, 1985 | Dirección: Sydney Pollack | Título original: Out of Africa | Género: Romance, Aventuras, Drama | Productora: Mirage Entertainment, Universal Pictures | Guion: Kurt Luedtke (Novela: Karen Blixen) | Fotografía: David Watkin | Edición: Pembroke J. Herring, Sheldon Kahn, Fredric Steinkamp, William Steinkamp | Música: John Barry | Reparto: Meryl Streep, Robert Redford, Klaus Maria Brandauer, Michael Kitchen, Malick Bowens, Michael Gough, Suzanna Hamilton, Rachel Kempson, Stephen Kinyanjui | Duración: 160 minutos | Premios Óscar: Mejor película, Mejor dirección, Mejor guion adaptado, Mejor fotografía, Mejor banda sonora, Mejor diseño de producción, Mejor sonido (1985) |

Estados Unidos, 1985 | Dirección: Sydney Pollack | Título original: Out of Africa | Género: Romance, Aventuras, Drama | Productora: Mirage Entertainment, Universal Pictures | Guion: Kurt Luedtke (Novela: Karen Blixen) | Fotografía: David Watkin | Edición: Pembroke J. Herring, Sheldon Kahn, Fredric Steinkamp, William Steinkamp | Música: John Barry | Reparto: Meryl Streep, Robert Redford, Klaus Maria Brandauer, Michael Kitchen, Malick Bowens, Michael Gough, Suzanna Hamilton, Rachel Kempson, Stephen Kinyanjui | Duración: 160 minutos | Premios Óscar: Mejor película, Mejor dirección, Mejor guion adaptado, Mejor fotografía, Mejor banda sonora, Mejor diseño de producción, Mejor sonido (1985) |

Recordamos este clásico romántico que no pasa de moda. Un recuerdo que se vive en cada suspiro, en cada despedida y en cada nuevo rencuentro. Sydney Pollack logra una vez más emocionarnos y anhelar ese algo que no siempre se da por perdido.

Decía Joaquín Sabina que las «historias de amor no tienen final feliz. Si es amor, no tendrá final y si lo tiene, no será feliz». Sin embargo, es la gestión del romance lo que determina uno u otro. Memorias de África (Sydney Pollack, 1985) es un canto a la libertad, a la naturaleza y una crítica a la sociedad en general. Se dice lo que no se explica y se siente lo que no se vive.

Kenia, 1914. La señorita Karen (Meryl Streep) se dirige hacia Mombasa desde su Dinamarca natal para contraer matrimonio con su primo, el hermano gemelo de su otrora prometido, el barón Bror von Blixen-Finecke (Klaus Maria Brandauer). Como todo matrimonio de conveniencia que se precie, al tiempo que el título de baronesa le otorgaría a ella su tan ansiada libertad, las arcas de él se ampliarían hasta poder dilapidarse sin remordimiento de conciencia alguno. Sobre las llanuras de Nairobi fundan una compañía de café. Mientras el barón da rienda suelta a su libertinaje, Karen se dedica a ella en cuerpo y alma. Desde el principio se sintió integrada en su amada granja, «al pie de las colinas de Ngong» y descubrió el amor a manos de la brújula de Denys Finch Hatton (Robert Redford), un cazador local conocido de su marido. 

Aunque el norte no siempre apunte en las mismas direcciones, las pequeñas diferencias entre la película y la novela homónima de su protagonista (Isak Dinesen, 1937) no hacen sino incrementar el valor añadido del film. El propio Pollack explicaba que «sus escritos autobiográficos eran muy analíticos, lo que nos permitía entrar con mucha precisión en su corazón y en su alma. Y, por supuesto, está la inmensidad del paisaje, que creaba un fondo extraordinario para contar historias». Y es que, la «honorable leona», como la llamaban sus hermanos africanos, estuvo hasta dos veces nominada al Premio Nobel de Literatura, fue nombrada miembro de la Real Academia norteamericana y varias de sus obras (Siete cuentos góticos, Memorias de África y Cuentos de invierno) fueron libros del mes (1993, 1937 y 1942 respectivamente) en Estados Unidos. A pesar de que los manuscritos de Memorias de África se publicaron en inglés y danés, Blixen, censurada en su país natal por su «inmoral conducta sexual», continuó firmando sus obras bajo el pseudónimo de Isak Dinesen. 

«Y, por supuesto, está la inmensidad del paisaje, que creaba un fondo extraordinario para contar historias».

Tanto Orson Welles como David Lean habían intentado adaptar la novela al cine, pero finalmente fue Sydney Pollack quien dio forma a tan apasionante memoria. El estreno, un 17 de abril de 1985, coincidió con el aniversario de nacimiento de la baronesa. Ese mismo año se alzó con tres de las seis nominaciones de los Globos de Oro: mejor película dramática, mejor banda sonora y mejor actor de reparto en una película para Klaus Maria Brandauer. En lo relativo a los Óscar consiguió desbancar a la favorita El color púrpura (Steven Spielberg, 1985), obteniendo la estatuilla en siete de las once categorías a las que estaba nominada, repitiendo mejor película y mejor banda sonora, además de mejor director, mejor guion adaptado (Kurt Luedtke), mejor fotografía (David Watkin), mejor diseño de producción y mejor sonido (John Barry).

