Matthias & Maxime
| Lo que no se ve

Con la línea intimista y autobiográfica, Xavier Dolan retoma su esencia inicial para desgranar, instante por instante, la historia de dos amigos de la infancia que reviven un momento clave, un beso de niños, y recuperan un sentimiento silenciado.

Tras su incursión más mainstream en Hollywood con Mi vida con John F. Donovan (2018), el director canadiense Xavier Dolan vuelve a retomar su tendencia más emocional e intimista con Matthias & Maxime (2019). Como detonante del filme el cineasta, guionista y también actor principal recurre a la grabación de un cortometraje donde los protagonistas tienen que besarse: los amigos de la infancia Matthias y Maxime se sientan ante la cámara para rodar esa escena, que reabre la puerta a unos sentimientos que estaban silenciados desde un beso de niños que se dieron en la infancia. Con estos dos besos, ambos ocultos para la audiencia, como eje transversal, se desarrollan las vidas de ambos protagonistas como subtramas paralelas. 

Desde el inicio de la cinta, Dolan establece su intención cinematográfica de puesta en abismo constante donde juega con los recursos narrativos visuales como piezas esenciales e incluso predominantes por encima de la trama. Uno de los pilares esenciales es el propio cortometraje que detona toda la historia: realizado por la hermana de uno de los amigos de MatthiasMaxime, una joven de la cual se burlan por su forma de hablar y pensar, hace hincapié en el salto generacional y la crítica hacia el uso de plataformas como Tik Tok donde el audiovisual se aleja de la esencia más pura del séptimo arte. El cineasta juega con esta crítica y remarca el uso de recursos narrativos como el cambio de formato o de plano de forma extravagante, e incluso en ciertos momentos del inicio, de forma excesiva. Además, la temática del corto gira entorno a una idea abstracta y, según la propia realizadora, impresionista y expresionista, algo que según los protagonistas es contradictorio y se convierte también en objeto de burla. No obstante, así como en American Beauty (Sam Mendes, 1999) el recurso metafílmico de la proyección de un cortometraje donde una bolsa de plástico bailaba con el viento se convirtió en pieza clave para la cinta y para la historia del cine, en la cinta de Dolan, a pesar de ser el eje nuclear de todo el argumento, queda relegado a un segundo plano. Esta referencia al film de Sam Mendes no es la única que conforma la intertextualidad de la película, la cual se ve enriquecida con menciones explícitas al cine de Almodóvar o a películas como El indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997), algo muy característico del cine más alejado del mainstream como hizo de forma destacada el movimiento de la nouvelle vague, y que también es propio del cine europeo en general, espacio además de crecimiento del cineasta canadiense dada su buena acogida en los festivales de cine europeos como el Festival de Cannes, donde presentó esta Matthias & Maxime ganando el premio a mejor banda sonora. Esta banda sonora es, además, destacable porque junto a las notas galardonadas de Jean-Michel BaisXavier Dolan recurre a música más comercial y anacrónica como la de Britney Spears o Phosphorescent.

Dando un salto desde los recursos cinematográficos al aspecto argumental, el tema LGTBIQ+ es uno de los más recurrentes del cineasta, debido también a su tendencia a plasmar tintes autobiográficos. Con películas como Laurence Anyways (2012) o la debutante Yo maté a mi madre (2009), Dolan aborda temáticas en torno a personajes del colectivo trans y homosexuales. No obstante, en el presente filme se pierde la oportunidad de visibilizar al colectivo bisexual de forma explícita, dejando entrever que el personaje de Matt es homosexual aunque viva con su pareja como hombre heterosexual y se avergüence de su verdadera orientación —argumento y arco narrativo que además no son demasiado novedosos—. En esta misma línea es destacable la carencia de perspectiva de género a la hora de construir a las mujeres: relegadas siempre a un papel secundario, oscilan desde la madre drogadicta e irresponsable, hasta la pareja del hombre homosexual que tiene un papel cuestionable y prescindible. Además, el rol de la madre se esboza con tintes freudianos, con la ausencia del padre como responsabilidad sobre el carácter del hijo, incluso violento en algunas ocasiones y con frases dañinas y homófobas como: «siempre escondiéndote, en el baño, en el armario…». Ya en su aclamado film Mommy (2014) puso el foco en la relación madre e hijo, poniendo además como protagonista a la actriz Anne Dorval, la cual encarna el rol materno en cuatro películas del cineasta, incluida la presente.

Dentro de la perspectiva de género, lo más señalado es el espectro de masculinidades que se representan en el filme. Sin embargo, la mayoría se ven ancladas en el cliché del hombre heterosexual agresivo e incluso denominado en la propia película como animal, una imagen estereotipada que se ve elevada a la máxima potencia con el papel de un personaje secundario que encarna a un hombre de negocios heterosexual que explicita su misoginia ataviado de un traje de chaqueta y un maletín que, posteriormente, y en un escenario nocturno de mujeres cuasidesnudas en pole dance —espacio totalmente innecesario—, se verá caracterizado con una camisa de flores y un diálogo que se aleja del sexismo y se torna queer. Así, Xavier Dolan retoma su tendencia más intimista y autobiográfica, construyendo un relato audiovisual exquisito, con una dirección de fotografía brillante y con un uso excelente de los recursos cinematográficos donde el modo de enmarcar a los personajes con los propios elementos de la escenografía conforman una estética rica y fascinante, además de voyerista. Juega con el fuera de campo que se convierte en recurso clave desde el inicio del filme, donde el detonante argumental —el beso— se ve oculto en todo momento tanto por la escenografía como por los propios cortes y montaje, poniendo así en valor el subtexto y lo que no se ve por encima de lo evidente. No obstante, el desarrollo argumental y la perspectiva de género del filme descompensan la balanza e impiden presentar una obra audiovisual completa a todos los niveles, que posee una historia ligera —conformada de instantes sobresalientes en los que la composición audiovisual eleva el sentido de los mismos— en la que el cineasta canadiense no termina de abordar de forma transgresora una temática tan esencial como es el colectivo LGTBIQ+ y sus relaciones interpersonales, volviendo a caer en los clichés más comunes.




Texto de Sofía Otero Escudero | © laCiclotimia.com | 17 noviembre, 2021



Texto de Sofía Otero Escudero
© laCiclotimia.com | 17 noviembre, 2021

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