Mega Time Squad
| Paradojas temporales de poca monta

Grandes dosis de ingenio y creatividad elevan esta pequeña producción neozelandesa de atracos y viajes en el tiempo, llena de homenajes al cine de género y de humor absurdo. El resultado final es pura diversión, risas aseguradas y más de una sorpresa.

Podemos estar de acuerdo en que ya hemos tenido suficientes homenajes al cine de los ochenta. Después de la enésima franquicia insípida resucitada como un zombi y serie tras serie que vampiriza la nostalgia de tiempos que (nos han dicho) fueron más optimistas y sencillos, la morriña ochentera ha llegado a un punto de inflación que parece difícil de superar. Pero estaríamos equivocados en pensar que Mega Time Squad (Tim van Dammen, 2018), una pequeña producción neozelandesa de género, es poco más que una retahíla cansina de homenajes y guiños a otras películas que nos gustaron más para esconder un presupuesto mínimo y un guion inconsistente. Si bien es cierto que la película en ocasiones parece filmada en el jardín del director, y su trama no tiene todo el sentido del mundo en todo momento, enormes cantidades de ingenio y de creatividad hacen que sea todo lo contrario al refrito indiferente de nostalgia ochentera de los grandes estudios y las plataformas de streaming. Al final, si sus múltiples homenajes al cine de género de la era ayudan a elevar el filme y no a embarrarlo, es gracias precisamente a su rabiosa originalidad, su humor pérfido y delirante que destila talento, ingenio y amor por lo suyo.

Gran parte de cómo la película consigue esta frescura es la autoconciencia plena de su pequeña escala y sus humildes intenciones, empezando por su escenario y sus personajes protagonistas. Mega Time Squad nos sumerge en el paisaje oceánico de la pequeña Thames, una población rural de Nueva Zelanda, donde unos delincuentes de poca monta están poco preocupados por matarse entre sí pero ir al pueblo de al lado parece ir demasiado lejos. Uno de estos jóvenes zarrapastrosos es Johnny (Anton Tennet), quien parece igual de simple y tonto que el resto, pero tras recibir el encargo del jefecillo local Shelton (Jonny Brugh) de robar a las tríadas chinas, Johnny y su amigo Gaz deciden dejar de ser los chicos de los recados y coger el dinero para ellos. En mitad del atraco John se hace, se forma casi inadvertida, con un misterioso brazalete que le permite viajar unos minutos al pasado. Cuando el plan se pone feo y las cosas se tuercen, Johnny viaja para advertir a su yo del pasado, pero al cambiar la línea temporal, tendremos un Johnny de más, y así sucesivamente. A medida que los delincuentes de poca monta de Thames le persiguen por todo el pueblo en busca del dinero, irán apareciendo más y más Johnnys que tendrán que cooperar, no siempre con buenas ideas e intenciones, para salvar el pellejo. Lo que sigue es una delirante comedia de acción con sus guiños al cine de atracos y de ciencia ficción, todo ello enredado en una trama de viajes en el tiempo y con el humilde escenario de la Nueva Zelanda profunda.

Cuando atracas con estas pintas a las tríadas chinas, ¿qué podría salir mal?

La simple aparición de Jonny Brugh, quien encarnó al vampiro Deacon en Lo que hacemos en las sombras (Taika WaititiJemaine Clement, 2014) con hilarantes resultados, nos conduce de inmediato a pensar en el cine de Taika Waititi, quien después de perfeccionar este mismo humor chorra con acento neozelandés acabó propulsándolo a la ceremonia de los Óscar y a las superproducciones de Marvel y, según se ha anunciado, también Star Wars. No cabe duda de que hay mucho de Waititi aquí, especialmente su manera de hilar la compleja realidad social de la Nueva Zelanda profunda con la comedia bien intencionada y desenfadada en ejemplos como Boy (Taika Waititi, 2010) o Hunt for the Wilderpeople, a la caza de los ñumanos (Taika Waititi, 2016). Los aficionados al humor tonto y tierno de Waititi encontrarán en Mega Time Squad mucho que apreciar, pero aunque Tim van Dammen sigue de cerca al maestro se cuida de buscar su propio estilo y su propia gracia, con resultados considerablemente buenos. El film, aunque igual de tonto, es mucho más bruto y soez y más violento, aunque gran parte de su gracia consiste en la forma que todos los personajes tienen de tomarse la violencia como algo completamente insustancial, jurando matarse en un momento y reconciliándose en el siguiente, amontonando cuerpos sin vida frente a la pantalla con un tono seco y nada ceremonial que le da un giro de humor negro muy bien logrado.

