Mank
| Retrato de unos principios inmaculados

Estados Unidos, 2020 | Dirección: David Fincher | Título original: Mank | Género: Drama | Productora: Netflix | Guion: Jack Fincher | Fotografía: Erik Messerschmidt | Edición: Kirk Baxter | Música: Trent Reznor, Atticus Ross | Reparto: Gary Oldman, Amanda Seyfried, Arliss Howard, Charles Dance, Tom Burke, Lily Collins, Tuppence Middleton, Tom Pelphrey, Ferdinand Kingsley, Jamie McShane, Joseph Cross, Sam Troughton, Toby Leonard Moore, Leven Rambin | Duración: 132 minutos | | Disponible en:  Netflix  

Estados Unidos, 2020 | Dirección: David Fincher | Título original: Mank | Género: Drama | Productora: Netflix | Guion: Jack Fincher | Fotografía: Erik Messerschmidt | Edición: Kirk Baxter | Música: Trent Reznor, Atticus Ross | Reparto: Gary Oldman, Amanda Seyfried, Arliss Howard, Charles Dance, Tom Burke, Lily Collins, Tuppence Middleton, Tom Pelphrey, Ferdinand Kingsley, Jamie McShane, Joseph Cross, Sam Troughton, Toby Leonard Moore, Leven Rambin | Duración: 132 minutos |

Mank, protagonizada por el carismático Gary Oldman, se une a la larga lista de ambiciones personales de David Fincher, un director que nunca ha dejado de ser fiel a sí mismo.

David Fincher: el hombre que comenzó su carrera en el cine intentando insuflar, para sorpresa de los directivos de 20th Century Fox, algo de personalidad a la tercera parte de Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), siendo recompensado con recortes a su montaje y la contratación de múltiples directores adjuntos para su «supervisión».

David Fincher: el que dirigió una película con los rentabilísimos Brad Pitt y Edward Norton acabando en lo más bajo de la taquilla internacional para posteriormente, videoclubes por medio, ser reconocida como una de las obras más importantes de la Generación X.

David Fincher: en cuyo método de rodaje no caben menos de 17 tomas por escena, lo que provocó las quejas de muchos de sus intérpretes hasta tal punto que Robert Downey Jr. afirmase que él era el actor ideal para trabajar con él porque sabía lo que era un gulag o que el mismísimo R. Lee Ermey, el Sargento Hartman de La chaqueta metálica (Stanley Kubrick, 1987) dijera de él que «no quiere intérpretes, quiere marionetas».

También fue el hombre que en los 90 le ofreció a Polygram la idea de llevar a la pantalla un guion que gestó su propio padre, Jack Fincher, sobre la vida del guionista en la sombra de Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), la opera magna de Orson Welles. Esta contaría con Jodie Foster como Marion Davies y Kevin Spacey interpretaría el papel protagonista (sí, por aquel entonces estaba bien visto y era muy rentable que Spacey hiciese películas). Además de eso, tendría como requisito indispensable que se rodase íntegramente en blanco y negro como guiño al tono y a la forma expresionista de la fotografía de Ciudadano Kane. Así que, con semejante idea, Polygram no se lo pensó. Y rechazó la propuesta.

Hoy día Netflix, con su amplia y segura cuota de fieles suscriptores, se ha ido interesando progresivamente en estos proyectos perdidos de directores que quisieron estampar un rasgo más de su personalidad en el celuloide, dándoles carta blanca en sus asuntos, para el regocijo de unos cuantos. De esta forma, igual que el año pasado pudimos disfrutar de esa bestialidad cinematográfica que fue El Irlandés de Martin Scorsese, ahora podemos echarle un vistazo a Mank (David Fincher, 2020), la materialización sin intrusiones de aquel proyecto fallido de Fincher aunque, eso sí, sin Kevin Spacey, por lo que sea…

En las maneras, a priori podríamos pensar que esta historia se aleja de los estándares que suele manejar Fincher, centrados principalmente en la labor detectivesca, los crímenes sin resolver y los asesinos en serie. Nada más lejos de la realidad.

Gary Oldman quería asemejarse más a su personaje mediante un trabajo minucioso de maquillaje, a lo que Fincher respondió con un rotundo no: «No quiero que haya ningún obstáculo entre ti y el espectador».