Con un presupuesto aproximado de 30 millones de dólares, el año de su lanzamiento consiguió recaudar, según datos de Box Office Mojo, un total de 225,5 millones de dólares en todo el mundo, consecuencia sin duda de la profesionalidad de sus protagonistas. La escena donde a Karen le presentan al servicio se rodó en una sola toma, y a pesar de que a Pollack no le convencía la sensualidad de Meryl Streep para interpretar un papel pensado para Greta Garbo y ofrecido a Audrey Hebpurn, el escote que llevó a la audición confirmó su silueta. Por otro lado, la amistad con el director y la ya consolidada reputación de Robert Redford, le garantizaban el papel de señor Finch. Más aún, si para el acento danés, Meryl leía y escuchaba a Isak Dinesen, el origen británico del cazador se sustituyó por estadounidense ante la falta de naturalidad verbal de Redford, por lo que el actor tuvo que doblar, con su normal entonación, sus propias frases, motivo que avivó aún más las críticas de Jeremy Irons, que no llegó a superar del todo no haber sido elegido para el papel.

Y es que las ansias de libertad, unidas al deseo de controlar aquello desconocido, son las pautas que nos ayudan a otear el horizonte.

Por otra parte, si bien los kikuyus, nativos de etnia masái, que aparecen en la película son descendientes de los que trabajaron en la Karen Coffee Company, se ha criticado que el conjunto de la obra ignora en cierta manara «la apropiación del sistema colonial». Los aires de grandeza de la aristocracia europea ensalzan la bondad y valentía de la baronesa al luchar por dejarles un hogar, pero no se incide en que el territorio ya era suyo por pleno derecho. La antigua costa del protectorado de África Oriental Británica que hoy es Kenia, no tenía la consideración de terra nullius, y la imposición al servicio del uso de guantes blancos dan buena cuenta de ello. Y es que una tierra tan bonita, no puede no ser de nadie.

Si bien los sucesos de Dinamarca se rodaron en Reino Unido, el 70% de la producción se hizo en la Reserva Nacional Shaba además de otros escenarios cerca de las reales colinas de Ngong. Permitiendo que la pasión de los amantes continuara en la tierra, Kenia le devuelve a África las Memorias de Dinesen: sobre los elefantes que el 14 de mayo de 1931 voló la avioneta Gipsy Moth reciben hoy el nombre de Parque Nacional de Tsavo; sobre los terrenos de la granja de la baronesa, tras parcelarse y venderse a un promotor inmobiliario, se creó el barrio que aún conserva el nombre de Karen. Respecto a la casa de los Blixen, Stephen B. Grimes, diseñador de producción, tardó un año en construir la réplica de la original. Los muebles y objetos de época se llevaron desde Europa y, un año después del rodaje, la vivienda fue convertida en museo y cada año alrededor de 50.000 personas peregrinan a visitarla.

Dato curioso lo tiene el tren del principio. En 1985 no quedaban locomotoras de esas características, por lo que se construyó una de atrezo. Neumáticos quemados dotaron de hollín al humo de carbón de la chimenea, oxígeno líquido sirvió de vapor para los cilindros y una locomotora diésel interna empujaba el conjunto. La concurrencia del tráfico diario impedía utilizar los raíles en activo, por lo que hubo que rodar en vías que llevaban más de tres décadas abandonadas. Lo que no estaba abandonado y supuso un avance para la época, fue la gramola con sintonizador de volumen y los discos de larga duración, ya que se inventarían después del contexto en que fueron grabados. 

De todas formas, a pesar del dicho popular sobre que «la música amansa a las fieras», la legislación local no permitía rodar con animales salvajes, por lo que los leones que atacan el suministro, los que están más cerca de los actores, así como los que luchan contra el látigo, fueron realmente entrenados en California. Y como los leones no cazan, la baronesa tuvo que ausentarse un tiempo para tratarse de sífilis en Europa. Por aquel entonces, la cura incluía altas dosis de arsénico y mercurio que, si bien asociadas con la locura, esterilizaron y condenaron a Karen a una frágil salud de por vida, la cual combatía a base de ostras y champán. Por su parte, la malaria queda reflejada en el compañero de caza de Denys, Berkeley Cole (Michael Kitchen), que con la frase «mi orina se ha vuelto negra», confirmaría la fiebre hemoglobinúrica que caracteriza al paludismo. 

Todos los personajes que dan lugar a la trama se conocieron alrededor del Club Muthaiga de Nairobi, cuyos grandes eventos reunían a la aristocracia de la zona. No obstante, una de ellos guarda especial interés histórico. Bajo el nombre de Felicity (Suzanna Hamilton) se incluye el papel de Beryl Markham (Ashwell, Inglaterra, 1902), la esquina de este cuadrado amoroso. A pesar de que en la novela Beryl sí mantiene un idilio con Denys, su historia trasciende por haber sido la primera mujer entrenadora de caballos con licencia del país, ser la primer mujer en cruzar en solitario el océano Atlántico de este a oeste a bordo de un avión y por ser, el 14 de septiembre de 1936, la primera persona que voló de Inglaterra a Norteamérica sin escalas. 

Y es que las ansias de libertad, unidas al deseo de controlar aquello desconocido, son las pautas que nos ayudan a otear el horizonte. Porque a pesar de que «las despedidas producen una extraña sensación, hay en ellas algo de envidia». Porque ante las travesías de la vida, entre quien menosprecia tu aspecto aventurero y quien recita a La canción del viejo marinero (Samuel Taylor Coleridge, 1798) frente a un lago lleno de hipopótamos…, sinceramente, nada comparable a que me enjabonen el pelo.

Cita del subtítulo: A.E. Housman.




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Texto de Bárbara Fernández Mastache | © laCiclotimia.com | 21 febrero, 2021
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Texto de Bárbara Fernández Mastache
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