Una fantástica comedia temporal llena de personajes entrañables, humor negro, momentos inolvidables y más de una sorpresa.

Como todo buen cine independiente, Mega Time Squad esconde con habilidad sus debilidades y amplifica sabiamente sus fortalezas, presentándonos un elenco de actores desconocidos pero perfectamente elegidos para encarnar al hilarante conjunto de actores de la película. El escenario de la Nueva Zelanda rural añade credibilidad y sobre todo inocencia a la trama, y se encaja a la perfección con los temas generales que la recorren. Pues aunque en la superficie estemos ante una joya de género un tanto burda y simplona, erraríamos en juzgar al libro por su portada y pensar que Mega Time Squad no tiene más que ofrecernos más allá. Sus protagonistas son, sin duda, tontos y simples a más no poder, pero al fomentar la ternura y la empatía por sus pequeñas y admirables aspiraciones, la película se torna de repente en una afable fábula sobre la autoestima, el compañerismo y la superación de las limitaciones que nos imponemos a nosotros mismos sin mucho sentido. Al final, si hemos perdonado su continuada estupidez supina, descubriremos algo de humanidad y afabilidad en unos personajes muy por encima de simples monigotes de película de acción y muy alejados de los estereotipos manufacturados de Hollywood. El resultado es un comentario inesperado sobre la capacidad y los límites de la excesiva confianza en uno mismo, la necesidad de elegir en la vida y la aceptación de que, si bien no podemos tenerlo todo, si nos rodeamos de las personas adecuadas y nos preocupamos por las consecuencias de nuestras acciones, podemos tener mucho con muy poco.

Anton Tennet da vida con gran habilidad y talento cómico a las ridículas interacciones entre las diferentes iteraciones de Johnny que no paran de llegar desde otras líneas temporales.

Cometeríamos un error similar, sin embargo, en tomarnos la película demasiado en serio. Intentar seguir su trama temporal asumiendo que tiene la precisión matemática de Los cronocrímenes (Nacho Vigalondo, 2007) o Primer (Shane Carruth, 2014) es una muy mala idea, al igual que creernos que el humor y las referencias de género son un simple barniz sobre un drama social que emergerá más tarde, especialmente si nos percatamos de los numerosos guiños de humor irreverente esparcidos por todos lados. Una broma escondida especialmente recurrente tiene que ver con chistes sobre culos, como un letrero de una gasolinera en el que se lee «ASS» o un montón de cintas VHS de SONY apiladas boca a abajo en una habitación, en cuyo dorso se puede leer, de forma que no puede ser causal, un montón de «ANOS». Sea o no esta referencia intencionada, encaja a la perfección con el tono desenfadado de la película. Pero sin querer ser demasiado seria, nos dará más de una secuencia para recordarnos que sus personajes no son meros dibujos animados o que, si lo son, estos también tienen sentimientos. Y con cada chiste tonto y cada giro chorra nos recuerda lo más importante: que aquí hemos venido a divertirnos.

Disfrutar del cine independiente y de bajo presupuesto consiste en gran parte en aprender a ajustar nuestras expectativas y abrirnos a nuevas opciones de entretenimiento. Si lo que buscamos es otro pastiche ochentero lleno de referencias nostálgicas o una enrevesada trama temporal meticulosamente formulada, Mega Time Squad no tendrá mucho que ofrecernos. La película no intenta sorprendernos con todas sus referencias fílmicas ni un guion más cerebral de lo necesario, sino que surge de la pura admiración y el amor por el cine de género, más desenfadado y ridículo, para regalarnos una fantástica comedia temporal llena de personajes entrañables, humor negro, momentos inolvidables y más de una sorpresa. Nos recuerda que no hace falta disfrazar el éxito en la forma de un concurso de personalidad o un test de inteligencia, sino que si uno da rienda suelta a su creatividad y hace caso a sus mejores instintos, como está claro que Tim van Dammen ha hecho aquí, puede que el resultado no sea la Capilla Sixtina, pero mucho más gracioso sí que es. No podemos esperar a ver qué planea hacer el director para el futuro.




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Texto de Pepe Tesoro | © laCiclotimia.com | 16 abril, 2021
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Texto de Pepe Tesoro
© laCiclotimia.com | 16 abril, 2021

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