Memento
| «Tú no buscas la verdad. Tú fabricas tu propia verdad»

Recordamos la segunda película de Christopher Nolan. Una obra maestra de principio a fin donde nada se cuenta según las normas, cada detalle cuenta y la realidad comúnmente entendida no es más que una construcción mental que ayuda a sobrevivir.

Leonard Shelby (Guy Pearce) padece una enfermedad peculiar: amnesia anterógrada. Como su mente no es capaz de generar recuerdos nuevos, crea un riguroso método basado en anotaciones y códigos para encaminar su próximo movimiento. Su mujer había sido violada y asesinada y, dado que la policía no daba con los culpables, tenía que ser él quien vengara su muerte. 

En los 115 minutos del film, las explicaciones de Leonard se ven interrumpidas por las de Natalie (Carrie-Anne Moss) y Teddy (Joe Pantoliano). Él es su amigo, quien le ayuda, entiende y evita que se meta en líos, ella, a pesar de sus propios problemas, también se preocupa por él y quiere ayudarle. Aunque, si hay alguien que destaca por encima del resto, es Sammy Jankis (Stephen Tobolowsky), cuya historia varía según el contexto.

Para disfrutar esta película hay que tener primeramente en cuenta la existencia de dos líneas narrativas. El blanco y negro va hacia adelante, sigue el curso normal de la visualización, en color se va hacia atrás, lo que ocurre al principio es el resultado final del contexto que se está relatando. Entre ambas, al espectador se le requiere partícipe de todo un ejercicio visual. Se parte de la inteligencia del otro lado de la pantalla, de su atención y capacidad de retención para hilar una historia en la que poco importa la verdad, sino cómo se actúa en torno a aquellos hechos que se tiene como ciertos. 

No hables por teléfono.

Dentro del hilo narrativo, la primera persona de un narrador poco fiable, él mismo confiesa que los recuerdos son alterables, adaptables por la memoria para hacerlos comprensibles y que solamente los hechos han de ser verdaderamente creíbles. La refutación de dichas teorías se pone en boca de un policía corrupto aprovechado de las vulnerabilidades humanas y de los problemas generados por los negocios de la droga. Así se deduce que Memento no es una historia lineal, ni tampoco una trama llena de respuestas. Es una crónica no consecutiva, rara, complicada, enrevesada y contada de una forma tan inusual que exige estar atento cada momento. El principio es el final, de un final al menos, cuyo desarrollo se expone en partes, mediante fragmentos que forman pequeños bucles que informan de lo sucedido en la secuencia anterior. Pero, si la memoria engaña y los hechos no, y no se dispone de memoria a corto plazo, ¿cómo saber qué es cierto?

El problema ya no es la ausencia de nuevos recuerdos, sino la constante presencia de un dolor pasado que no puede cicatrizar sencillamente porque no puede.

Tampoco podría decirse que Memento es una historia de amor, ni de desesperación, y difícilmente una historia de traición. En 50 primeras citas (Peter Segal, 2004), la amnesia de Drew Barrymore se trata diferente. Adam Sandler la enamora cada día con un vídeo tan triste como real en que le explica su situación. La verdad no siempre agrada, pero ayuda a recordar para seguir viviendo la realidad que se eligió. El problema es la falta de consciencia del tiempo, del paso del tiempo. El problema ya no es la ausencia de nuevos recuerdos, sino la constante presencia de un dolor pasado que no puede cicatrizar sencillamente porque no puede. Y aunque olvidar es un lujo que no está permitido, la motivación para no estancarse aquí se llama Sammy Jankis.

«Remember Sammy Jankis».

Al ser diestro y tener mucha mucha prisa por anotar algo, el primer recurso para garabatear es el dorso de la mano izquierda. Es sencillo, prácticamente natural de recordar y la primera toma de contacto con el método a seguir. Leonard se propone vengarse para sobrevivir. Para no convertirse en un vegetal tiene un plan que solo puede llevar a cabo si sigue a rajatabla las normas que se impone. Avanza según las inscripciones de su cuerpo. Las notas de la polaroid se tachan y las fotos se queman, pero los tatuajes son permanentes. Si lo escrito escrito queda, con tinta se entiende mejor. En un segundo plano de apuntes entran tanto la caligrafía como la ambigüedad de las indicaciones, pero aquí termina la parte sin spoilers.

