Madrid
| Un ensayo audiovisual de dimensiones de tiempo múltiples

España, 1987 | Dirección: Basilio Martín Patino | Título original: Madrid | Género: Drama | Productora: La Linterna Mágica | Guion: Basilio Martín Patino | Fotografía: Augusto García Fernández-Balbuena | Edición: Pablo Martín Pascual, Juan Ignacio San Mateo | Música: Carmelo A. Bernaola | Reparto: Rüdiger Vogler, Verónica Forqué, Luis Barbero, Luis Ciges, Félix Dafauce, Ana Duato, Antonio Gamero, Manuel Huete, María Luisa Ponte, Josep María Pou, Fany Rubio | Duración: 114 minutos | | Disponible en:  Filmin  

España, 1987 | Dirección: Basilio Martín Patino | Título original: Madrid | Género: Drama | Productora: La Linterna Mágica | Guion: Basilio Martín Patino | Fotografía: Augusto García Fernández-Balbuena | Edición: Pablo Martín Pascual, Juan Ignacio San Mateo | Música: Carmelo A. Bernaola | Reparto: Rüdiger Vogler, Verónica Forqué, Luis Barbero, Luis Ciges, Félix Dafauce, Ana Duato, Antonio Gamero, Manuel Huete, María Luisa Ponte, Josep María Pou, Fany Rubio | Duración: 114 minutos |

Esta obra invisible del realizador Basilio Martín Patino esconde el abordaje filósofico sobre la infinitud de la realidad, su percepción e impresión fílmica. ¿Qué es real y qué no, detrás y delante de la lente que registra? Schrödinger y la imagen.

En el Madrid de 1987 un director alemán aterriza en la villa, contratado para realizar un documental sobre el cincuentenario de la Guerra Civil y lo acaecido en la capital durante el conflicto. El encargo es sencillo, pero a medida que el protagonista se introduce en la cultura popular y analiza la filmoteca, la realización de la obra va alejándose del discurso histórico y abriendo debates teóricos, filosóficos y profesionales durante el desarrollo del film, a través de personajes claves con arquetipos definidos para apuntalar la teoría de la comunicación audiovisual que encierra la película.

Basilio Martín Patino es figura imprescindible en el palmarés del cine español y artífice de su desarrollo, y junto a Jaime Camino (Dragon Rapide, 1986 — Los niños de Rusia, 2001) es de los autores que más han tratado, cada uno desde su perspectiva y estilo, la historia española contemporánea; la Guerra Civil, la dictadura de Francisco Franco y la Transición. La esencia de su vida está impregnada en sus películas, cuyos temas y tramas representan su posición ideológica a través de humor crítico e investigación técnica y audiovisual. Nacido en Salamanca en 1930 y de entorno familiar y tradicional católico, para disgusto de sus padres y hermanos se licenció en Filosofía y Letras y obtuvo el título de director-realizador en la Escuela Oficial de Cine de Madrid.

Basilio Martín Patino es figura imprescindible en el palmarés del cine español y artífice de su desarrollo, y junto a Jaime Camino es de los autores que más han tratado, cada uno desde su perspectiva y estilo, la historia española contemporánea.

Esta institución educativa (1947-1975) formó a una memorable estirpe de directores y directoras durante un tiempo convulso de censura y de penuria tecnológica, el hervidero perfecto para la creación de cineclubs, debates cinéfilos y producción de audiovisuales. Por sus aulas pasaron como maestros o alumnos Josefina Molina (Escrito en América, 1979 — La mujer sola, 1986), Jaime Chávarri (El desencanto, 1976 — Besos para todos, 2000), Cecilia Bartolomé (Carmen de Carabanchel, 1965 — Lejos de África, 1996), o Ivan Zulueta (Arrebato, 1979 — Ritesti, 1993).

«Una ciudad caliente, contradictoria, libre, no terminada de hacer. Es decir, viva». Así describe a Madrid el protagonista en los últimos fotogramas.

Entre los precedentes fílmicos de este grande del celuloide figuran Nueve cartas a Berta (1966), Queridísimos verdugos (1977) o Libre te quiero (2012). Se trata de un incansable experimentador que ahondó en todas las posibilidades del vídeo, concebidas desde cualquier tecnología pionera o innovadora, produjo fuera de la industria comercial y parlamentó desde el falso documental hasta el Nuevo cine español (década de los sesenta). Canciones para después de una guerra (1971), rodada clandestinamente y estrenada a posteriori del fallecimiento del dictador Francisco Franco, provocó un estruendo en la sociedad de una España que se encontraba en la agonía de una extensa represión en todos los sectores de la vida.

En cuanto a MadridRüdiger Vogler da cuerpo al personaje principal. Actor alemán de extensísima filmografía que ha trabajado para directores como Wim Wenders (París, Texas, 1984 — La sal de la tierra, 2014), y protagonizado varias adaptaciones del escritor Peter Handke (Premio Nobel de Literatura en 2019), pertenece al Nuevo cine alemán —etapa entre 1960 y 1980— en una época de producción de obras audiovisuales con marcadas características: importancia de los actores y actrices, su acting y capacidad de improvisación en planos de larga duración, contratación de éstos conformando una plantilla recurrente y fija (al estilo star system de Hollywood), y en cuanto a técnica, uso de travellings y sencillo montaje posterior. Vogler se desarrolló profesionalmente bajo estos rasgos, y puede apreciarse tanto en la película que aquí nos ocupa, como en Falso movimiento (Wim Wenders, 1975), donde el actor goza de dilatadas escenas de reflexión y silencio con procesos de creación entre manos.

