Maixabel
| Distancia de dos

Icíar Bollaín dirige una película inolvidable, que deja un poso permanente en el espectador por su emoción y por su enorme capacidad de conectar. Enmarcada en un lugar concreto, sorprende por su universalidad y lo transformador de sus virtudes.

Blanca Portillo está sentada frente a frente con Luis Tosar. Ninguno se arruga, pese a que de ese encuentro, de la simbiosis entre uno y otro, entre los que quedan y los que se van, entre unos y, al fin y al cabo, otros, se erige una película titánica en su contenido y contexto, que enuncia como pocas la disyuntiva emocional que nace de la rabia y el perdón, o la ira y lo que sea que quede después de ella. Es Blanca Portillo una encarnación mayúscula, inabarcable, de Maixabel Lasa, que hasta en la dicción o la gestualidad sabe recordar que estamos viendo verdad, pura verdad. Aquel 29 de julio del año 2000 su vida cambió, cuando ETA asesinaba a su marido y, junto con él, se iba también una vida de promesas y planes. En el otro lado, Luis Tosar, o lo que es lo mismo, Ibon Etxezarreta, el etarra. El intérprete gallego calza un traje difícil, y en esa conversación, en ese momento de chispas desatadas en el que todo puede saltar por los aires, la mirada de uno se une con la del otro y da sentido a la enormidad de la película, ahora sí, de la inconmensurable Icíar Bollaín.

Un filme que se debe ver con tranquilidad y desde el reposo, dejando un hueco constante para la introspección y para la memoria.

Luis Tosar está inmenso en la piel de Ibon Etxezarreta.

La cineasta, tomando distancia y dirigiendo con una batuta firme pero casi invisible, documenta desde el respeto y un sentido de la narración excelente. Esta vez en el drama político y, sobre todo, personal, encuentra en Maixabel un núcleo de lo individual y de lo que define a una sociedad como conjunto que sabe sacar partido de cada mirada y cada reunión, de cada encuentro y cada situación: la dificultad de la película reside en que a pesar de su duración y de contar con una narrativa que se detiene en los detalles, en la gestualidad o en los pequeños y casi imperceptibles momentos, disfruta de una salud en el ritmo y en la capacidad de suscitar interés en cada plano que excede con mucho el interés natural que pueda sentir cada persona a título individual en el tema. Maixabel es un filme que se debe ver con tranquilidad y desde el reposo, dejando un hueco constante para la introspección y para la memoria, no solo por la historia que propone, sino por las profundas reflexiones que arroja sobre la verdad humana, sobre su capacidad de superación y todo lo que sigue a lo que pudiera parecer el final.


Artículo perteneciente a la serie: EN FEMENINO    SAN SEBASTIÁN 2021   



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Texto de David García Miño | © laCiclotimia.com | 18 septiembre, 2021
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Texto de David García Miño
© laCiclotimia.com | 18 septiembre, 2021

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