«Remember Sammy Jankis» está en la mano, en cursiva y con una traducción más bien amplia. Si se opta por «Recuerda a Sammy Jankis» se cree la versión en blanco y negro, la que Lenny cuenta sobre Sammy; por el contrario, si se prefiere «Recuerda, Sammy Jankis», es la versión de Teddy la que se toma como cierta. Y en la cursiva está la clave. En todas las notas que Lenny toma utiliza el mismo tipo recto de grafía en mayúsculas. Sin embargo, cuando escribe algo que no quiere recordar, como el «do not trust her» (no te fíes de ella) bajo la instantánea de Natalie, el estilo es idéntico al aviso del dorso de la mano izquierda. Al tomar éste como piedra angular clave de su historia, al leerlo Leonard no solo recuerda que sufre amnesia, sino que ha de utilizar a Sammy como punto de partida. Al no disponer de información suficiente sobre su internamiento, cada uno puede creer la historia que prefiera. El señor Shelby pudo haber sido efectivamente un hombre de negocios encargado de distinguir las indemnizaciones consecuencia de los daños físicos de los mentales, o no. Puede creerse que ambos, atención, son la misma persona. Sammy Jankis es el primero de los códigos que utiliza Leonard para entrar en su nueva personalidad, en esa realidad que ha creado para superar el suicidio asistido de su mujer. Lo que queda ahora por resolver es cómo escapó, o si en algún momento llegó a estar internado en un psiquiátrico. Pero eso da un poco más o menos igual.

Lo que destaca de la película es el diálogo sobre la construcción de la realidad. De cómo nuestra mente crea recuerdos que se adecúen a aquellos que tenemos como ciertos, de cómo actúa en consecuencia aquello cree. «Recuerda que vas a morir» es el mensaje de Memento mori, el ensayo del hermano de Christopher Nolan, Jonathan, sobre el que gira toda la trama, que se publicaría al año siguiente al estreno. Y la relación cuerpo-mente es determinante para ello, pues ¿cómo vivir sin recordar?

Las falsas verdades, las justificaciones a medias, son argumentos que componen este juego mental. La memoria selectiva, unida al olvido constante, hace que los momentos de lucidez categoricen el paso siguiente. A través del suspense psicológico del montaje, unos personajes afligidos y rotos plantean cuestiones tan trascendentales como el amor y el dolor. ¿Hasta qué punto se venga (y no se honra) la memoria de un difunto cuando es solo sed de venganza lo que se encuentra en el camino? ¿Puede superarse el dolor? Cuando un clavo saca a otro clavo, la madera se daña. Y más aún si no se ven ni conocen los efectos precedentes y posteriores. La autocompasión puede nutrir la desolación, pero no habrá mal que haga recuperar lo perdido, ni volver atrás, por mucho que la estructura cambie. 

Si la mente razona lo que el cuerpo no entiende y el cuerpo olvida si la mente se ausenta ¿qué más da quién mienta? La verdad es relativa, solo funciona en un contexto determinado con indeterminada interacción de sujetos. Los casi cuarenta millones de dólares que recaudaron respecto a los 9 de presupuesto inicial, las dos nominaciones a los Óscar (mejor guion original y mejor montaje) y los 25 días de rodaje, convierten a este «Memento» en ganas de vivir. Que el final es el principio o el principio es el final es también la vida misma, que no se sabe muy bien qué causó quién. El origen puede determinar situaciones, pero la ejecución de las mismas va encaminada por nuestro pasado cercano, el presente inminente y lo que se decida. Si la acción, define; la razón, justifica; el miedo motiva y la venganza condiciona. Y todo da igual si el recuerdo lo merece. Pero lo que no da igual es cómo se explique la historia.

Cita del subtítulo: Leonard Shelby.




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Texto de Bárbara Fernández Mastache | © laCiclotimia.com | 19 enero, 2021
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Texto de Bárbara Fernández Mastache
© laCiclotimia.com | 19 enero, 2021

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