Martín Patino se introduce en el empleo puro de montador, y en la función de buceador en los archivos visuales y sonoros de la Guerra Civil y en el No-Do (1942-1981). Gran parte del material fílmico que aparece en este largometraje describe aquella España partiendo del testimonio de Roman Lazarevich Karmen (Sobre los sucesos de España, 1936 — The Unknown War, 1978), quien registró a modo de noticiero y documental «en una guerra legendaria por la libertad» (en palabras del personaje principal de Madrid), en la estela del formalismo ruso en el cine.

Es recurrente la comparativa de aquella ciudad con la actual de la película, la capital del reino de 1987, con repetitivos planos aéreos y generales de una urbe empezando a modernizarse, el trazado de sus calles, y la descripción visual y verbal de su avance constructivo. Se discute y se muestra la arquitectura como producto del pasado, como si la propia villa fuera testigo y relatora del documental, y posara ante el pintor hiperrealístico Antonio López a pie de Gran Vía.

Esta constante temática trasversal durante la película sabe a metacine, y frases sentenciosas en forma de voz superpuesta no se limitan a expresar unas inquietudes, cuestionan a la cuarta pared.

Puede que la entelequia aristotélica, la experiencia vital y el desarrollo artístico del propio realizador hablen a través de Hans, el protagonista teutón, por medio de diálogos interiores expresados en intertítulos (susurrando cine mudo) y voces en off, que plantean una fenomenología visual, un laberinto de cuestionamiento sobre la realidad del acto de filmar y sus consecuencias, el concepto de «registro», la contribución de los artistas a la humanidad, y la utilidad y el poder de las imágenes para con la historia y la sociedad.

Esta constante temática trasversal durante la película sabe a metacine, y frases sentenciosas en forma de voz superpuesta no se limitan a expresar unas inquietudes, cuestionan a la cuarta pared —en un ligero recuerdo a El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950)—. Puede parecer que el protagonista entrase en una crisis profesional, pero nada más lejos de la realidad: asciende de estatus intelectual enunciando tímida y extemporáneamente el decálogo postfotográfico, y gracias a la experiencia que le ofrece verse involucrado en la cultura española y sus heridas, nos llega su historia como expresión de la inmarcesible creación, un espíritu de inagotable cuestionamiento por «lo que ve».

—Las películas cuando son documentales, siempre acaban mal, no sé qué pasa
— Por eso es mejor inventarlas. El inventor dispone de un poder absoluto sobre la realidad y sobre los sentimientos.
— ¿Te das cuenta de lo cojonudo que sería, si se pudieran inventar también las noticias de la vida?

Por si fuera poco, en la línea de la recurrente temática en la filmografía del salmantino, y a modo de contextualización para el propio realizador teutón, subyace el tratado acerca de la idiosincrasia de un pueblo y el enfoque hannaharendtiano de sus designios (los horrores de la guerra y el porqué de la crueldad de ciertos personajes históricos, los totalitarismos), al abordar el intento de comprensión sobre el origen de la Guerra Civil, sus causas y consecuencias, su línea entre conflicto fratricida y de clases sociales. Reflexiones que sirven de investigación histórica, introducción en la cultura popular, y trazan una etnografía fílmica como apuntalamiento del documental que ha de construir Hans, acompañado de una serie de individuos con roles definidos para la persecución del fin: el neófito en el sector, aportando su visión deslumbradora y reveladora sobre el uso de la cámara, los veteranos y testigos de la propia guerra que atañe, la sombra fiel y técnica del cámara…

El final de este largometraje no es un final. Es el principio de todo; para el elenco de personajes y sus vidas, para el oficio de audiovisual, para Madrid y su desarrollo, progreso arquitectónico y urbanístico. Un precioso travelling circular con vistas al atardecer dorado de la capital, sobre su horizonte y de sabor cercano e íntimo. Describe en plano narrativo desde la izquierda de las altas aspiraciones de unos ciudadanos corrientes que no se conforman con ver la realidad, que quieren crearla, tocarla, contarla, transformarla, y ser partícipes de ella, hacia la derecha en un fundido al techo de la villa, sus antenas, chapiteles, torres y azoteas, sentenciando así el film con música popular de marcado carácter forclórico madrileño.

Una obra de incomensurable alcance, con un guion plagado de frases poéticamente reflexivas que deja patente su maestría como profesional del cine y combatiente de la memoria audiovisual. Una invitación a visionar su larga trayectoria profesional, hoy en día tan accesible gracias a las nuevas tecnologías que nos rescatan estos testimonios.




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Texto de Estela Zubieta | © laCiclotimia.com | 7 septiembre, 2020
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Texto de Estela Zubieta
© laCiclotimia.com | 7 septiembre, 2020

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