Como decíamos, Mank nos habla sobre un tal Hermann J. Mankiewicz, «Mank» para sus escasos amigos, un guionista del Hollywood de los años 30 reconocido por su genialidad a la hora de narrar y su humor ácido nacido en parte de su imperiosa necesidad de no callarse ni una sola de sus opiniones y de su pasión por las bebidas y los juegos altos en alcohol y azar, respectivamente. Aunque si su figura quedó marcada para la posteridad (que no lo fue realmente…) fue por concebir el guion de, para algunos, la mejor película de todos los tiempos, basándose tanto en sus experiencias con el excéntrico millonario William Randolph Hearst, a quien le cayó en gracia, como a sus reflexiones tajantes acerca del panorama establecido en Hollywood por aquella época.

Para dibujar semejante retrato de tan complicados matices, David Fincher hace uso de dos elementos fundamentales: por un lado, usa al galardonado Gary Oldman para dar un rostro a Mank, aunque este tenga pocas similitudes con el que Hermann lució realmente. De todas maneras, la interpretación de Oldman, llena del excéntrico carisma y la seriedad reverencial que tanto gusta a la Academia, supone las primeras pinceladas que perfilan a un personaje puramente trágico que brilla a contraluz de su contexto. Porque, por otro lado, la construcción de ese Hollywood dorado cubierto por la escoria, es fundamental para entender a este personaje único en su especie. A diferencia de Charles Foster Kane, un hombre que rompió sus propios principios para encajar dentro de un mundo que siempre le negó el amor que necesitaba; Mank se nos presenta como un sujeto inamovible a modo de faro en medio de una marea de falsas apariencias y métodos deshonestos movida exclusivamente por las conveniencias de unos pocos.

Explicarse en términos tan sumamente concretos supone para Fincher gastar gran parte de la duración de la película en establecer las normas de su juego que, si bien al principio puede resultar un ejercicio ligeramente tedioso, acaba por perfilar unas figuras que resultan interesantísimas cuando te has familiarizado con ellas.

En las maneras, a priori podríamos pensar que esta historia se aleja de los estándares que suele manejar Fincher en su filmografía, centrados principalmente en la labor detectivesca, los crímenes sin resolver y los asesinos en serie. Nada más lejos de la realidad. El conocimiento que ha demostrado tener este director en sus obras anteriores sobre el lado más oscuro del ser humano es aquí puesto en práctica para dejar en evidencia aquellos crímenes sutiles y comunmente aceptados a manos del cuchillo difamatorio de la propaganda y el periodismo sensacionalista. De alguna manera, en Mank se sigue respirando el aire turbio propio de esa «thriller manera» que tanto hizo brillar a su director. Y esa turbidez se vuelve hasta literal porque su fotografía, en blanco y negro, con marcados contrastes y de iluminación pesada, vuelve a sus personajes figuras borrosas que se movilizan por un entorno donde la noche puede entrañar luz y el día oscuridad. Algo así como un dibujo a carboncillo, en el que el rastro de los dedos sobre el papel cobra tanta importancia como la del trazo en sí mismo.

No es el único punto en el que la película hace uso de sus recursos audiovisuales para explotar las claves de su historia. De hecho, la estructura de su guion, marcada por multitud de flashbacks recurrentes a cada poco y que, como decíamos antes, puede resultar algo atropellada si lo que buscamos es una narración fluida, rememora, por otro lado, la manera de escribir un guion, donde la máquina y el papel avanzan a medida que vamos desentrañando nuestros recuerdos. De la misma manera también es muy evocadora su banda sonora a cargo de Trent Reznor y Atticus Ross, que también trabajaron en La red social (David Fincher, 2010) o Perdida (David Fincher, 2013), basada tanto en temas que rememoran las sintonías propias de los dramas de la época, como en piezas de swing cuya retumbante batería nos retrae a ambientes donde el ritmo nunca decae y la improvisación está al orden del día.

En definitiva, Mank se une a la larga lista de ambiciones personales de David Fincher con todo lo que ello supone. Desde el rechazo inmediato de un público grueso que reclama una obra superficial que sea, ante todo, fácil de consumir, hasta el interés y puede que incluso el aplauso de unos cuantos curiosos que ven cómo un autor explora sus límites y capacidades ante los nuevos y estimulantes retos que se propone. Sea como sea, este mono hace tiempo que se dio cuenta de que no necesitaba tocar los platillos al son de nadie. Y es que David Fincher con esta película ha demostrado ser lo que Herman J. Mankiewicz «Mank» siempre fue: un hombre que nunca dejó de ser fiel a sí mismo.




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Texto de Luis Glez. Rosas | © laCiclotimia.com | 4 diciembre, 2020
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Texto de Luis Glez. Rosas
© laCiclotimia.com | 4 diciembre, 2020

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